Entre el 25 de octubre y el 3 de noviembre, una serie de acontecimientos internacionales alteró el panorama político de los aliados y referentes de Javier Milei. Luiz Inácio Lula da Silva se impuso a Flavio Bolsonaro en las elecciones de Brasil, Benjamin Netanyahu no logró revalidarse como primer ministro de Israel y Donald Trump sufrió una derrota electoral calificada como histórica.
Los resultados se inscriben en un escenario de tensión entre Estados y tecnócratas, entre las nuevas y viejas ultraderechas y los partidos tradicionales. Sin embargo, el impacto más directo, sostiene este análisis, se sintió en el mundo político de Milei: en apenas diez días, varios de sus principales referentes sufrieron reveses.
Realismo periférico y política exterior argentina
En 1992, el politólogo Carlos Escudé publicó Realismo periférico: fundamentos para la nueva política exterior argentina. La idea no era nueva, pero durante la década del noventa se convirtió en una doctrina que modificó el vínculo del país con el mundo y, en particular, con Estados Unidos.
Escudé señalaba que la Argentina ocupaba una posición singular en América Latina por sus confrontaciones con Washington. En las votaciones de la ONU, detallaba, existía una divergencia del 87,5 por ciento con Estados Unidos. Atribuía esa distancia a la expectativa argentina de convertirse en una potencia, su aislamiento geográfico, su sistema educativo y su “ideología ecléctica”.
Para Escudé, la condición periférica no dependía únicamente del nivel de desarrollo. También remitía a la posición de los países en el sistema internacional y a sus márgenes de acción. Su propuesta planteaba que la política exterior debía priorizar a los ciudadanos y que era conveniente sostener una relación favorable con Estados Unidos, siempre que no perjudicara los intereses materiales argentinos.
Del realismo periférico al alineamiento de Milei
La doctrina no suponía un alineamiento automático en todos los asuntos, sino reconocer las limitaciones de un país periférico y construir una relación pragmática con Washington. El contexto de los noventa —la disolución de la Unión Soviética, la caída del Muro de Berlín y el predominio del Consenso de Washington— contribuía a explicar esa orientación.
Ese orden internacional cambió. Estados Unidos enfrenta un declive relativo en áreas como el comercio, las finanzas, la tecnología y la logística, mientras China aparece como una potencia en ascenso. En ese escenario, el vínculo con Washington que el entonces canciller Guido Di Tella describió como “relaciones carnales” queda, según este análisis, lejos del alineamiento de Milei con Trump.
La política exterior de Milei es presentada como una delegación de decisiones que no considera suficientemente los intereses propios de la Argentina. El país, sostiene el planteo, queda expuesto a convertirse en moneda de cambio en negociaciones de otros Estados. Así, el realismo periférico de los noventa habría cedido ante un “realismo caprichoso”, marcado por la admiración y el fanatismo presidencial.
El Muro de Berlín, China y el hospital Garrahan
La mirada de Milei, de acuerdo con esta interpretación, sigue más enfocada en la caída del Muro de Berlín, ocurrida hace casi cuarenta años, que en la Muralla China, que continúa en pie. Esa perspectiva también se reflejaría en asuntos internos.
En medio de la disputa por los fondos para el hospital Garrahan, el Presidente anunció que trabajaba en una obra teatral titulada “Juicio al capitalismo”. Según anticipó, proyectaba presentarla junto al Muro de Berlín y donar lo recaudado al hospital. La obra todavía no se estrenó.
Las derrotas internacionales y la reacción de Milei
Las derrotas de Trump, Bolsonaro y Netanyahu, precedidas por la caída de Víktor Orbán en Hungría, y el escándalo que involucra al paraguayo Santiago Peña expusieron, según el análisis, un cambio en la manera en que Milei gestiona los hechos que lo afectan políticamente.
Hasta ahora, el Presidente parecía confiar en que publicar una afirmación en una red social bastaba para convertirla en un hecho indiscutible. De allí, plantea el texto, su enojo ante las investigaciones periodísticas que contradicen sus dichos con información verificada. La crítica no apuntaría a los periodistas por su tarea, sino a que se conozca y se compruebe que una afirmación presidencial es incorrecta, en una referencia a la película “Dont look up”.
La nueva capa de esa conducta sería pretender que aquello que no menciona no ocurrió. Así, el silencio también se convertiría en una forma de negar los hechos que incomodan al Presidente.
