"El de arriba no quiso abrirme la puerta y me mandó de vuelta", relata Roque Raúl Alfaro con 70 años y tras haber superado un complicado historial médico que incluye un cáncer de estómago, otro de colon y una trombosis pulmonar. Este ícono del fútbol argentino ha enfrentado adversidades extraordinarias que lo llevaron a un quirófano, donde ingresó pesando 74 kilos y salió con solo 57.

Un legado futbolístico en Newell's y River Plate

Alfaro, reconocido por su trayectoria en River Plate y como figura destacada de un Newell’s que dejó huella con un plantel de talento surgido íntegramente de las inferiores, refleja con nostalgia un pasado lleno de momentos memorables. Desde su infancia sin padre en Nogoyá hasta las valiosas enseñanzas de Jorge Bernardo Griffa y José Yudica, sus anécdotas son un tesoro cultural del fútbol argentino.

Entre estas historias, Alfaro destaca un episodio curioso de su carrera: el día en que le lanzaron gallinas vivas desde la popular durante un partido en la Bombonera, en un momento que describe como un evento inolvidable, al que agrega la mención de la "vuelta olímpica más rápida de la historia".

La conexión con nuevas generaciones y reflexiones personales

Con una memoria impresionante, Alfaro comparte una serie de 100 preguntas que exploran detalladamente su vida. Con entusiasmo y una sonrisa que ilumina su relato, expresa su gratitud por ser recordado positivamente en una profesión tan desafiante como el fútbol.

"Me defino con lo que la gente dice de mí... Soy una buena persona y eso me enorgullece", afirmó.

Al hablar sobre su carrera como jugador, recuerda el partido que jugó en el centenario de Newell’s, cuando a los 47 años su hijo le dijo: "Papá, ¡qué bien jugás!". Alfaro describe su estilo de juego como un volante ofensivo, con un enfoque en culminar las jugadas que iniciaba. Su carrera lo llevó a convertirse en el cuarto goleador histórico de Newell’s, un logro notable para un mediocampista.

Reflexiones sobre la vida y el fútbol

Respecto a su faceta como director técnico, Alfaro reconoce que quizás le faltaba la autoridad que se espera en una primera división, declarando: "Creo que era un buen docente y servía para trabajar en divisiones inferiores". Al celebrar sus 70 años, lo hizo en Glorias de River, rodeado de amigos y excompañeros, quienes le dedicaron un emotivo canto de cumpleaños.