Si tiene indicada suplementación con calcio y vitamina D, no la suspenda. Es útil para muchas cosas –más allá de la salud musculoesquelética-, pero especialmente para prevenir fracturas en quienes tienen riesgo de sufrirlas.

Ese es el mensaje que, a través de un comunicado conjunto, representantes de tres sociedades médicas -la Sociedad Argentina de Osteoporosis (SAO), la Asociación Argentina de Osteología y Metabolismo Mineral (AAOMM) y la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo (SAEM)- emitieron para “llevar tranquilidad” ante la reciente difusión de un estudio canadiense que cuestiona la utilidad del calcio y la vitamina D.

La conclusiones de ese análisis científico que tiene «grandes limitaciones» fueron «simplificadas» y amplificadas a través de los medios, pero «no debe ser motivo para que los pacientes suspendan sus tratamientos», enfatizaron.

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“De su lectura se desprende que el calcio y la vitamina D podrían no ser suplementados porque no prevendrían fracturas óseas ni caídas. La realidad es que son suplementos indispensables, el aporte de calcio (que puede obtenerse de los lácteos) y la vitamina D para optimizar su absorción”, explicaron.

Vitamina D, en busca de consensos

En las últimas dos décadas, los estudios que tienen como protagonista a la vitamina D se multiplicaron. Esas investigaciones vienen aportando hallazgos relacionados con los efectos que ejerce no solo en los huesos y en los músculos, sino en otros sistemas (cardiovascular, inmunológico, metabólico).

No obstante, continúa siendo objeto de controversia «entre científicos que opinan que no están probados muchos beneficios invocados para suplementar con vitamina D, y, por otro lado, otros que van confirmándolos», expresaron las sociedades médicas en el comunicado. «Esto, sumado a preocupaciones por el desembolso económico que generaría para el sistema de salud, medir la vitamina D en los laboratorios, y suplementarla si fuera necesario.»

«Venimos estudiando la vitamina D hace años y los artículos van para un lado o para otro, pero hay que ponerlos en contexto«, dijo a Clarín María Laura García, presidenta de la SAO y una de las firmantes del comunicado.

El trabajo canadiense publicado en British Medical Journal –explicó García junto a sus colegas José L. Mansur, Antonio D. McCarthy, María S. Mallea Gil, Vanina Farías- analizó a personas que ya tenían niveles de calcio y vitamina D suficientes antes de empezar. «Evaluar la eficacia de un suplemento en población sana que no lo necesita es un error: no se puede mejorar lo que ya está bien. Los suplementos demuestran su beneficio óseo y muscular en personas con déficits comprobados o de riesgo», explicaron.

Y añadieron: “La investigación excluyó a los pacientes reales de consultorio: personas que ya toman fármacos para la osteoporosis, adultos mayores institucionalizados o quienes ya sufrieron fracturas. Por lo tanto, sus conclusiones no se pueden aplicar a ellos. El calcio y la vitamina D, junto con la actividad física, son pilares preventivos esenciales, aunque en pacientes con osteoporosis se necesiten además medicamentos específicos”.

Además, destacaron que el estudio pasa por alto un aspecto clave: los efectos de la vitamina D en el resto del cuerpo. «Hoy sabemos que mantener niveles óptimos en sangre ayuda a proteger la salud general, demostrando en grandes estudios que puede reducir el avance de la prediabetes a la diabetes, o disminuir la mortalidad debida a ciertos tipos de cáncer», destacaron.

«Este estudio es útil para evitar la indicación indiscriminada en adultos sanos, pero de ninguna manera respalda suspender la suplementación en pacientes con osteoporosis, con riesgo de caídas o con deficiencias severas de calcio o vitamina D. Un análisis estadístico poblacional jamás podrá reemplazar el juicio clínico, individual y humano de un médico frente a su paciente”, concluyeron.

La vitamina D es clave para la salud ósea y la fuerza muscular. Foto Shutterstock.

Según García, existe «evidencia consistente» de la utilidad de medir y suplementar a determinados grupos de riesgo. «Hay muchos estudios que nos avalan a llevar los valores de vitamina D un poquito más allá en aquellos pacientes que tienen una patología que puede beneficiarse. No les va a solucionar el problema, pero ayuda a que todo funcione mejor», afirmó.

La hormona D

La médica endocrinóloga subrayó que «la vitamina del sol», más que vitamina es una hormona. «Le decimos decimos hormona D porque sabemos que actúa como tal. Tiene todas las características de hormonas: se libera a la sangre, se transporta con una proteína, se une a un receptor, actúa a nivel genético y tiene acciones en múltiples órganos», explicó.

A diferencia de las vitaminas, que son cofactores, que actúan acompañando procesos biológicos, tiene acciones per se, sostuvo. Su acción clásica es en los huesos. «Su deficiencia provoca raquitismo o huesos frágiles, pero es una vitamina que tiene acciones mucho más allá del hueso, porque se produce inclusive dentro de la célula», agregó.

—Uno de los temas que genera cierta controversia es en quiénes medirla. ¿Hay que medirla en toda la población?

—Medir la vitamina D a toda la población general, como una política general, sería demasiado, que llevaría a un sobrediagnóstico de una patología que no existe. Pero tenemos ciertos grupos de pacientes que tienen riesgo de déficit vitamina D, a quienes es conveniente medirla y tratarla para llegar a un valor adecuado.

Déficit de vitamina D

Se estima que el déficit de vitamina D alcanza a unas 1.000 millones de personas de todas las edades alrededor del mundo.

Los niveles de 25-hidroxivitamina D (25 OHD) se miden en sangre y se expresan en nanogramos por mililitro (ng/mL). Para entender quiénes tienen un riesgo de deficiencia y se beneficiarían de dosar sus niveles en sangre y recibir suplementación o sustitución, García considera que es importante entender cómo se produce la vitamina D en el cuerpo.

«El 80 por ciento se produce en la piel, a partir de la exposición solar, a los rayos UVB. Y un 20 por ciento proviene de los alimentos. Lo que pasa es que los alimentos no tienen mucha vitamina D. Los que más tienen son los peces de aguas profundas, los lácteos fortificados, los huevos, pero no es una fuente muy importante», precisó. «Y a partir del sol, depende.»

—¿De qué depende?

— Las personas con tez más oscura, por ejemplo, producen 3 a 5 veces menos de vitamina D. Si me pongo un factor de protección solar, se produce vitamina D, pero disminuye la producción. Y si estoy en latitudes muy alejadas del ecuador, es difícil producir vitamina D porque los rayos quedan retenidos en la atmósfera y no llegan hasta la piel, por lo que no se llega a producir. Entonces, por ejemplo, la gente que vive en las latitudes extremas, en Bariloche, en Ushuaia, en invierno tiene deficiencia de vitamina D. En la medida de lo posible, lo mejor es medirla y sustituirlas.

La vitamina D está muy poco distribuida en los alimentos. Foto Shutterstock.

Pero el lugar de residencia, el color de piel y la exposición al sol no son los únicos factores a tener en cuenta, aclaró la presidenta de la SAO.

«La vitamina D tiene dos procesos, uno en el hígado y uno en el riñón, donde se activa. Entonces, cualquier enfermedad en la que falle el hígado o el riñón, sería también conveniente hacer una medición de vitamina D, sustituir a esos pacientes y llegar a la dosis adecuada.»

También debe considerarse el dosaje y suplementación en en todos los pacientes que tienen enfermedades malabsortivas, como la celiaquía, o que hayan sido sometidos a cirugías bariátricas. («En esos casos hay que medirla porque ingresan menos vitamina D y menos calcio.»)

«Y, obviamente, para todo lo que tiene que ver con el hueso, en toda la patología ósea, en caso de osteoporosis, osteomalacia o enfermedades esqueléticas, es conveniente tener una medición de vitamina D», añadió.

Mencionó, además, a las embarazadas como un grupo al que hay que prestarle especial atención. Según explicó, distintas guías recomiendan suplementar vitamina D durante la gestación debido a los beneficios que puede aportar tanto para la madre como para el bebé.

En Estados Unidos (país que está en el eje de las controversias), se recomienda suplementar de hecho, sin medir. «Si tengo la posibilidad de medirla, estaría bueno hacerlo, para saber de dónde se parte y controlar que llegue a los niveles objetivos», señaló García. Entre otros efectos, indicó que niveles adecuados se asocian con menor riesgo de preeclampsia (presión arterial alta), diabetes gestacional y mortalidad neonatal.

—Se habla mucho de las funciones que la vitamina D ejerce más allá de su función musculoesquelética, ¿cuáles son?

—Actúa sobre todo en el hueso, esa es la acción clásica, pero hay muchos estudios que nos están mostrando que tiene acciones inmunomoduladoras. No es que va a solucionar una enfermedad autoinmune, pero colabora a que, por ejemplo, si tenés predisposición no se manifieste, o se manifieste más tarde, o que los tratamientos sean más efectivos contra esa enfermedad.

Lo mismo sucede en el cáncer. En patologías como el cáncer de mama y cáncer de colon se vio que tener mejores niveles de vitamina D ayuda en el tratamiento.

Y hay algo que es muy categórico, que está publicado en todas partes, que los pacientes que tienen prediabetes (estados en los que la glucemia está un poco más elevada en ayunas, o hay insulinorresistencia o intolerancia a la glucosa) suelen tener niveles de vitamina D baja. Si se los lleva por arriba de 30 o 40 ng/mL con los tratamientos, se evita, en muchos casos, la progresión a diabetes.

—Es decir que, según el objetivo que se busque, los valores de vitamina D a los que hay que llegar no serían iguales para todos.

—Para la acción muscular necesitamos más o menos niveles por arriba de 25. La vitamina D es fundamental para formar músculo y para la performance del músculo, para dar la fuerza. Y esto es fundamental para evitar caídas.

Para la parte ósea, siempre recomendamos que los niveles estén por lo menos por arriba de 30 y que es el nivel a partir del cual se empieza a mover una hormona que controla el que controla el calcio, que es la parathormona. Los pacientes que tienen osteoporosis, por ejemplo, parten de una base que es el calcio y la vitamina D. Después se agregan otras drogas, pero necesitamos que tengan niveles normales de vitamina D para que esos tratamientos funcionen.

Y, como dijimos, en pacientes con síndrome metabólico, con glucemias borderline, sería fundamental pedirles un análisis de vitamina D y después llevarlos a 30 o 40, porque sabemos que estamos sumando un granito más a todas las demás medidas que hay que tomar, como son la dieta y la actividad física.

Un temor frecuente

Uno de los temores frecuentes que rodean a la suplementación con vitamina D es el riesgo de intoxicación. Sin embargo, García aseguró que se trata de una situación muy poco frecuente. «Los niveles tóxicos son por arriba de 100 o 150 y, en general, los casos descriptos ocurren cuando hubo errores en la indicación o en la toma de la medicación», explicó.

El desafío principal, concluyó, pasa por identificar a quienes pueden beneficiarse: «Es una herramienta fácil y relativamente barata que hay que usar. Tenemos que medirla y sustituir a quienes corresponda».

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