El cerebro es uno de los órganos más demandantes del cuerpo humano. Diversos estudios en neurociencia coinciden en que utiliza cerca del 20% de la energía total del organismo, una proporción que en la infancia puede ser incluso mayor. Para sostener esta actividad constante, no alcanza solo con calorías: la salud cerebral depende en gran medida de la presencia adecuada de vitaminas y micronutrientes que intervienen en procesos clave del sistema nervioso.
Qué nutrientes aportan estas vitaminas
A diferencia de los macronutrientes, los micronutrientes no aportan energía directa, pero son indispensables para que el cerebro pueda producirla y utilizarla de manera eficiente. Dentro de este grupo, las vitaminas del complejo B ocupan un lugar central. La B1, B2, B3, B5, B6, B7, B9 y B12 participan activamente en el metabolismo energético, la síntesis de neurotransmisores y la protección de las neuronas frente al desgaste diario.

La evidencia científica señala al menos siete funciones fundamentales de estos nutrientes en la salud mental. Regulan los niveles de homocisteína, un compuesto que en exceso se asocia con deterioro cognitivo; permiten la producción de ATP, la “moneda energética” del cerebro; facilitan la fabricación de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y el GABA; y mantienen la integridad de la mielina, la sustancia que recubre las neuronas y asegura una transmisión eficiente de los impulsos nerviosos.
Otros micronutrientes también cumplen un rol decisivo. Los ácidos grasos omega-3, especialmente el DHA y el EPA, forman parte de la estructura de las membranas neuronales. Las vitaminas C y E actúan como antioxidantes, protegiendo al cerebro del estrés oxidativo. A su vez, la vitamina D y los flavonoides presentes en frutas y verduras influyen en la plasticidad neuronal, clave para el aprendizaje y la memoria.

Uno de los puntos más sensibles es la vitamina B12. Su deficiencia se vincula con alteraciones en la materia blanca del cerebro y con un menor rendimiento cognitivo.
El problema es que los análisis convencionales pueden no detectar carencias funcionales, ya que miden la B12 total y no siempre reflejan la cantidad realmente utilizable por las células. Por todo esto, una alimentación variada, rica en vegetales, frutas, proteínas de calidad y grasas saludables, es una estrategia fundamental para cuidar el cerebro.
El cerebro es uno de los órganos más demandantes del cuerpo humano. Diversos estudios en neurociencia coinciden en que utiliza cerca del 20% de la energía total del organismo, una proporción que en la infancia puede ser incluso mayor. Para sostener esta actividad constante, no alcanza solo con calorías: la salud cerebral depende en gran medida de la presencia adecuada de vitaminas y micronutrientes que intervienen en procesos clave del sistema nervioso.Qué nutrientes aportan estas vitaminas A diferencia de los macronutrientes, los micronutrientes no aportan energía directa, pero son indispensables para que el cerebro pueda producirla y utilizarla de manera eficiente. Dentro de este grupo, las vitaminas del complejo B ocupan un lugar central. La B1, B2, B3, B5, B6, B7, B9 y B12 participan activamente en el metabolismo energético, la síntesis de neurotransmisores y la protección de las neuronas frente al desgaste diario.La evidencia científica señala al menos siete funciones fundamentales de estos nutrientes en la salud mental. Regulan los niveles de homocisteína, un compuesto que en exceso se asocia con deterioro cognitivo; permiten la producción de ATP, la “moneda energética” del cerebro; facilitan la fabricación de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y el GABA; y mantienen la integridad de la mielina, la sustancia que recubre las neuronas y asegura una transmisión eficiente de los impulsos nerviosos.Otros micronutrientes también cumplen un rol decisivo. Los ácidos grasos omega-3, especialmente el DHA y el EPA, forman parte de la estructura de las membranas neuronales. Las vitaminas C y E actúan como antioxidantes, protegiendo al cerebro del estrés oxidativo. A su vez, la vitamina D y los flavonoides presentes en frutas y verduras influyen en la plasticidad neuronal, clave para el aprendizaje y la memoria.Uno de los puntos más sensibles es la vitamina B12. Su deficiencia se vincula con alteraciones en la materia blanca del cerebro y con un menor rendimiento cognitivo.El problema es que los análisis convencionales pueden no detectar carencias funcionales, ya que miden la B12 total y no siempre reflejan la cantidad realmente utilizable por las células. Por todo esto, una alimentación variada, rica en vegetales, frutas, proteínas de calidad y grasas saludables, es una estrategia fundamental para cuidar el cerebro. La Voz

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