El desempleo en La Pampa desnuda la falsa caída de la pobreza de Milei

Hay 14 mil pampeanos (el 19,5% de la población activa) que son «ocupados demandantes».

El 2025 cerró con la desocupación más alta desde la pandemia, pero el dato más cruel es el de los «trabajadores pobres»: en Santa Rosa-Toay, 14 mil pampeanos tienen empleo y aun así no les alcanza para comer. ¿Cómo puede bajar la pobreza si el trabajo se precariza y el salario se pulveriza?

Mientras la narrativa libertaria se esfuerza por instalar una recuperación económica «en V» y una supuesta baja de la pobreza basada en el dibujo de la inflación, la realidad del mercado laboral en La Pampa le devuelve un reflejo distorsionado y preocupante. Los datos del INDEC al cierre de 2025 no solo muestran que el desempleo subió al 7,5% a nivel nacional, sino que en nuestra región la crisis caló hondo en la calidad de vida de quienes aún tienen la «suerte» de estar ocupados.

El discurso de Javier Milei omite una variable clave que el informe de Mercado de Trabajo pone sobre la mesa: la incidencia del empleo en la indigencia. En el aglomerado Santa Rosa-Toay, el desempleo trepó al 7,3%, pero el dato que realmente demuele el optimismo oficial es el de los 14 mil pampeanos (el 19,5% de la población activa) que son «ocupados demandantes».

Traducido: son personas que tienen un trabajo —muchas veces informal o de pocas horas— pero que necesitan desesperadamente otro para subsistir.

Esta presión sobre el mercado laboral demuestra que, bajo el modelo libertario, tener un empleo ya no es garantía de estar por encima de la línea de pobreza. La caída de la pobreza que pregona el Gobierno es un espejismo si se tiene en cuenta que el ajuste se hizo vía «precio» (estancando salarios) y vía «calidad» (pasando de empleos en blanco a changas o cuentapropismo precario).

Zona de sacrificio

En informe de Ismael Bermúdez para Clarín confirma que la Región Pampeana es la segunda más castigada del país con un 7,7% de desocupación, solo superada por el Conurbano. El parate total de la obra pública y el enfriamiento del consumo interno golpearon el corazón de la industria y el comercio local, sectores que históricamente motorizan a ciudades como Santa Rosa y General Pico.

Los números que el Gobierno no quiere ver:

Informalidad al límite: El empleo «en negro» saltó al 43%, dejando a 9 millones de argentinos sin cobertura ni aportes.

Jóvenes contra la pared: La desocupación en menores de 29 años superó el 16%, afectando justamente a la franja etaria que más esperanza depositó en las fuerzas del cielo.

Jefes de hogar: El desempleo en quienes mantienen la casa subió del 3,8% al 4,7%, una señal inequívoca de deterioro social básico.

En definitiva, el cierre de 2025 deja una conclusión política inevitable: no hay «estabilidad» posible con 1,7 millones de desocupados y una masa de trabajadores que, aun cumpliendo jornadas completas, no llegan a fin de mes.

eldiariodelapampa

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