Le dieron la confianza y no se la devolvieron
Tres años no son un trimestre
Por qué el voto del cansancio ya se arrepiente: la economía no arranca, la corrupción se naturaliza y la mujer que mandó a encerrar mide más que el Presidente
Hubo un tiempo en que la política argentina se explicaba con una sola palabra: decepción. De ahí salió el voto que llevó a Javier Milei a la Presidencia. No fue convicción ideológica ni militancia: fue el voto de la gente harta, la que había dejado de creer en los que gobernaban y depositó una confianza última en el que prometía romper todo.
A tres años de aquel día, la pregunta es simple: ¿esa confianza se devolvió?
Los números dicen que no. La imagen positiva del Presidente está estancada en 32%, con una negativa récord de 57%. El 62% conoce a alguien cercano que perdió el trabajo en los últimos tres meses. El 78% tuvo que generar ingresos adicionales. El 84% recortó gastos para llegar a fin de mes. La mitad afirma que sus ingresos no alcanzan para cubrir las necesidades básicas. Y el 77% cree que los precios subieron mucho o bastante en el último mes.
Tres años no son un trimestre. En tres años se ordena una economía, se acomoda el tipo de cambio, se baja la inflación en serio. Lo que no se puede es seguir explicando cada tropiezo con el mismo argumento: la culpa es del kirchnerismo. El kirchnerismo se fue del gobierno en diciembre de 2023. A esta altura, culparlo de todo es una forma elegante de no rendir cuentas.
Los casos que se naturalizan
A la parálisis económica se le suma otra cosa: la corrupción dejó de ser escándalo y se volvió paisaje. El caso Libra, con Milei sobreseído pero con un ramillete de causas abiertas. La causa por discapacidad que involucra a Spagnolo. Los allegados al entorno presidencial investigados por vínculos con el bolsonarismo y por pagos millonarios. Cada uno de esos frentes, por separado, debería ocupar tapas durante semanas. Juntos, se licuaron en la rutina.
Una sociedad que se acostumbra a convivir con causas abiertas en la Rosada termina por aceptar como normal lo que antes le hubiera incendiado la calle.
La paradoja Cristina
Y enfrente está ella. Condenada en la causa Vialidad, en arresto domiciliario, inhabilitada para cargos públicos. Sobre Cristina Kirchner se tiró todo: causas, condenas, operaciones, años de hostigamiento judicial. Y aun así encabeza el ranking de imagen positiva con 34%, seis puntos arriba de donde estaba hace dos meses, y con su negativa en descenso.
Hay un detalle que duele: fue el propio Milei el que reconoció públicamente, en un canal de televisión, que él la hizo meter presa. Y la mujer que él mandó a encerrar hoy, desde su casa, mide más que él.
No es que Cristina haya mejorado. Es que el gobierno no logró demostrar que la Argentina esté mejor sin ella.
El escenario que incomoda
El electorado está partido al medio: 46% teme un triunfo de Milei y 46% uno del peronismo. El 56% no quiere la reelección, aunque la opción por la continuidad subió de 33 a 36. Y en el escenario proyectado a 2027, Milei ganaría la primera vuelta 35 a 31 sobre Kicillof, pero perdería el balotaje 45 a 40, con 15% de indecisos.
Más: el 75% prefiere que la economía se reactive y haya trabajo aunque suba la inflación; apenas el 17% prioriza bajar la inflación por encima del empleo. El caballito de batalla oficialista perdió fuerza.
La pregunta que la sociedad tiene derecho a hacerse no es si Cristina es el pasado, sino si Milei es el futuro que prometió. Porque la confianza se pidió una vez, en un cuarto oscuro, con la ilusión de que esta vez fuera distinto. Y tres años después, la respuesta todavía no llega.
La soberbia no alcanza para convencer. La impotencia tampoco. Y el país, mientras tanto, espera.
Este martes 17, cuando se conmemora un nuevo Día de la Soberanía Nacional, la pregunta sigue abierta: quién devuelve la confianza que se le dio.
