La esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica (MASH) es una enfermedad del hígado vinculada principalmente con la obesidad, la diabetes tipo 2 y otros trastornos metabólicos. Puede avanzar sin señales evidentes y, si no se detecta y trata, provocar fibrosis, cirrosis, insuficiencia hepática e incluso cáncer de hígado.
La hepatóloga Isabel Graupera, del Servicio de Hepatología del Hospital Clínic de Barcelona, explicó que la MASH forma parte de la MASLD, la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica. Este conjunto de afecciones constituye actualmente la enfermedad hepática crónica más frecuente y alcanza aproximadamente a uno de cada cuatro adultos. Dentro de ese grupo, una parte desarrolla MASH, aunque muchos casos todavía no fueron detectados.
Qué es la MASH y cómo afecta al hígado
La MASH se caracteriza por la acumulación de grasa en el hígado, acompañada de inflamación y daño en las células hepáticas. La MASLD puede comenzar con grasa en el órgano y avanzar hacia distintos grados de fibrosis, cirrosis y cáncer hepático.
La presencia de grasa no significa necesariamente que se trate de MASH. Para establecer el diagnóstico también es importante evaluar otros factores, como el consumo de alcohol, determinados medicamentos y otras enfermedades metabólicas. La afección se relaciona con la resistencia a la insulina, la obesidad abdominal, la diabetes tipo 2, la hipertensión y las alteraciones del colesterol y los triglicéridos.
También intervienen factores genéticos y ambientales: no todas las personas con obesidad desarrollan la enfermedad y la MASH puede presentarse incluso en personas con peso normal. El aumento de la obesidad, la diabetes tipo 2, el sedentarismo y la alimentación poco saludable contribuye al crecimiento de estos casos. También influyen el envejecimiento de la población y una mayor capacidad para detectar la enfermedad.
Factores de riesgo y síntomas de la enfermedad
El perfil más habitual es el de adultos con sobrepeso u obesidad, en especial con grasa abdominal, que además presentan diabetes tipo 2 o prediabetes, hipertensión o colesterol elevado. Entre los principales factores de riesgo se encuentran la resistencia a la insulina, el síndrome metabólico, el sedentarismo y una alimentación poco saludable.
El riesgo aumenta con la edad, aunque también se detectan cada vez más casos en personas jóvenes, en parte por el incremento de la obesidad. La MASH suele ser silenciosa durante años, por lo que muchas personas descubren que la tienen mediante análisis de sangre o ecografías solicitadas por otros motivos.
Cuando aparecen síntomas, suelen ser poco específicos, como cansancio persistente o molestias y sensación de pesadez en la parte superior derecha del abdomen. En etapas avanzadas, cuando ya hay cirrosis, pueden surgir complicaciones más graves.
Por qué es clave el diagnóstico temprano
Detectar la enfermedad a tiempo permite intervenir antes de que aparezca una fibrosis avanzada y reducir el riesgo de complicaciones hepáticas. Sin diagnóstico ni tratamiento, la MASH puede evolucionar hacia cirrosis, insuficiencia hepática o cáncer de hígado. Además, está asociada con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Graupera recomendó que las personas con diabetes tipo 2, obesidad, hipertensión o colesterol elevado consulten con su médico para evaluar la salud del hígado, incluso si no tienen síntomas. También consideró importante realizar estudios específicos ante alteraciones persistentes de las transaminasas o cuando una ecografía detecta grasa en el hígado.
Actualmente existen tratamientos específicos para determinados pacientes con MASH y fibrosis moderada o avanzada. Estos avances refuerzan la importancia de identificar la enfermedad en sus primeras etapas.
Hábitos saludables para prevenir la MASH
Controlar los factores metabólicos y adoptar hábitos saludables son herramientas centrales para prevenir y tratar la enfermedad. Las recomendaciones incluyen mantener un peso adecuado, seguir una alimentación equilibrada y realizar actividad física de manera regular.
Según la especialista, una reducción del 10 por ciento del peso corporal puede mejorar significativamente la fibrosis hepática en pacientes con MASH. También es fundamental controlar la diabetes, la hipertensión y las alteraciones del colesterol y los triglicéridos.
Los cambios en el estilo de vida siguen siendo la base del tratamiento, aunque los avances médicos ofrecen alternativas para determinados pacientes. El principal desafío es detectar la MASH antes de que aparezcan complicaciones, ya que puede permanecer silenciosa y tener consecuencias graves.
