Los discursos de apertura de sesiones legislativas, tanto el del presidente Javier Milei como el del gobernador Sergio Ziliotto, dejaron algo brutalmente claro: ambos están ubicados en puntos totalmente opuestos del escenario político. La polarización es extrema. Todo es blanco y negro. Peronismo o libertarios. Y el choque definitivo de estos dos mundos enfrentados será en 2027.

De un lado, La Pampa peronista que aguanta. Del otro, la horca libertaria que ajusta y avanza. Puede discutirse si el discurso provincial fue más o menos filoso, pero fue claro. El de las políticas posibles. Las que se pueden sostener pese al abandono y al ajuste nacional que golpean las arcas provinciales. Mencionó producción, empatía, solidaridad, Estado más justo, calidad de respuesta. La apelación constante a un Estado que no se retira cuando arrecia la tormenta.

Ziliotto habló de una provincia demasiado tranquila. Orden y trabajo. Solidaridad social. Pero ese capital es frágil cuando el sufrimiento lo erosiona. La calma no es infinita. La paciencia social tampoco. En esa tensión se mueve el oficialismo pampeano: ser un dique ante lo que considera una marea de crueldad. Los intendentes peronistas Fernanda Alonso en General Pico y Luciano Di Nápoli en Santa Rosa repitieron el tono y el fondo. Defender las políticas públicas como escudo frente al vendaval.

En la otra orilla, Milei ofreció un espectáculo de furia. Un show con datos mentirosos, tono violento y clima de campaña permanente. La apelación a los kukas para mantener un cuco vivo con el que hacer odiar o asustar a los propios. Es un modelo que baja impuestos a los ricos y aplica el látigo sobre la gente de a pie. De moralina en el discurso y acusaciones de corrupción, cuando están complicados por el caso Libra o el 3 % de la ANDIS. Una prédica que promete dinamitarlo todo para modernizar el país, aunque las esquirlas caigan sobre los mismos de siempre.

Son los dos modelos que se enfrentarán en La Pampa en 2027. No hay misterio. La polarización ya está escrita. Será peronismo o libertarios. La oposición antiperonista, aunque intente matices, termina arrastrada hacia ese extremo. La fuerza de gravedad del escenario nacional no permite posturas cómodas.

¿Quién encabezará el antiperonismo? Desde el lado libertario provincial asoma la figura del agitador Javier Ravier, que apunta siempre a Casa de Gobierno y a los «ñoquis», con un discurso de demolición del Estado. Con él no hay incógnita sobre el modelo que va a tener La Pampa libertaria: reducir, ajustar, desarmar. Del lado radical, parece puesto el nombre de Martín Berhongaray, que hoy se esconde en el silencio. Un radicalismo que piensa en un modelo más moderado, pero que está condenado al abrazo de oso del oficialismo nacional, del que será aliado electoral y, tarde o temprano, le exigirá foto y definición. Comparte electorado con los violetas y eso lo condiciona a extremar su discurso y sus ideas. Comparte clima. Comparte época. ¿Compartirá el ajuste y el abandono?

Las críticas opositoras al mensaje del gobernador Ziliotto llegaron previsibles. Que fue poco ambicioso. Que hay que votar otra cosa para desarrollar la provincia. El problema es la contradicción de la oposición antiperonista: golpear al peronismo y apoyar un modelo libertario que deja a la provincia sin obra pública y con bolsillos vacíos, mientras ellos prometen crecimiento. Gobernar sin recursos no es una consigna heroica. Es administrar ruinas.

Del lado del peronismo, La Pampa se desmarca pero termina siendo víctima de la profunda crisis que arrastra el PJ. El liderazgo de Cristina Kirchner se apaga y mancha al resto. Axel Kicillof emerge, pero está atrapado en su propia interna bonaerense. Algunos hablan de un peronismo zombi que camina sin brújula mientras los libertarios avanzan con la motosierra en alto.

En La Pampa, la incertidumbre parece imperar. Está el pensamiento de que el experimento libertario, ese antiperonismo de malos modales, puede durar lo que dure el dólar barato. Macri en 2018 parecía invencible, y en meses se derrumbó. Pero por ahora, la gestión recalcula y otros ya hacen cuentas como si el 2027 fuera mañana. El peronismo pampeano necesita certezas y conducción frente al caos.

La pelea en 2027 será entre dos modelos en La Pampa: es el Estado como dique o el Estado como escombro. Blanco o negro.

(*) Por Norberto G. Asquini (periodista)

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