Hay una calma que Nahuel Pennisi traslada a cada charla, una suerte de oasis que contrasta con el “trajín” frenético de la temporada festivalera cordobesa.
El músico atraviesa lo que él mismo define como el pico de la temporada alta. Viene de ser protagonista de una “super-reunión” en el Festival de Jesús María, donde compartió escenario con Luciano Pereyra y con los muchachos de La Konga. Allí, el propio Luciano elogió esa forma tan fluida, cálida y armoniosa que tiene Nahuel para cantar, algo que el artista recibió con la humildad de quien disfruta del encuentro genuino.

Pero en verano todo pasa rápido y, este domingo, Pennisi será una de las figuras centrales en la segunda luna del Festival de Cosquín. “Córdoba siempre tiene un lugarcito para mí”, confiesa con gratitud, reconociendo que el escenario de la plaza Próspero Molina es el lugar donde esa sensibilidad que trae desde sus inicios se expande por completo.
Esa sensibilidad no es casual. Quienes lo observan en escenarios gigantes notan un background de artista callejero que Nahuel no sólo no oculta, sino que reivindica como su mayor escuela.
Esa “escuela de la calle” en Florencio Varela le otorgó un “ida y vuelta” que hoy aplica ante miles de personas. Al principio de su carrera profesional, admite haber estado más tímido o retraído, pero el diálogo constante con el público lo fue soltando.
Hoy, Pennisi se permite romper el guion de sus conciertos en Cosquín para escuchar lo que la gente le pide desde la valla y le gusta que los temas “entren por la ventana” si el público lo necesita, porque, para él, el diálogo y la escucha son lo más importante.
–¿Sentís que ese lejano oficio de músico callejero sigue vivo cuando te parás ante una multitud?
–Sí, totalmente. Creo que ese ida y vuelta que aprendí en la calle me ha dado una mano importantísima. Al principio me costaba más el diálogo por lo que significaba la música para mí, pero después entendí que la complicidad con el público es hacerlo parte del concierto. La calle te da esa espontaneidad: que alguien se acerque mientras cantás y te diga algo. Por eso, aunque tengamos un guion armado en festivales como Cosquín, siempre dejo un margen para lo que surja en el momento. Me gusta mucho escuchar a la gente; no me da lo mismo que me digan algo o no.
Nahuel recuerda que su vínculo con la música comenzó de forma autodidacta. Aunque su padre le transmitió conocimiento en los inicios, fue la propia música la que terminó de enseñarle mientras él exploraba instrumentos desde los cuatro años.
Un hecho fortuito y doloroso marcó su transición del bajo a la guitarra: un robo en su casa cuando tenía 8 años. Se llevaron su bajo, y la guitarra que recibió como regalo de una amiga para “llenar ese vacío” terminó cambiando su forma de conectarse con el sonido y la madera.
–Tu forma de tocar la guitarra es única, una genialidad inventada por vos. ¿Cómo influyó la música para equilibrar tu vida y permitirte este nivel de expresión?
–La música es una extensión de mi vida, de mis brazos y de mi corazón. Es mi forma de charlar con la gente. Como cualquier persona, uno tiene muchas cosas adentro, pero como músico tengo la posibilidad extra de sintetizarlas en una estrofa o un estribillo. Me ayudó a desarrollarme como persona y a cumplir el sueño de recorrer el país, pero siempre con la misma responsabilidad de estar cerca de la gente.
La hora de la composición
Sobre su proceso creativo, Pennisi explica que en verano la dinámica de los viajes es intensa y deja poco margen para la composición, aunque siempre busca momentos de silencio por la noche cuando el mundo descansa.
No se considera alguien que pueda “decidir” ser creativo de 9 a 5, pero sí mantiene una rutina de ir al estudio o de escuchar discos como quien va al gimnasio. A veces, una canción lo conmueve hasta las lágrimas y, sin tener la guitarra a mano, graba la melodía en su celular para no perder la idea.
–Nahuel, alguna vez me dijiste que el no ser vidente te daba incluso un “superpoder” de sensibilidad. ¿Cómo convivís hoy con esa condición?
–Yo siempre crecí de forma muy normal gracias a mis viejos, que nunca me transmitieron que por no ver tenían que ayudarme de más; siempre fueron muy terrenales. Uno se tiene que hacer amigo de cómo es, sin obviar las características de uno, pero sin que sean lo principal. Lo principal es que soy feliz y que me dedico a la música. Sobre el “superpoder”, me doy cuenta de que lo visual ocupa el 80% de lo que hace la gente. Cerrar los ojos para escuchar permite recibir la palabra del otro de otra forma, con más atención. Por eso hicimos la presentación de mi disco Momentos en el Teatro Ciego: quería que la gente se olvidara de la dinámica visual y se entregara a los aromas y a los sonidos.
Para ver
Nahuel Pennisi se presenta este domingo en la segunda luna del Festival Nacional de Folklore de Cosquín. Esa noche también estarán Dúo Coplanacu, Flor Castro y Rocío Villegas, Raly Barrionuevo, Paola Bernal, Facundo Toro y Cazzu.
Hay una calma que Nahuel Pennisi traslada a cada charla, una suerte de oasis que contrasta con el “trajín” frenético de la temporada festivalera cordobesa. El músico atraviesa lo que él mismo define como el pico de la temporada alta. Viene de ser protagonista de una “super-reunión” en el Festival de Jesús María, donde compartió escenario con Luciano Pereyra y con los muchachos de La Konga. Allí, el propio Luciano elogió esa forma tan fluida, cálida y armoniosa que tiene Nahuel para cantar, algo que el artista recibió con la humildad de quien disfruta del encuentro genuino. Pero en verano todo pasa rápido y, este domingo, Pennisi será una de las figuras centrales en la segunda luna del Festival de Cosquín. “Córdoba siempre tiene un lugarcito para mí”, confiesa con gratitud, reconociendo que el escenario de la plaza Próspero Molina es el lugar donde esa sensibilidad que trae desde sus inicios se expande por completo.Esa sensibilidad no es casual. Quienes lo observan en escenarios gigantes notan un background de artista callejero que Nahuel no sólo no oculta, sino que reivindica como su mayor escuela. Esa “escuela de la calle” en Florencio Varela le otorgó un “ida y vuelta” que hoy aplica ante miles de personas. Al principio de su carrera profesional, admite haber estado más tímido o retraído, pero el diálogo constante con el público lo fue soltando. Hoy, Pennisi se permite romper el guion de sus conciertos en Cosquín para escuchar lo que la gente le pide desde la valla y le gusta que los temas “entren por la ventana” si el público lo necesita, porque, para él, el diálogo y la escucha son lo más importante.–¿Sentís que ese lejano oficio de músico callejero sigue vivo cuando te parás ante una multitud?–Sí, totalmente. Creo que ese ida y vuelta que aprendí en la calle me ha dado una mano importantísima. Al principio me costaba más el diálogo por lo que significaba la música para mí, pero después entendí que la complicidad con el público es hacerlo parte del concierto. La calle te da esa espontaneidad: que alguien se acerque mientras cantás y te diga algo. Por eso, aunque tengamos un guion armado en festivales como Cosquín, siempre dejo un margen para lo que surja en el momento. Me gusta mucho escuchar a la gente; no me da lo mismo que me digan algo o no.Nahuel recuerda que su vínculo con la música comenzó de forma autodidacta. Aunque su padre le transmitió conocimiento en los inicios, fue la propia música la que terminó de enseñarle mientras él exploraba instrumentos desde los cuatro años. Un hecho fortuito y doloroso marcó su transición del bajo a la guitarra: un robo en su casa cuando tenía 8 años. Se llevaron su bajo, y la guitarra que recibió como regalo de una amiga para “llenar ese vacío” terminó cambiando su forma de conectarse con el sonido y la madera.–Tu forma de tocar la guitarra es única, una genialidad inventada por vos. ¿Cómo influyó la música para equilibrar tu vida y permitirte este nivel de expresión?–La música es una extensión de mi vida, de mis brazos y de mi corazón. Es mi forma de charlar con la gente. Como cualquier persona, uno tiene muchas cosas adentro, pero como músico tengo la posibilidad extra de sintetizarlas en una estrofa o un estribillo. Me ayudó a desarrollarme como persona y a cumplir el sueño de recorrer el país, pero siempre con la misma responsabilidad de estar cerca de la gente.La hora de la composiciónSobre su proceso creativo, Pennisi explica que en verano la dinámica de los viajes es intensa y deja poco margen para la composición, aunque siempre busca momentos de silencio por la noche cuando el mundo descansa. No se considera alguien que pueda “decidir” ser creativo de 9 a 5, pero sí mantiene una rutina de ir al estudio o de escuchar discos como quien va al gimnasio. A veces, una canción lo conmueve hasta las lágrimas y, sin tener la guitarra a mano, graba la melodía en su celular para no perder la idea.–Nahuel, alguna vez me dijiste que el no ser vidente te daba incluso un “superpoder” de sensibilidad. ¿Cómo convivís hoy con esa condición?–Yo siempre crecí de forma muy normal gracias a mis viejos, que nunca me transmitieron que por no ver tenían que ayudarme de más; siempre fueron muy terrenales. Uno se tiene que hacer amigo de cómo es, sin obviar las características de uno, pero sin que sean lo principal. Lo principal es que soy feliz y que me dedico a la música. Sobre el “superpoder”, me doy cuenta de que lo visual ocupa el 80% de lo que hace la gente. Cerrar los ojos para escuchar permite recibir la palabra del otro de otra forma, con más atención. Por eso hicimos la presentación de mi disco Momentos en el Teatro Ciego: quería que la gente se olvidara de la dinámica visual y se entregara a los aromas y a los sonidos.Para verNahuel Pennisi se presenta este domingo en la segunda luna del Festival Nacional de Folklore de Cosquín. Esa noche también estarán Dúo Coplanacu, Flor Castro y Rocío Villegas, Raly Barrionuevo, Paola Bernal, Facundo Toro y Cazzu. La Voz

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