En la novela El espía que surgió del frío, de John le Carré, Alec Leamas participa de una operación de inteligencia cuyo verdadero sentido descubre cuando entiende que también fue utilizado. La historia retrata un mundo en el que los protagonistas creen dominar la escena, aunque no siempre saben a qué intereses responden.

“Yo siempre tengo razón en todo”, suele repetir Santiago Caputo, incluso cuando los hechos lo contradicen. La frase resume una forma de ejercer el poder que volvió a quedar bajo la lupa tras el operativo vinculado con Flavio Bolsonaro.

La salida de Flavio Bolsonaro y el papel de la Argentina

La operación para sacar a Bolsonaro de Brasil habría sido diseñada por Estados Unidos, que también habría definido su destino. Según fuentes gubernamentales y vinculadas a los servicios de inteligencia, el papel argentino era secundario y consistía en no obstaculizar su paso por Puerto Iguazú, Misiones. El ingreso podía realizarse legalmente: no había una orden de captura internacional y Bolsonaro podía presentar su pasaporte italiano.

Un trámite que debía mantenerse en reserva terminó convertido en una escena pública. La llegada del ex candidato presidencial fue transmitida en vivo por televisión, mientras se identificaban los vehículos que lo trasladaban junto con su familia, la custodia de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, el acceso preferencial y el momento del despegue de la aeronave.

El despliegue de Santiago Caputo en Misiones

Caputo llegó el lunes a la ciudad fronteriza con un despliegue visible. No avisó a las autoridades de Misiones sobre su estadía ni intentó pasar inadvertido. Su presencia quedó registrada en fotografías y fue advertida por varios testigos. “No se puede quejar, se regaló”, señalaron desde la gobernación.

Durante la madrugada del miércoles, el asesor atravesó dos controles de la Policía Caminera sobre la ruta 12. En uno de ellos, según el acta, pidió que no lo demoraran y se mostró molesto. “Quisieron chapear”, describió una fuente al tanto del episodio. El personal policial que intervino continúa en sus puestos, pese a las versiones que circularon.

En el viaje también participaron dos empleados de la Entidad Binacional Yacyretá, organismo que históricamente funcionó como espacio de influencia política y que ahora está bajo la órbita del asesor. Uno de ellos es Jorge Waisman, tucumano y ex policía de La Florida, de quien se dice que se presenta como colaborador de la DEA. El otro es Ignacio Palacios, oriundo de Posadas, quien se instaló en Miami y abrió una agencia de alquiler de autos.

Palacios, aficionado al automovilismo, trabajó en los años noventa con el corredor Tito Bessone y llegó a conocer a la familia Menem. Ambos acompañantes son locuaces y conocidos en una provincia donde, según la descripción de quienes siguen el caso, todos se conocen. La pregunta que quedó planteada es si Caputo necesitaba participar del operativo y, sobre todo, que se supiera que había estado allí.

Entre las sombras y la búsqueda de protagonismo

Caputo mantiene una relación ambivalente con la exposición pública. Un operador que trabaja entre bambalinas necesita discreción y debe evitar dejar huellas; sin embargo, el asesor también cultiva una imagen visible, con mensajes provocadores en redes, fotografías difundidas por cuentas afines y apariciones como anfitrión en la Fundación Faro, rodeado de empresarios. Además, busca mostrarse como el principal nexo con Washington.

La tentación de ocupar un lugar más formal en el Gobierno pudo tomar forma cuando estuvo dispuesto a aceptar la jefatura de Gabinete. Esa posibilidad finalmente no avanzó por la oposición de Karina Milei, hermana del Presidente.

“Le divierte hacerse el espía”, dijo una persona que lo conoce al referirse a su papel en el operativo relacionado con Bolsonaro. Otra interpretación, extendida entre sus allegados, sostiene que Caputo busca que Javier Milei vea su participación como una demostración de lealtad y de que sus servicios son indispensables. Esa lectura también podría explicar su permanencia en el poder.

El vínculo de Caputo con Estados Unidos y la Cancillería

La relación de Caputo con Estados Unidos atraviesa una transformación y ahora se apoya en canales oficiales. El puente que utilizó especialmente el año pasado, cuando Scott Bessent apareció durante la campaña, quedó dañado. La vía informal que incluía al lobista Barry Bennett, quien se presenta como cercano a Donald Trump, y al empresario argentino Leonardo Scatturice, con llegada al mundo de los espías, ya no estaría disponible. “No la puede usar”, afirmó un operador.

Es posible que ese sector, que conserva influencia en la administración estadounidense, haya tenido alguna tarea en la salida de Bolsonaro, aunque difícilmente la expondría. Caputo, por su parte, recurre a la Cancillería y a la SIDE para establecer contactos con el Departamento de Estado y la CIA. Considera cercano al canciller Pablo Quirno y se molesta cuando percibe una intromisión del sector de Karina Milei. “¡La relación con la embajada la manejo yo!”, habría dicho.

Milei, el escenario internacional y el desgaste digital

El resultado de las elecciones de medio término en Estados Unidos, previstas para el martes, y un nuevo cruce político en España, el 29 de noviembre, aparecen como factores a seguir. Lula da Silva dejó un sabor amargo a Milei, que ya daba por ganada la elección. A la vez, el presidente argentino participa de la discusión global y tanto el líder del Partido de los Trabajadores como el socialista Pedro Sánchez mencionan su nombre para cuestionar a sus adversarios de derecha.

En el plano local, Milei acumula nueve meses consecutivos de negatividad digital, según datos de Ad Hoc. En septiembre se había achicado la diferencia entre menciones positivas y negativas: 46 por ciento frente a 38 por ciento. Sin embargo, octubre cerraría con una brecha mayor, impulsada especialmente por el rechazo que generó una burla del Presidente durante una discusión sobre “la gente que no llega a fin de mes”.