Alrededor de las listas de los libros más vendidos, aparecen las tendencias. En el 2025 que acaba de partir, un notorio porcentaje de novedades literarias lo ocupó un subgénero no oficial creciente en nuestro país: cozy lit o literatura acogedora. Son obras en las que la ficción se pone al servicio del bienestar del lector.
La industria editorial se apropió de esta categoría que en el cine funciona desde hace tiempo bajo la etiqueta “película Hallmark”: historias predecibles, finales felices y lecciones de vida.
Desde hace poco más de un año, ese contenido se encauza en los libros a través de literatura japonesa y coreana que, con un estilo opuesto al vértigo aceleracionista occidental, potencian el carácter reconfortante.
Una visita a cualquier librería basta para identificar desde lejos la estética de las portadas: colores pasteles, gatos, libros, un café humeante y, en ocasiones, una mujer. Son historias que transcurren en librerías o en bares, con personajes psicológicamente llanos que movilizan una trama igual de simple.
Los mecanismos de la ficción se proponen despertar emociones en vez de conmociones, ofrecer una lectura veloz que no demande demasiada concentración y, sobre todo, alcanzar una fuerte identificación del lector con personajes que sanan y se superan a sí mismos.
Para no ver(se)
Un caso paradigmático fue el éxito de El gato que amaba los libros, de Sosuke Natsukawa, editado en español en 2022 y convertido rápidamente en bestseller.
Esta novela de fantasía está narrada por un adolescente que hereda una biblioteca y es guiado por una gata en su misión por salvar libros que están en peligro.
El fenómeno se configura con la posterior aparición de obras editadas en su mayor parte por el sello Letras de Plata, como Mis días en la librería Morisaki y Una velada en la librería Morisaki, de Satoshi Yagisawa, Historias del taller de cerámica Soyo, de Somin Yeon, y La cocina de los libros de Soyangri, de Jee-hye Kim.
El origen oriental de los libros más famosos de este acertado marketing editorial no es casual.
El sentido común atribuye de manera infundada una sabiduría reverencial hacia las enseñanzas de una cultura tan milenaria como cualquier otra, lo que vuelve más fácil su adopción como historias que llenan el alma y descubren un sentido nuevo de la vida.
Se ofrece, en realidad, una versión edulcorada de los problemas humanos que consolidan a la cozy lit como literatura de evasión.
No fingir demencia
Las promociones de estas novelas acogedoras a menudo están acompañadas de una performance de la lectura. Desde el diseño editorial, se apunta a un público en gran parte femenino que lee mientras toma un café, que enciende una vela y pone música amena. El acto de leer se vuelve una fórmula tan estereotipada, como las historias de cozy lit.
La teoría literaria abunda en respuestas a la pregunta por las funciones que cumple la literatura. Frente a tanta fórmula editorial, vale la pena recuperar a la literatura como instrumento que acerca la alteridad, que matiza lo establecido e intenta escapar creativamente a los estereotipos.
Es una función que le atribuye la capacidad de forjar la percepción del mundo y de nosotros mismos.
La literatura fuertemente estereotipada corre el riesgo de someter a los lectores a ese mismo fenómeno, hasta en la forma misma de llevar a cabo el acto de leer.
Su aspecto de mero entretenimiento, incluso como antídoto a las fuerzas voraces de las pantallas, no la vuelve inocua en sus efectos.
Se ha vuelto un principio indiscutible que leer es mejor que surfear en las redes sociales, sin precisar qué se lee o cómo se navega por esas redes.
En estas semanas de receso estival que permiten dedicarle más tiempo a la lectura, tal vez sea la mejor ocasión para preguntarnos si vale la pena leer cualquier cosa en el afán de soltar el celular. Bien puede haber una trampa donde lo acogedor se vuelva un ocultamiento de nosotros y nuestro entorno.
Alrededor de las listas de los libros más vendidos, aparecen las tendencias. En el 2025 que acaba de partir, un notorio porcentaje de novedades literarias lo ocupó un subgénero no oficial creciente en nuestro país: cozy lit o literatura acogedora. Son obras en las que la ficción se pone al servicio del bienestar del lector.La industria editorial se apropió de esta categoría que en el cine funciona desde hace tiempo bajo la etiqueta “película Hallmark”: historias predecibles, finales felices y lecciones de vida. Desde hace poco más de un año, ese contenido se encauza en los libros a través de literatura japonesa y coreana que, con un estilo opuesto al vértigo aceleracionista occidental, potencian el carácter reconfortante.Una visita a cualquier librería basta para identificar desde lejos la estética de las portadas: colores pasteles, gatos, libros, un café humeante y, en ocasiones, una mujer. Son historias que transcurren en librerías o en bares, con personajes psicológicamente llanos que movilizan una trama igual de simple. Los mecanismos de la ficción se proponen despertar emociones en vez de conmociones, ofrecer una lectura veloz que no demande demasiada concentración y, sobre todo, alcanzar una fuerte identificación del lector con personajes que sanan y se superan a sí mismos.Para no ver(se)Un caso paradigmático fue el éxito de El gato que amaba los libros, de Sosuke Natsukawa, editado en español en 2022 y convertido rápidamente en bestseller. Esta novela de fantasía está narrada por un adolescente que hereda una biblioteca y es guiado por una gata en su misión por salvar libros que están en peligro.El fenómeno se configura con la posterior aparición de obras editadas en su mayor parte por el sello Letras de Plata, como Mis días en la librería Morisaki y Una velada en la librería Morisaki, de Satoshi Yagisawa, Historias del taller de cerámica Soyo, de Somin Yeon, y La cocina de los libros de Soyangri, de Jee-hye Kim.El origen oriental de los libros más famosos de este acertado marketing editorial no es casual. El sentido común atribuye de manera infundada una sabiduría reverencial hacia las enseñanzas de una cultura tan milenaria como cualquier otra, lo que vuelve más fácil su adopción como historias que llenan el alma y descubren un sentido nuevo de la vida.Se ofrece, en realidad, una versión edulcorada de los problemas humanos que consolidan a la cozy lit como literatura de evasión. No fingir demenciaLas promociones de estas novelas acogedoras a menudo están acompañadas de una performance de la lectura. Desde el diseño editorial, se apunta a un público en gran parte femenino que lee mientras toma un café, que enciende una vela y pone música amena. El acto de leer se vuelve una fórmula tan estereotipada, como las historias de cozy lit.La teoría literaria abunda en respuestas a la pregunta por las funciones que cumple la literatura. Frente a tanta fórmula editorial, vale la pena recuperar a la literatura como instrumento que acerca la alteridad, que matiza lo establecido e intenta escapar creativamente a los estereotipos. Es una función que le atribuye la capacidad de forjar la percepción del mundo y de nosotros mismos.La literatura fuertemente estereotipada corre el riesgo de someter a los lectores a ese mismo fenómeno, hasta en la forma misma de llevar a cabo el acto de leer. Su aspecto de mero entretenimiento, incluso como antídoto a las fuerzas voraces de las pantallas, no la vuelve inocua en sus efectos.Se ha vuelto un principio indiscutible que leer es mejor que surfear en las redes sociales, sin precisar qué se lee o cómo se navega por esas redes. En estas semanas de receso estival que permiten dedicarle más tiempo a la lectura, tal vez sea la mejor ocasión para preguntarnos si vale la pena leer cualquier cosa en el afán de soltar el celular. Bien puede haber una trampa donde lo acogedor se vuelva un ocultamiento de nosotros y nuestro entorno. La Voz

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