Las Brujas, el equipo de sóftbol del Club General Belgrano, cumple cinco años. La fecha invita a celebrar un recorrido que tuvo crecimiento, altibajos, alegrías y también momentos difíciles, no siempre relacionados con los resultados deportivos.
El proyecto nació con una idea central: ofrecer un espacio para jugar, compartir y disfrutar del deporte. En ese camino, el marcador quedó en segundo plano frente a otros logros, como la amistad, el compañerismo y la posibilidad de que más mujeres se animaran a participar.
Las Brujas y el valor del deporte aficionado
La experiencia del equipo también abre una pregunta que atraviesa al deporte recreativo: ¿ganar significa solamente imponerse en el tanteador? En las competencias, el resultado tiene importancia, pero no necesariamente resume todo lo que sucede dentro y fuera de la cancha.
La actividad física aporta al bienestar integral y ayuda a construir vínculos. En un club, un grupo de entrenamiento o un partido entre amigos, el juego puede ser una oportunidad para desarrollar empatía, solidaridad y sentido de pertenencia, sin la presión de tener que ganar a toda costa.
El proyecto de sóftbol impulsado por Celeste Vega
Celeste Vega fue quien puso en marcha la iniciativa. Jugó durante 15 años en la selección nacional, en las categorías cadetes, juveniles y mayores, y participó en torneos nacionales, panamericanos y en un mundial. A partir de su experiencia, pensó en las mujeres y chicas que querían practicar el deporte que ella juega desde los siete años.
Vega contó que siente “mucho orgullo” por el camino recorrido y recordó que el grupo empezó con pocas integrantes: “No imaginábamos llegar hasta acá, y que el grupo se iba a hacer tan grande”. Aunque la propuesta comenzó con una mirada deportiva, con el tiempo tomó una dimensión más amplia.
Un espacio de apoyo y empoderamiento para mujeres
“Al principio pensé en algo deportivo, pero esto es más que eso: es un apoyo social a las mujeres que somos parte de este proyecto”, expresó la profesora. También señaló que la iniciativa promovió el empoderamiento de jugadoras de distintas edades y les permitió sumar experiencias y animarse a seguir jugando.
Ese impacto, explicó, también llega a las familias. En algunos casos, las chicas se acercan al sóftbol porque sus madres ya forman parte del equipo. Vega combina su recorrido como jugadora con su formación de profesora de Educación Física y asistente social, y acompaña la incorporación de nuevas integrantes.
Un equipo abierto a nuevas jugadoras
Durante estos cinco años, Las Brujas se caracterizó por sumar participantes y abrir sus puertas para que todas pudieran sentirse parte. La organización y la comunicación son aspectos centrales para sostener el proyecto y fortalecer el grupo.
“Este es un proyecto colectivo que se hace con organización y comunicación, donde los resultados deportivos son quizás la consecuencia pero no el objetivo principal.”
En el deporte aficionado, ganar también puede ser compartir una risa desde el banco, tender una mano cuando alguien la necesita y construir un espacio de confianza. Para Las Brujas, el sóftbol es mucho más que competir: es una forma de crecer juntas y hacer comunidad.
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