La Voz

Pasaron 12 meses del escándalo legislativo en Córdoba, cuando Guillermo Kraisman, el exconcejal justicialista y un hombre del armado territorial del PJ Capital, acompañó a una mujer de la militancia a un banco para cobrar el sueldo de una “empleada fantasma” de la Legislatura de Córdoba.

Estuvo ocho meses y 16 días preso en la cárcel de Bouwer y obtuvo la libertad tras el pago de una fianza. Hoy transcurre sus días entre su casa en la ciudad de Córdoba y en otra en el valle de Calamuchita. “Estoy arrepentido”, asegura y repite: “Pero tengo códigos”.

¿De qué códigos habla? ¿A quién le debe fidelidad? ¿Por qué fue al banco ese día? En la entrevista con La Voz, el hombre que puso en la mira a la Legislatura por tener asesores “fantasmas” se muestra compungido sólo en cuatro momentos: cuando habló de sus padres, de sus hijos, de la militancia y de su paso por la cárcel, donde dice que sintió “morir”. En el resto de la charla se lo ve desafiante.

Entrevista a Guillermo Kraisman
Foto: Pedro Castillo / La Voz

Antes de empezar la conversación, prepara una picada y confía que prefiere que sus hijos no estén. “Ellos no quieren que dé notas”, aclara.

La mesa está servida por Kraisman. No le faltan las cerezas. Y no se pone colorado. Antes del escándalo de la Legislatura, en agosto de 2025 había quedado detenido en un caso en el que se lo conoció en los medios como un intento de robo de un blíster de bondiola y un frasco de cerezas. “Nada de eso fue cierto, hay que ver el expediente, la bondiola estaba vencida. Nunca me llevé nada. Fui a pagar a la caja… Me pegaron”, aclara al recordar que todo terminó en un episodio con el guardia de seguridad del supermercado y la Policía.

Kraisman quiere hablar. No tiene apuro. Asegura que está trabajando en una publicación sobre su vida. “Tengo más de un naipe de cartas guardadas para contar”, advierte, casi como una amenaza política.

No le esquiva a las preguntas, pero piensa muy bien lo que dice. “La política es algo que uno abraza con pasión, con sentimientos. Para nosotros, es algo que deberíamos interpretarla como un medio. Algunos la interpretan como un fin. Trabajar para el bien común, no para el bien individual. Y el peronismo es un sentimiento. Nuestra doctrina es muy rica en sus contenidos, hace que quien la interpreta la lea, la sienta, la viva y la practique”, argumenta.

–¿El peronismo de Córdoba lo apartó tras el caso de la empleada fantasma?

–Yo nací peronista. El peronismo me dio muchas cosas, sí, me dio muchas satisfacciones. Fue un tremendo error, la tremenda equivocación que tuve desencadenó toda una novela…

–Dice que algunos trabajan para sí mismos y otros para el bien común. ¿Y usted?

–Yo me equivoqué.

–¿Qué fue lo que pasó en el banco?

–Yo fui a acompañar… Fue mi equivocación. Ahora, yo he visto a hombres de la política que jamás agarraron un balde y una pala, y hoy en las declaraciones juradas tienen metros y metros cuadrados. Hay muchos que sí se han enriquecido desde la política, y eso no es bueno. Pero también veo que en la política no llegan talentos.

Entrevista a Guillermo Kraisman
Foto: Pedro Castillo / La Voz

–¿Por qué fue con Luciana Castro a cobrar? ¿Qué había acordado?

–Había acordado con el sistema. El sistema a mí me seduce y me equivoco porque el sistema muchas veces actúa de esta manera: cuando te seduce a hacer cosas malas y cuando salen bien, te aplauden. Cuando salen mal, se encapuchan, te cierran los celulares, te los bloquean, se cierran las oficinas, no comunican. Acá fue una falta de comunicación…

–¿Acordó contratos para cobrar usted o para su gente?

–Mi equipo, ellos pueden desarrollar tareas territoriales… Esto se hace desde el advenimiento de la democracia hasta la fecha. Son designaciones como tienen todos, designaciones de cargos que terminan cuando termina la función de quienes son elegidos.

–Las cajas de la política tienen contratados que nunca van a trabajar.

–Yo conozco que sí van a trabajar, muchos contratados que cumplen otras funciones que no son específicamente esas, pero ahí no se equivoca el contratado, sino quien lo contrata. No es el problema del chancho, sino el que le…

–¿Y quién le dio de comer?

–Yo no tengo la lapicera ni el programa para transferir…

–¿El acuerdo fue con qué legisladores?

–Hicimos un acuerdo con dos legisladores, hoy no están más en la Legislatura, están cumpliendo otras funciones.

–No los va a nombrar. ¿Estamos hablando de Nadia Fernández y Miguel Siciliano?

–Yo trato de no hacerlo. Mi intención nunca ha sido nombrar a nadie, ni botonear a nadie. Y ellos saben por qué. Saben que siempre mi conducta de vida la manejo con códigos, códigos que ellos no respetaron y no cumplieron.

–Dice que pidió varios contratos, que finalmente iban a ser dos y que terminó siendo el de Virginia Martínez. ¿Para quién era ese cobro?

–La Justicia, no soy yo el que tenga que decirlo, más cuando ya pasó casi un año. No soy el que tenga que decir eso. La Justicia estuvo todo el tiempo para investigar, para saber, le desgrabé mi celular, me puse a disposición. ¿Qué resolvió? Nada. Hicieron un mamarracho jurídico. Pasó un año.

–¿Está hablando del fiscal Anticorrupción Mondino?

–Correcto. Él y su equipo tienen animosidad familiar en algunas cosas con mi persona. Y me parece que la forma en que investigaron, la forma en que se manejaron, todo tiene un cuestionamiento jurídico que mis abogados lo han hecho saber.

–¿Pidió que se investigara a alguien de la Legislatura?

–Yo no pedí nunca… No sé por qué después de nueve meses hacen un allanamiento en la Legislatura, después prácticamente que nació la criatura. Pero yo de las cuestiones judiciales no tengo por qué dar una opinión. Me parece que en mi causa tendrían que haber estado algunos que tuvieron, como lo dicen los audios y las conversaciones telefónicas, participación al menos para opinar de esta situación y no lo hicieron.

–Ese día en el banco, ¿con quién habló cuando quedó detenido?

–Ella iba a retirar la tarjeta, no iba a cobrar, pero el cajero la seduce a la chica (Castro) de que podía retirar el dinero, que vaya al subsuelo a retirar, pero yo a un costado. Ella quiso ir a retirar el dinero y se equivocó, me parece, en el número de documento. Y ahí advierten en el banco. Hablé con la contadora, le pedí que nos diera tiempo para buscar a esa persona (Virginia Martínez, la empleada contratada). Vino, pero ya era tarde.

Entrevista a Guillermo Kraisman
Foto: Pedro Castillo / La Voz

–Pero ella era la titular, ¿por qué cobraba otra persona con su DNI?

–(Martínez) tuvo una desinteligencia con la madre. La madre es la que acerca el documento.

–¿Y el dinero era para ella o se repartía?

–Virginia Martínez fue designada en la Legislatura. Acercamos el nombre y otro segundo, y a la única que le dieron el alta fue a Martínez. Nosotros hicimos un acuerdo y un entendimiento con estos legisladores.

–¿Con Nadia Fernández y Siciliano?

–Con los dos. Con los dos tuvimos una cuestión administrativa y otra cuestión política.

–¿Y el dinero lo iba a cobrar Martínez?

—Martínez lo iba a cobrar. Después quedé detenido en la comisaría. Y empieza toda una novela, que a partir de ahí aparecieron muchos contratos en la Legislatura, contratos que no cumplían funciones, otros contratos que empezaron a aparecer que cumplían otra serie de funciones en otros lugares. Todo el mundo sabe del mundillo de la política…

–La acusación en su contra es tentativa de defraudación a la administración pública.

—Es una carátula que no entendemos y que cualquier jurista sabe. Uno acompaña y no defrauda. Yo no consumé el hecho. Acá hubo soberbia. Algunos actores implicados en la Justicia y también mucha falta de código.

—Hoy, si mira el listado publicado en la Legislatura, ¿hay fantasmas?

—(Se ríe). El problema no son los empleados, el problema es cómo comunican, cuál es la función. Yo he visto designaciones, nombres y designaciones que han estado con una beca en la Municipalidad y les firmaron un decreto retroactivo en la Legislatura. Creo que la sociedad le va a empezar a pisar las sábanas a los fantasmas.

–Hay más fantasmas…

–La Justicia es lenta, muy lenta…

–¿Lo dejaron afuera del peronismo?

–Nunca. Hubo gente que quería ir a visitar a la cárcel: legisladores, concejales, el padre Viola y su hermana…

–¿Cómo ve la gestión del gobernador Llaryora?

–Veo que algunos que fueron a denunciar al gobierno y hoy están. La Justicia a mí no me prohibió hacer política. Pagué demasiado mi error y mi equivocación… Con el tema previsional no comparto. Debería manejarse de otra manera y formar equipos, buscar más talento para enriquecer su gabinete. Hoy el partido está cerrado. Me parece que los que quieren ser candidatos deben dejar la función pública. Hay muchos precandidatos que con la plata del Estado quieren instalar sus candidaturas. No lo veo normal.

–Nadia Fernández está al frente ahora de la supervisión de las cárceles.

—Buscaría otro perfil, no una comisaria de la gestión. Otras personas podrían estar. En la cárcel viví de todo: la miseria, la cara de sufrimiento de mis hijos, semanas en las que no salía al patio ni a desayunar para no tener problemas; la cárcel de mujeres sin agua de noche, un baño para ocho personas en una pieza. El que diga que nunca tuvo problemas miente. Yo rezaba para estar vivo.

​Pasaron 12 meses del escándalo legislativo en Córdoba, cuando Guillermo Kraisman, el exconcejal justicialista y un hombre del armado territorial del PJ Capital, acompañó a una mujer de la militancia a un banco para cobrar el sueldo de una “empleada fantasma” de la Legislatura de Córdoba.Estuvo ocho meses y 16 días preso en la cárcel de Bouwer y obtuvo la libertad tras el pago de una fianza. Hoy transcurre sus días entre su casa en la ciudad de Córdoba y en otra en el valle de Calamuchita. “Estoy arrepentido”, asegura y repite: “Pero tengo códigos”.¿De qué códigos habla? ¿A quién le debe fidelidad? ¿Por qué fue al banco ese día? En la entrevista con La Voz, el hombre que puso en la mira a la Legislatura por tener asesores “fantasmas” se muestra compungido sólo en cuatro momentos: cuando habló de sus padres, de sus hijos, de la militancia y de su paso por la cárcel, donde dice que sintió “morir”. En el resto de la charla se lo ve desafiante.Antes de empezar la conversación, prepara una picada y confía que prefiere que sus hijos no estén. “Ellos no quieren que dé notas”, aclara. La mesa está servida por Kraisman. No le faltan las cerezas. Y no se pone colorado. Antes del escándalo de la Legislatura, en agosto de 2025 había quedado detenido en un caso en el que se lo conoció en los medios como un intento de robo de un blíster de bondiola y un frasco de cerezas. “Nada de eso fue cierto, hay que ver el expediente, la bondiola estaba vencida. Nunca me llevé nada. Fui a pagar a la caja… Me pegaron”, aclara al recordar que todo terminó en un episodio con el guardia de seguridad del supermercado y la Policía.Kraisman quiere hablar. No tiene apuro. Asegura que está trabajando en una publicación sobre su vida. “Tengo más de un naipe de cartas guardadas para contar”, advierte, casi como una amenaza política. No le esquiva a las preguntas, pero piensa muy bien lo que dice. “La política es algo que uno abraza con pasión, con sentimientos. Para nosotros, es algo que deberíamos interpretarla como un medio. Algunos la interpretan como un fin. Trabajar para el bien común, no para el bien individual. Y el peronismo es un sentimiento. Nuestra doctrina es muy rica en sus contenidos, hace que quien la interpreta la lea, la sienta, la viva y la practique”, argumenta.–¿El peronismo de Córdoba lo apartó tras el caso de la empleada fantasma?–Yo nací peronista. El peronismo me dio muchas cosas, sí, me dio muchas satisfacciones. Fue un tremendo error, la tremenda equivocación que tuve desencadenó toda una novela…–Dice que algunos trabajan para sí mismos y otros para el bien común. ¿Y usted?–Yo me equivoqué.–¿Qué fue lo que pasó en el banco?–Yo fui a acompañar… Fue mi equivocación. Ahora, yo he visto a hombres de la política que jamás agarraron un balde y una pala, y hoy en las declaraciones juradas tienen metros y metros cuadrados. Hay muchos que sí se han enriquecido desde la política, y eso no es bueno. Pero también veo que en la política no llegan talentos.–¿Por qué fue con Luciana Castro a cobrar? ¿Qué había acordado?–Había acordado con el sistema. El sistema a mí me seduce y me equivoco porque el sistema muchas veces actúa de esta manera: cuando te seduce a hacer cosas malas y cuando salen bien, te aplauden. Cuando salen mal, se encapuchan, te cierran los celulares, te los bloquean, se cierran las oficinas, no comunican. Acá fue una falta de comunicación…–¿Acordó contratos para cobrar usted o para su gente?–Mi equipo, ellos pueden desarrollar tareas territoriales… Esto se hace desde el advenimiento de la democracia hasta la fecha. Son designaciones como tienen todos, designaciones de cargos que terminan cuando termina la función de quienes son elegidos.–Las cajas de la política tienen contratados que nunca van a trabajar.–Yo conozco que sí van a trabajar, muchos contratados que cumplen otras funciones que no son específicamente esas, pero ahí no se equivoca el contratado, sino quien lo contrata. No es el problema del chancho, sino el que le…–¿Y quién le dio de comer?–Yo no tengo la lapicera ni el programa para transferir…–¿El acuerdo fue con qué legisladores?–Hicimos un acuerdo con dos legisladores, hoy no están más en la Legislatura, están cumpliendo otras funciones.–No los va a nombrar. ¿Estamos hablando de Nadia Fernández y Miguel Siciliano? –Yo trato de no hacerlo. Mi intención nunca ha sido nombrar a nadie, ni botonear a nadie. Y ellos saben por qué. Saben que siempre mi conducta de vida la manejo con códigos, códigos que ellos no respetaron y no cumplieron.–Dice que pidió varios contratos, que finalmente iban a ser dos y que terminó siendo el de Virginia Martínez. ¿Para quién era ese cobro?–La Justicia, no soy yo el que tenga que decirlo, más cuando ya pasó casi un año. No soy el que tenga que decir eso. La Justicia estuvo todo el tiempo para investigar, para saber, le desgrabé mi celular, me puse a disposición. ¿Qué resolvió? Nada. Hicieron un mamarracho jurídico. Pasó un año.–¿Está hablando del fiscal Anticorrupción Mondino?–Correcto. Él y su equipo tienen animosidad familiar en algunas cosas con mi persona. Y me parece que la forma en que investigaron, la forma en que se manejaron, todo tiene un cuestionamiento jurídico que mis abogados lo han hecho saber.–¿Pidió que se investigara a alguien de la Legislatura?–Yo no pedí nunca… No sé por qué después de nueve meses hacen un allanamiento en la Legislatura, después prácticamente que nació la criatura. Pero yo de las cuestiones judiciales no tengo por qué dar una opinión. Me parece que en mi causa tendrían que haber estado algunos que tuvieron, como lo dicen los audios y las conversaciones telefónicas, participación al menos para opinar de esta situación y no lo hicieron.–Ese día en el banco, ¿con quién habló cuando quedó detenido?–Ella iba a retirar la tarjeta, no iba a cobrar, pero el cajero la seduce a la chica (Castro) de que podía retirar el dinero, que vaya al subsuelo a retirar, pero yo a un costado. Ella quiso ir a retirar el dinero y se equivocó, me parece, en el número de documento. Y ahí advierten en el banco. Hablé con la contadora, le pedí que nos diera tiempo para buscar a esa persona (Virginia Martínez, la empleada contratada). Vino, pero ya era tarde.–Pero ella era la titular, ¿por qué cobraba otra persona con su DNI?–(Martínez) tuvo una desinteligencia con la madre. La madre es la que acerca el documento.–¿Y el dinero era para ella o se repartía?–Virginia Martínez fue designada en la Legislatura. Acercamos el nombre y otro segundo, y a la única que le dieron el alta fue a Martínez. Nosotros hicimos un acuerdo y un entendimiento con estos legisladores.–¿Con Nadia Fernández y Siciliano?–Con los dos. Con los dos tuvimos una cuestión administrativa y otra cuestión política.–¿Y el dinero lo iba a cobrar Martínez?—Martínez lo iba a cobrar. Después quedé detenido en la comisaría. Y empieza toda una novela, que a partir de ahí aparecieron muchos contratos en la Legislatura, contratos que no cumplían funciones, otros contratos que empezaron a aparecer que cumplían otra serie de funciones en otros lugares. Todo el mundo sabe del mundillo de la política…–La acusación en su contra es tentativa de defraudación a la administración pública.—Es una carátula que no entendemos y que cualquier jurista sabe. Uno acompaña y no defrauda. Yo no consumé el hecho. Acá hubo soberbia. Algunos actores implicados en la Justicia y también mucha falta de código.—Hoy, si mira el listado publicado en la Legislatura, ¿hay fantasmas?—(Se ríe). El problema no son los empleados, el problema es cómo comunican, cuál es la función. Yo he visto designaciones, nombres y designaciones que han estado con una beca en la Municipalidad y les firmaron un decreto retroactivo en la Legislatura. Creo que la sociedad le va a empezar a pisar las sábanas a los fantasmas.–Hay más fantasmas…–La Justicia es lenta, muy lenta…–¿Lo dejaron afuera del peronismo?–Nunca. Hubo gente que quería ir a visitar a la cárcel: legisladores, concejales, el padre Viola y su hermana…–¿Cómo ve la gestión del gobernador Llaryora?–Veo que algunos que fueron a denunciar al gobierno y hoy están. La Justicia a mí no me prohibió hacer política. Pagué demasiado mi error y mi equivocación… Con el tema previsional no comparto. Debería manejarse de otra manera y formar equipos, buscar más talento para enriquecer su gabinete. Hoy el partido está cerrado. Me parece que los que quieren ser candidatos deben dejar la función pública. Hay muchos precandidatos que con la plata del Estado quieren instalar sus candidaturas. No lo veo normal.–Nadia Fernández está al frente ahora de la supervisión de las cárceles.—Buscaría otro perfil, no una comisaria de la gestión. Otras personas podrían estar. En la cárcel viví de todo: la miseria, la cara de sufrimiento de mis hijos, semanas en las que no salía al patio ni a desayunar para no tener problemas; la cárcel de mujeres sin agua de noche, un baño para ocho personas en una pieza. El que diga que nunca tuvo problemas miente. Yo rezaba para estar vivo.  ​

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