La Voz

El cónsul general de Francia en la Argentina, Jean-Christophe Fleury, visitó Córdoba para poner formalmente en funciones al nuevo cónsul honorario en la provincia, Joaquín Sonzini Astudillo, quien ejerce el cargo desde hace cuatro años pero recién ahora obtuvo el reconocimiento institucional del Congreso y del Gobierno argentinos. En el país residen 12 mil franceses, unos 800 en Córdoba.

Durante su estadía mantuvo reuniones con la vicegobernadora Myrian Prunotto, el intendente Daniel Passerini, autoridades universitarias y policiales, y representantes de entidades solidarias.

En diálogo con La Voz, durante una visita a su sede integral, el diplomático –quien fue subdirector del área América del Sur en el Ministerio de Europa y Asuntos Exteriores de Francia– abordó la relación bilateral, la oposición francesa al acuerdo Mercosur–Unión Europea y las perspectivas de inversión.

–¿Cómo describiría hoy la relación entre Francia y la Argentina, después de lo que ocurrió con el acuerdo Mercosur–UE y las tensiones públicas que hubo?

–Puede parecer contraintuitivo, pero la relación es buena. Cuando yo era subdirector para América del Sur pensaba que iba a ser similar a la que tuvimos con Brasil durante el mandato de Bolsonaro: intensa en lo económico, universitario y cultural, pero políticamente distante. Con Argentina eso no ocurrió. No hubo ataques personales ni deterioro en el vínculo directo entre los presidentes. Emmanuel Macron y Javier Milei mantienen una relación correcta y fluida. Se han llamado recientemente. Para Francia es fundamental tener una relación estrecha con un país grande como la Argentina. Los presidentes son elegidos por un período determinado, pero la relación entre los Estados trasciende los mandatos.

–¿Existen diferencias políticas importantes?

–Sí, por supuesto. Tenemos diferencias en algunos temas, como el cambio climático. Pero también coincidencias claras, por ejemplo en el respaldo argentino al campo occidental frente a la invasión rusa a Ucrania. Milei tiene una posición muy clara en ese sentido. Francia valora esa coincidencia estratégica. Además, Francia apoyó a la Argentina en el Fondo Monetario Internacional, porque entendemos que las reformas económicas apuntan a estabilizar la macroeconomía. Sabemos que la transición es difícil para los argentinos, pero reducir la inflación es clave para recuperar inversiones.

–Las inversiones francesas habían caído mucho en las últimas décadas. ¿Está cambiando esa tendencia?

–Sí. El año pasado aumentaron más de 50%. Es un cambio muy significativo. En los últimos veinte años las inversiones francesas en Argentina se habían reducido drásticamente. Las empresas necesitan previsibilidad. Con inflación alta no se puede planificar a largo plazo. Si una devolución de impuestos (el IVA a la exportación) tarda un año y la moneda pierde valor constantemente, el capital pierde previsibilidad. Lo que observamos ahora es un intento de estabilización. Si se consolida, puede generar un nuevo ciclo de inversiones.

–¿La reforma laboral puede influir en esa decisión de inversión?

–Las reformas estructurales suelen ser observadas por los inversores internacionales. No somos los únicos interesados. Hay competencia global por atraer capital. Pero lo determinante es la estabilidad general: inflación baja, reglas claras y seguridad jurídica. Eso es lo que miran las empresas.

–En el plano agrícola, Francia ha sido muy crítica del acuerdo Mercosur–UE. ¿Eso mete ruido en el vínculo?

–La posición de Francia es firme. El acuerdo fue negociado sobre la base de un mandato de hace 25 años. Desde nuestro punto de vista, no es posible ratificar un texto que no responde a las exigencias del mundo actual. Hoy los acuerdos comerciales deben incorporar estándares ambientales, laborales y de sostenibilidad acordes al presente. Consideramos que el acuerdo, tal como está redactado, quedó obsoleto.

–¿Francia está aislada en esa postura?

–No. Hay otros países europeos que comparten preocupaciones similares. Pero no tenemos la mayoría suficiente para bloquear la firma. El Parlamento Europeo solicitó el dictamen de la Corte de Justicia de la Unión Europea sobre ciertos aspectos jurídicos del acuerdo. Debemos esperar esa opinión. Luego el Parlamento decidirá si lo ratifica o no. Es un proceso complejo porque el acuerdo tiene dos dimensiones: una económica, que es competencia exclusiva de la Unión Europea, y otra política, que requiere ratificación de los parlamentos nacionales.

–Mientras tanto, ¿hay margen para avanzar bilateralmente entre Francia y Argentina?

–Sí. El vínculo entre países sigue abierto. Hay oportunidades concretas en sectores estratégicos como minerales críticos, especialmente litio, transporte, tratamiento de agua, medio ambiente, energía y farmacéutica. Muchas de esas inversiones pueden desarrollarse sin depender del acuerdo Mercosur–UE. El litio es un fuerte atractivo para Francia.

–¿Por qué?

–Porque forma parte de la transición energética global. Francia y Europa necesitan minerales críticos para la industria tecnológica y automotriz. Argentina tiene recursos significativos y puede desarrollarlos de manera sustentable. Pero también vemos oportunidades en infraestructura, agua y gestión ambiental.

–En los años noventa hubo una presencia muy fuerte de empresas francesas en Argentina. Algunas cadenas comerciales se retiraron, otras están por irse. ¿Cómo se analiza eso desde París?

–Cada empresa toma decisiones estratégicas en función de su situación global. Algunos grupos están reestructurándose en varios países, no solamente en Argentina. No siempre se trata de un problema local. También hay ejemplos de empresas que regresan o amplían su presencia, como Decathlon. Lo importante es el contexto general. Si el entorno económico es estable, las decisiones tienden a ser más favorables.

–Más allá del acuerdo comercial, ¿qué es más decisivo para atraer inversión francesa?

–La situación interna argentina. Los tratados pueden facilitar el comercio, pero lo fundamental es la estabilidad política y económica. Las empresas necesitan previsibilidad a largo plazo y mecanismos claros de resolución de conflictos. Si esas condiciones están dadas, el capital vuelve.

–¿Cómo evalúa la situación migratoria en Francia? Desde el exterior suele percibirse tensión.

–Francia es un país abierto, con una larga tradición de acogida. Existen desafíos, como en cualquier sociedad diversa. Pero la gran mayoría de las comunidades conviven respetando los valores republicanos. Los problemas están focalizados y no representan a la mayoría. La convivencia es una tarea permanente de cualquier gobierno.

–¿Hay problemas migratorios con ciudadanos argentinos?

–No. Existe un acuerdo que permite a 1.200 argentinos por año, hasta 35 años, acceder a contratos de trabajo en Francia. La cuota se cubre rápidamente. No es un tema conflictivo. Es un intercambio equilibrado y positivo.

–¿Hay áreas de cooperación futura más allá de lo comercial?

–Sí. La cooperación universitaria tiene gran potencial, especialmente en agronomía y estudios sobre biodiversidad. En el comercio, hay espacio en el sector vitivinícola. Argentina produce vinos de excelente calidad y tiene margen para ampliar su presencia internacional. La cooperación técnica puede fortalecer ese desarrollo.

Alianza Francesa

El próximo 27 de mayo será inaugurada la remodelación del instituto Alianza Francesa –en su tradicional sede de Atacucho 46– en cooperación con el Instituto Goethe. Ambas instituciones funcionarán en el mismo lugar, aunque cada uno con el rol que se les conoce en materia educativa y cultural, precisó María Fernanda Frezzi, presidenta de la entidad gala.

​El cónsul general de Francia en la Argentina, Jean-Christophe Fleury, visitó Córdoba para poner formalmente en funciones al nuevo cónsul honorario en la provincia, Joaquín Sonzini Astudillo, quien ejerce el cargo desde hace cuatro años pero recién ahora obtuvo el reconocimiento institucional del Congreso y del Gobierno argentinos. En el país residen 12 mil franceses, unos 800 en Córdoba. Durante su estadía mantuvo reuniones con la vicegobernadora Myrian Prunotto, el intendente Daniel Passerini, autoridades universitarias y policiales, y representantes de entidades solidarias. En diálogo con La Voz, durante una visita a su sede integral, el diplomático –quien fue subdirector del área América del Sur en el Ministerio de Europa y Asuntos Exteriores de Francia– abordó la relación bilateral, la oposición francesa al acuerdo Mercosur–Unión Europea y las perspectivas de inversión.–¿Cómo describiría hoy la relación entre Francia y la Argentina, después de lo que ocurrió con el acuerdo Mercosur–UE y las tensiones públicas que hubo?–Puede parecer contraintuitivo, pero la relación es buena. Cuando yo era subdirector para América del Sur pensaba que iba a ser similar a la que tuvimos con Brasil durante el mandato de Bolsonaro: intensa en lo económico, universitario y cultural, pero políticamente distante. Con Argentina eso no ocurrió. No hubo ataques personales ni deterioro en el vínculo directo entre los presidentes. Emmanuel Macron y Javier Milei mantienen una relación correcta y fluida. Se han llamado recientemente. Para Francia es fundamental tener una relación estrecha con un país grande como la Argentina. Los presidentes son elegidos por un período determinado, pero la relación entre los Estados trasciende los mandatos.–¿Existen diferencias políticas importantes?–Sí, por supuesto. Tenemos diferencias en algunos temas, como el cambio climático. Pero también coincidencias claras, por ejemplo en el respaldo argentino al campo occidental frente a la invasión rusa a Ucrania. Milei tiene una posición muy clara en ese sentido. Francia valora esa coincidencia estratégica. Además, Francia apoyó a la Argentina en el Fondo Monetario Internacional, porque entendemos que las reformas económicas apuntan a estabilizar la macroeconomía. Sabemos que la transición es difícil para los argentinos, pero reducir la inflación es clave para recuperar inversiones.–Las inversiones francesas habían caído mucho en las últimas décadas. ¿Está cambiando esa tendencia?–Sí. El año pasado aumentaron más de 50%. Es un cambio muy significativo. En los últimos veinte años las inversiones francesas en Argentina se habían reducido drásticamente. Las empresas necesitan previsibilidad. Con inflación alta no se puede planificar a largo plazo. Si una devolución de impuestos (el IVA a la exportación) tarda un año y la moneda pierde valor constantemente, el capital pierde previsibilidad. Lo que observamos ahora es un intento de estabilización. Si se consolida, puede generar un nuevo ciclo de inversiones.–¿La reforma laboral puede influir en esa decisión de inversión?–Las reformas estructurales suelen ser observadas por los inversores internacionales. No somos los únicos interesados. Hay competencia global por atraer capital. Pero lo determinante es la estabilidad general: inflación baja, reglas claras y seguridad jurídica. Eso es lo que miran las empresas.–En el plano agrícola, Francia ha sido muy crítica del acuerdo Mercosur–UE. ¿Eso mete ruido en el vínculo?–La posición de Francia es firme. El acuerdo fue negociado sobre la base de un mandato de hace 25 años. Desde nuestro punto de vista, no es posible ratificar un texto que no responde a las exigencias del mundo actual. Hoy los acuerdos comerciales deben incorporar estándares ambientales, laborales y de sostenibilidad acordes al presente. Consideramos que el acuerdo, tal como está redactado, quedó obsoleto.–¿Francia está aislada en esa postura?–No. Hay otros países europeos que comparten preocupaciones similares. Pero no tenemos la mayoría suficiente para bloquear la firma. El Parlamento Europeo solicitó el dictamen de la Corte de Justicia de la Unión Europea sobre ciertos aspectos jurídicos del acuerdo. Debemos esperar esa opinión. Luego el Parlamento decidirá si lo ratifica o no. Es un proceso complejo porque el acuerdo tiene dos dimensiones: una económica, que es competencia exclusiva de la Unión Europea, y otra política, que requiere ratificación de los parlamentos nacionales.–Mientras tanto, ¿hay margen para avanzar bilateralmente entre Francia y Argentina?–Sí. El vínculo entre países sigue abierto. Hay oportunidades concretas en sectores estratégicos como minerales críticos, especialmente litio, transporte, tratamiento de agua, medio ambiente, energía y farmacéutica. Muchas de esas inversiones pueden desarrollarse sin depender del acuerdo Mercosur–UE. El litio es un fuerte atractivo para Francia.–¿Por qué?–Porque forma parte de la transición energética global. Francia y Europa necesitan minerales críticos para la industria tecnológica y automotriz. Argentina tiene recursos significativos y puede desarrollarlos de manera sustentable. Pero también vemos oportunidades en infraestructura, agua y gestión ambiental.–En los años noventa hubo una presencia muy fuerte de empresas francesas en Argentina. Algunas cadenas comerciales se retiraron, otras están por irse. ¿Cómo se analiza eso desde París?–Cada empresa toma decisiones estratégicas en función de su situación global. Algunos grupos están reestructurándose en varios países, no solamente en Argentina. No siempre se trata de un problema local. También hay ejemplos de empresas que regresan o amplían su presencia, como Decathlon. Lo importante es el contexto general. Si el entorno económico es estable, las decisiones tienden a ser más favorables.–Más allá del acuerdo comercial, ¿qué es más decisivo para atraer inversión francesa?–La situación interna argentina. Los tratados pueden facilitar el comercio, pero lo fundamental es la estabilidad política y económica. Las empresas necesitan previsibilidad a largo plazo y mecanismos claros de resolución de conflictos. Si esas condiciones están dadas, el capital vuelve.–¿Cómo evalúa la situación migratoria en Francia? Desde el exterior suele percibirse tensión.–Francia es un país abierto, con una larga tradición de acogida. Existen desafíos, como en cualquier sociedad diversa. Pero la gran mayoría de las comunidades conviven respetando los valores republicanos. Los problemas están focalizados y no representan a la mayoría. La convivencia es una tarea permanente de cualquier gobierno.–¿Hay problemas migratorios con ciudadanos argentinos?–No. Existe un acuerdo que permite a 1.200 argentinos por año, hasta 35 años, acceder a contratos de trabajo en Francia. La cuota se cubre rápidamente. No es un tema conflictivo. Es un intercambio equilibrado y positivo.–¿Hay áreas de cooperación futura más allá de lo comercial?–Sí. La cooperación universitaria tiene gran potencial, especialmente en agronomía y estudios sobre biodiversidad. En el comercio, hay espacio en el sector vitivinícola. Argentina produce vinos de excelente calidad y tiene margen para ampliar su presencia internacional. La cooperación técnica puede fortalecer ese desarrollo.Alianza FrancesaEl próximo 27 de mayo será inaugurada la remodelación del instituto Alianza Francesa –en su tradicional sede de Atacucho 46– en cooperación con el Instituto Goethe. Ambas instituciones funcionarán en el mismo lugar, aunque cada uno con el rol que se les conoce en materia educativa y cultural, precisó María Fernanda Frezzi, presidenta de la entidad gala.  ​

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