Noelia Guzmán, actual presidenta de Jubilados de ATE Nacional, fue una de las trabajadoras municipales prescindidas durante la última dictadura. La apartaron de su puesto por defender los derechos de sus compañeros, tuvo que trabajar como peón de albañil y más tarde consiguió ingresar al Tribunal de Cuentas. “Más allá de la plata, está la dignidad con la cual nosotros elegimos vivir”, afirmó durante el acto de reparación de legajos.

La persecución a Noelia Guzmán en la Municipalidad de Santa Rosa

Guzmán tenía responsabilidades en el área de Personal de la Municipalidad de Santa Rosa cuando comenzó la dictadura. Su defensa de los derechos laborales la puso en la mira de las nuevas autoridades. Un militar a cargo de la intervención municipal la citó en su despacho y la interrogó porque llevaba el estatuto consigo e informaba a sus compañeros sobre sus derechos y obligaciones.

“Me preguntó si yo era comunista, porque decía que andaba todo el día con el estatuto hablando con los compañeros. Le contesté que si informar a los compañeros sobre sus derechos y deberes era ser comunista, entonces era comunista”, recordó.

Primero la sancionaron y la trasladaron al parque de automotores. Después fue despedida. La persecución también afectó a su familia: su marido, Héctor Omar Sánchez, que trabajaba en el área jurídica de la comuna, renunció luego de que Guzmán le contara los insultos y maltratos que había sufrido durante la citación.

Del trabajo como peón de albañil al Tribunal de Cuentas

El aislamiento social y las dificultades para conseguir empleo marcaron esa etapa. “Los que nos conocían nos cruzaban la calle, porque era un momento muy difícil. No conseguíamos trabajo y no tuve más remedio que salir a trabajar de peón de albañil con un primo mío”, relató. Durante un año hizo esa tarea, hasta que un excompañero municipal le avisó que podía haber una oportunidad en el Tribunal de Cuentas.

Guzmán estudió, rindió el examen y obtuvo el puesto. Un mes después, volvió a ser elegida delegada sindical.

Reparación de legajos y memoria de los trabajadores

Décadas más tarde, participó del reconocimiento de los legajos de trabajadores municipales prescindidos durante la dictadura. Para Guzmán, la reparación “permite mantener viva la memoria y transmitir aquella experiencia a las nuevas generaciones. Nosotros hoy tenemos la suerte de poder contarlo. Los 30.000 compañeros detenidos y desaparecidos no pudieron hacerlo”, expresó.

También relacionó aquella experiencia con la actualidad política. “Lo que estamos viviendo hoy con este gobierno, la verdad, que nos recuerda mucho a aquel entonces. Por lo cual es fundamental esto para que la memoria no se pierda”, señaló. La dirigente continúa participando de las movilizaciones de los miércoles frente al Congreso, pese a la represión.

En relación con los reclamos de reparación económica de los trabajadores cesanteados, reconoció que el resarcimiento es necesario, aunque destacó el sentido simbólico de la medida. “La plata nos hace falta, pero más allá de eso está la dignidad con la cual nosotros elegimos vivir, que no nos atropellaran y que no nos sigan atropellando como nos atropellaron”, sostuvo.