La Voz
La interna del peronismo en la provincia de Buenos Aires comenzará a definir el reordenamiento de la oposición de cara a 2027, cuando el presidente Javier Milei pondrá en juego la continuidad del modelo libertario. Lo que hasta hace no mucho tiempo era una convivencia tensa y administrada entre las distintas expresiones del justicialismo se transformó en una disputa abierta por el control del Partido Justicialista (PJ) bonaerense, con la sucesión de Máximo Kirchner como teatro de la pelea y la proyección de fuerzas hacia el futuro liderazgo del espacio en la principal provincia del país.
La provincia de Buenos Aires —que concentra casi el 40 % del electorado nacional— es el territorio que controla el peronismo, que el año pasado ganó la elección provincial de septiembre y perdió la nacional de octubre.
Máximo Kirchner, quien lidera el PJ bonaerense desde 2021, encara el cierre de su mandato envuelto en una interna que ya excede la mera cuestión orgánica y se proyecta como una pulseada de liderazgo para el ciclo 2027. Axel Kicillof cree que hay que dejar atrás el kirchnerismo, de donde él emergió, por lo que lanzó su Movimiento Derecho al Futuro (MDF).

El conflicto interno no es nuevo: venía fermentando desde las decisiones estratégicas de los últimos años, en particular el desdoblamiento electoral de 2025 dispuesto por el gobernador Axel Kicillof. Según dirigentes vinculados a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, ese movimiento perjudicó la performance del peronismo en las elecciones nacionales, responsabilizando directamente a la Casa Rosada bonaerense por la derrota relativa en un bastión tradicional del espacio.
Hoy, esa tensión se traduce en una disputa por la conducción del PJ provincial que tiene dos ejes enfrentados: por un lado, quienes responden al kirchnerismo duro y buscan mantener la conducción orgánica bajo el liderazgo de Máximo Kirchner y sus aliados; por otro, el sector identificado con Kicillof y con los jefes comunales del denominado MDF, que impulsan un recambio y proponen una conducción alineada con la gestión provincial.
¿Quiénes compiten por la conducción?
En este contexto, los nombres y respaldos comienzan a articularse en dos grandes bloques. El primero está vinculado a Máximo Kirchner, quien ha ratificado su voluntad de competir por la reelección en la presidencia del PJ bonaerense. Alrededor suyo se alinean dirigentes vinculados a La Cámpora y sectores fieles al proyecto político impulsado históricamente por su madre. Figuras territoriales como Mariel Fernández —intendenta de Moreno—, Federico Otermín –Lomas de Zamora– y Leonardo Nardini –Malvinas Argentinas–.

Del otro lado, el grupo que orbita alrededor de Axel Kicillof promueve una lista alternativa encabezada por Verónica Magario, su vicegobernadora y una figura con amplia experiencia dentro del peronismo bonaerense. Magario emerge como la carta más fuerte del kicillofismo para disputar la presidencia del PJ provincial, con el respaldo de un sector de intendentes que busca revitalizar al partido desde la gestión municipal y provincial.
Además, son potenciales candidatos el intendente de La Plata,Julio Alak, y su ministro de Infraestructura, Gabriel Katopodis, reconocido por su larga militancia.
El contexto de la ruptura
Para comprender el viraje de esta disputa, es necesario remontarse al momento en que la relación entre Kicillof y Cristina Fernández de Kirchner comenzó a tensarse. Hasta hace apenas unos años, el actual gobernador bonaerense era visto como uno de los dirigentes con mayor proyección dentro del kirchnerismo tradicional y llegó a posicionarse como un posible sucesor de la expresidenta, quien, por cierto, siempre se inclinó por su hijo y La Cámpora.
Sin embargo, el punto de inflexión se dio con la decisión de desdoblar las elecciones provinciales de las nacionales en 2025, una jugada estratégica de Kicillof que fue vista por sectores del kirchnerismo como una ruptura del consenso político interno. Cristina Kirchner criticó públicamente esa estrategia, considerándola un error que abrió una puerta de vulnerabilidad para el peronismo, especialmente en Buenos Aires.

Así, el peronismo ganó las elecciones provinciales de septiembre del año pasado, cuando se renovaron la Legislatura provincial y los concejos deliberantes, pero perdió la elección nacional, lo que le permitió a Milei festejar un triunfo nacional contundente.
Esa tensión política y estratégica derivó en el debilitamiento de la relación entre el kirchnerismo y el gobernador bonaerense. Donde antes hubo colaboración y liderazgo compartido, hoy se observa una división que, lejos de cerrarse, se profundiza con la cercanía de la elección interna del PJ provincial.
¿Hacia dónde va el peronismo?
La contienda interna bonaerense tiene implicancias que exceden la mera disputa por la presidencia del PJ. Para analistas y dirigentes, la pelea entre Kirchnerismo y kicillofismo representa también la definición de dos proyectos distintos para el peronismo: uno centrado en la continuidad del relato tradicional y el liderazgo de figuras estrechamente vinculadas a Cristina Kirchner; y otro que apuesta a una renovación dirigencial, con base en la gestión territorial y un perfil más pragmático frente a los desafíos que impone el actual escenario político nacional.
Con las internas previstas para marzo de 2026, cuando los afiliados bonaerenses definirán quién conduce el partido, y con una proyección hacia 2027 —año clave para la elección presidencial—, la principal fuerza opositora al oficialismo nacional vive, en Buenos Aires, una de sus batallas más definitorias de los últimos años.
La interna del peronismo en la provincia de Buenos Aires comenzará a definir el reordenamiento de la oposición de cara a 2027, cuando el presidente Javier Milei pondrá en juego la continuidad del modelo libertario. Lo que hasta hace no mucho tiempo era una convivencia tensa y administrada entre las distintas expresiones del justicialismo se transformó en una disputa abierta por el control del Partido Justicialista (PJ) bonaerense, con la sucesión de Máximo Kirchner como teatro de la pelea y la proyección de fuerzas hacia el futuro liderazgo del espacio en la principal provincia del país. La provincia de Buenos Aires —que concentra casi el 40 % del electorado nacional— es el territorio que controla el peronismo, que el año pasado ganó la elección provincial de septiembre y perdió la nacional de octubre. Máximo Kirchner, quien lidera el PJ bonaerense desde 2021, encara el cierre de su mandato envuelto en una interna que ya excede la mera cuestión orgánica y se proyecta como una pulseada de liderazgo para el ciclo 2027. Axel Kicillof cree que hay que dejar atrás el kirchnerismo, de donde él emergió, por lo que lanzó su Movimiento Derecho al Futuro (MDF).El conflicto interno no es nuevo: venía fermentando desde las decisiones estratégicas de los últimos años, en particular el desdoblamiento electoral de 2025 dispuesto por el gobernador Axel Kicillof. Según dirigentes vinculados a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, ese movimiento perjudicó la performance del peronismo en las elecciones nacionales, responsabilizando directamente a la Casa Rosada bonaerense por la derrota relativa en un bastión tradicional del espacio. Hoy, esa tensión se traduce en una disputa por la conducción del PJ provincial que tiene dos ejes enfrentados: por un lado, quienes responden al kirchnerismo duro y buscan mantener la conducción orgánica bajo el liderazgo de Máximo Kirchner y sus aliados; por otro, el sector identificado con Kicillof y con los jefes comunales del denominado MDF, que impulsan un recambio y proponen una conducción alineada con la gestión provincial. ¿Quiénes compiten por la conducción?En este contexto, los nombres y respaldos comienzan a articularse en dos grandes bloques. El primero está vinculado a Máximo Kirchner, quien ha ratificado su voluntad de competir por la reelección en la presidencia del PJ bonaerense. Alrededor suyo se alinean dirigentes vinculados a La Cámpora y sectores fieles al proyecto político impulsado históricamente por su madre. Figuras territoriales como Mariel Fernández —intendenta de Moreno—, Federico Otermín –Lomas de Zamora– y Leonardo Nardini –Malvinas Argentinas–. Del otro lado, el grupo que orbita alrededor de Axel Kicillof promueve una lista alternativa encabezada por Verónica Magario, su vicegobernadora y una figura con amplia experiencia dentro del peronismo bonaerense. Magario emerge como la carta más fuerte del kicillofismo para disputar la presidencia del PJ provincial, con el respaldo de un sector de intendentes que busca revitalizar al partido desde la gestión municipal y provincial. Además, son potenciales candidatos el intendente de La Plata,Julio Alak, y su ministro de Infraestructura, Gabriel Katopodis, reconocido por su larga militancia.El contexto de la rupturaPara comprender el viraje de esta disputa, es necesario remontarse al momento en que la relación entre Kicillof y Cristina Fernández de Kirchner comenzó a tensarse. Hasta hace apenas unos años, el actual gobernador bonaerense era visto como uno de los dirigentes con mayor proyección dentro del kirchnerismo tradicional y llegó a posicionarse como un posible sucesor de la expresidenta, quien, por cierto, siempre se inclinó por su hijo y La Cámpora. Sin embargo, el punto de inflexión se dio con la decisión de desdoblar las elecciones provinciales de las nacionales en 2025, una jugada estratégica de Kicillof que fue vista por sectores del kirchnerismo como una ruptura del consenso político interno. Cristina Kirchner criticó públicamente esa estrategia, considerándola un error que abrió una puerta de vulnerabilidad para el peronismo, especialmente en Buenos Aires. Así, el peronismo ganó las elecciones provinciales de septiembre del año pasado, cuando se renovaron la Legislatura provincial y los concejos deliberantes, pero perdió la elección nacional, lo que le permitió a Milei festejar un triunfo nacional contundente. Esa tensión política y estratégica derivó en el debilitamiento de la relación entre el kirchnerismo y el gobernador bonaerense. Donde antes hubo colaboración y liderazgo compartido, hoy se observa una división que, lejos de cerrarse, se profundiza con la cercanía de la elección interna del PJ provincial. ¿Hacia dónde va el peronismo?La contienda interna bonaerense tiene implicancias que exceden la mera disputa por la presidencia del PJ. Para analistas y dirigentes, la pelea entre Kirchnerismo y kicillofismo representa también la definición de dos proyectos distintos para el peronismo: uno centrado en la continuidad del relato tradicional y el liderazgo de figuras estrechamente vinculadas a Cristina Kirchner; y otro que apuesta a una renovación dirigencial, con base en la gestión territorial y un perfil más pragmático frente a los desafíos que impone el actual escenario político nacional. Con las internas previstas para marzo de 2026, cuando los afiliados bonaerenses definirán quién conduce el partido, y con una proyección hacia 2027 —año clave para la elección presidencial—, la principal fuerza opositora al oficialismo nacional vive, en Buenos Aires, una de sus batallas más definitorias de los últimos años.

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