Los expertos no se cansan de decirlo: una de las claves para llevar una vida saludable no se basa en implementar cambios rotundos y drásticos, sino en lograr afianzar hábitos vinculados a la alimentación, la actividad física, el descanso adecuado y el manejo estrés.
Es decir, es mejor empezar a incorporar el hábito, por ejemplo, de moverse, caminando a paso apurado todas las mañanas durante 20, 30 o 40 minutos y sostenerlo; que pasar del sedentarismo a pretender ir al gimnasio cuatro veces por semana, una meta difícil de alcanzar.
Algo parecido ocurre con la alimentación: pasar de no prestarle ningún tipo de atención a la nutrición a limitar todas las comidas para priorizar alimentos no calóricos, parece algo difícil de mantener en el tiempo. Y no necesariamente es la manera indicada, todo lo contrario: luego vienen juntas las ganas de comer (mucho) eso que se sale de la lista de permitidos.
En esa línea se inscribe el planteo de la nutricionista Laura Romano, directora de SENDA, en lo que respecta al descenso de peso. Según se desprende de su explicación, de nada sirve intentar bajar la grasa corporal de manera rápida, ya que, dado el mecanismo por el cual sucede, es imposible que ocurra de un día para otro.
Por otro lado, el descenso abrupto encierra el riesgo de bajar algo que no queremos: la masa muscular.
La nutricionista explica que el descenso de la grasa corporal lleva tiempo, lo cual parece operar en contra de la lógica tan arraigada del “todo o nada”, que alimenta la expectativa de ver efectos rápidos. Sosteniendo hábitos saludables los resultados llegarán, pero no en forma inmediata.
El kilo de grasa y las 7 mil calorías
“La grasa se baja lento”, dice Romano, antes de precisar que un kilo de grasa almacena 7 mil calorías. «Por ende -explica-, para haber subido un kilo de grasa tuviste que haber comido 7 mil calorías de más, y lo mismo ocurre, pero a la inversa, para bajar un kilo de grasa: hay que bajar 7 mil calorías”.
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La nutricionista aclara que, en realidad, cada gramo de grasa almacena 9 calorías, pero se calcula que más allá de la grasa almacenada en el tejido adiposo hay también membranas celulares y tejido alrededor de la grasa, lo que hace que en vez de calcular que un kilo son 9 mil calorías, se calcula entre 7 y 8 mil, más precisamente, 7700. A fines prácticos, se redondeó en 7 mil.
Ahora bien, es evidente que no se pueden perder 7 mil calorías «de prepo». Por eso, la nutricionista propone dividir 7 mil en 30, los días del mes, apuntando a generar pequeños cambios sostenidos en el tiempo.
«Si hacemos la cuenta: divido 7 mil en 30 días, son 233 calorías por día. Es un puñado generoso de frutos secos, una cucharada menos de comida al mediodía y otra a la noche», propone.
Y suma que esas doscientas calorías también pueden ser gastadas: «una caminata moderada, ni siquiera intensa, de una hora, son 200 calorías», ejemplifica.
¿Qué se baja cuando se baja de peso rápidamente?
Teniendo en cuenta el punto señalado por Romano, puede deducirse que un descenso de peso abrupto no solamente será difícil de sostener en el tiempo, sino que además nos puede hacer bajar indicadores que son importantes para la salud, y que por ende no queremos reducir, como la masa muscular.
La respuesta a ambas cuestiones, tan a contramano de la ansiedad reinante (querer ver resultados inmediatos sin priorizar el proceso); es el cambio de hábitos.
“No hace falta matarse para bajar la grasa”, alienta, “sino que haciendo pequeñas diferencias cada día sostenidas en el tiempo, vas a ver la gran diferencia”, dice Romano.
“El peso no baja de manera lineal, sino que pequeños cambios sostenidos en el tiempo son mucho más grandes de lo que vos te imaginás”, alienta la profesional.
La lógica del 80/20
Romano viene insistiendo desde hace mucho tiempo en que la clave para el descenso de peso no se basa en dietas restrictivas, que generan un descenso abrupto cuya lógica impide que se sostenga en el tiempo (nadie puede vivir mucho tiempo sin comer nada calórico o ”prohibido”).
El método 80/20 admite los antojos, de manera acotada. Foto ilustración Adobe Stock.Por el contrario, propone que sostengamos durante el 80% del tiempo hábitos saludables y “medidos” (comer alimentos nutritivos, variados, en porciones que no resulten excesivas), y destinar el 20% del tiempo restante, a comer cosas que nos gusten aunque no sean saludables, y en porciones más relajadas.
“Somos seres sociales”, suele decir, y no es conveniente desestimar el placer que produce en encuentros o en soledad en momentos determinados, hacerle lugar al deseo. Si se lo prohíbe, encontrará la forma de volver, y de maneras poco medidas, como los atracones.
Siguiendo la línea del 80/20, esto se traduce, en caso de necesitar sistematizarlo, en que de 28 comidas que tiene la semana (4×7), 23 deberían ser saludables, mientras que en 5 de ellas podemos incluir alimentos poco saludables, como snacks, helado, alguna hamburguesa. La clave está en el equilibrio.
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