Un informe periodístico que recorrió la totalidad de los medios especializados, y aun los que no lo son, dio cuenta en estos días que “los argentinos”, desde la salida del cepo, compramos 26 mil millones de dólares. El informe describió con algún detalle la evolución mensual de esas compras que se iniciaron con 2.077 millones en abril, llegaron a 3.473 en julio y marcaron el máximo en setiembre con 5.130 millones de dólares comprados por “los argentinos”, que, luego de las elecciones morigeraron su histeria dolarizadora y compraron “solo” 1.600 millones en noviembre (repuntaron en diciembre seguramente por la necesidad de “los argentinos” de asegurarse sus vacaciones en el exterior).

Esta fiesta de “los argentinos” comprando dólares se financió, como se sabe (y no se asume), con el superávit de exportaciones de bienes primarios y con deuda pública tomada por el Estado nacional con prestamistas extranjeros.

Informes posteriores daban cuenta que, de esos 26 mil millones de dólares, 10 mil se fueron en turismo al extranjero por “los argentinos”.

El mismo plural se utiliza, luego de cada fin de semana largo, cuando los medios nos ilustran que “los argentinos” salimos de vacaciones y gastamos una determinada cantidad de pesos en los lugares turísticos y que ese monto significó un porcentaje tal de aumento o disminución en relación al año pasado. Pero, es notable ver cómo las cifras que se definen como la totalidad de “los argentinos”, se reducen a poco más de un millón de personas. En algunas ocasiones menos, en otras más. Pero el número de los habitantes de este país que son motivo de noticia porque salieron de vacaciones un fin de semana largo o compraron dólares, son, con alguna variación, los mismo: poco más o menos, un millón.

El informe de la venta de dólares lo detalla mes a mes y las noticias sobre la cantidad de argentinos que salen los fines de semana largo hace lo propio.

Aún si, con un criterios optimista, se duplicara o triplicara ese número de argentinos felices compradores de divisas o vacacionadores, el fondo de la cuestión no cambiaría.

La forma en que se redactan estas noticias, pretendidamente neutra, esconde una realidad no tan feliz. Porque se presentan ambas noticias, la compra de dólares y las escapadas de fin de semana, como una pauta cultural de la totalidad de los argentinos que somos 46 millones, cuando en verdad se restringe al acotado universo de un millón de personas (o, siendo optimistas, a dos o a tres millones).

Tal vez el mayor drama de redactar así las noticias incluyendo a todos los argentinos en las pautas de prosperidad que se desprenden de comprar dólares o salir de vacaciones cada vez que hay un “finde largo”, es que, quien lo hace, parece no percibir que está, de alguna forma, falseando la verdad.

La naturalización de un discurso que normaliza la desigualdad ocultándola, es una de las bases de la pasiva aceptación de la injusticia económica que padece hoy la Argentina. Si se acepta que la prosperidad del 2,5% (o el 5% con optimismo) del país es la prosperidad de “los argentinos”, los dramas económicos de los millones restantes se asumen como “fracasos personales” por falta de esfuerzo, flojera o ausencia de la suficiente vocación de superación. Se acepta así que el sistema económico es justo y da oportunidades a todos y la protesta no debe enfocarse a modificarlo sino a autocuestionarse. Un perfecto lavado de cabeza que convierte a “los argentinos” en un rebaño de pasivos sufridores.

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