Aunque estemos mirando al frente, podemos percibir lo que pasa a nuestros costados sin necesidad de girar la cabeza. Claro que no vamos a verlo con nitidez, pero sí tenemos la capacidad de advertir siluetas, luces y movimiento. Todo entra en nuestro campo visual.
El problema es que en muchas personas y por diferentes causas, aunque no lo noten, esa panorámica se ve afectada, reducida, a tal punto que, según la severidad, es como si miraran a través de un tubo.
Se estima que entre el 3% y el 20% de la población presenta defectos en el campo visual, leves o graves, informan desde el Consejo Argentino de Oftalmología (CAO) y la Cámara de Medicina Oftalmológica (CAMEOF). La prevalencia aumenta con la edad: afecta a uno de cada cinco mayores de 65 años.
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La pérdida del campo visual es más bien periférica (empieza desde los costados hacia el centro). Por eso, quien la sufre, al menos en las primeras etapas, puede llegar a leer bien letras pequeñitas, lo que determina su agudeza visual. Se sienta a leer un libro y puede hacerlo.
Pero, ¿qué pasa si está conduciendo y un ciclista asoma por el costado?
“La Ley de Tránsito argentina es clara: para conducir se requiere un campo visual mínimo. El examen obligatorio, sin embargo, se limita a la agudeza visual, es decir, a qué tan nítido se ve”, dicen desde CAO y CAMEOF.
En un comunicado conjunto, las dos entidades advirtieron que quienes conducen con el campo visual alterado duplican la tasa de accidentes visuales respecto del promedio y que la mitad de las personas en las que se detecta un defecto “no es consciente de su limitación”.
A raíz de eso, proponen que la valoración ocular por encima de los 65 años dependa de un certificado extendido por un oftalmólogo y que ese examen incluya un campo visual.
“Al examen le está faltando una pata, que no se está implementando a la velocidad que debería hacerse”, dijo a Clarín Gustavo Bodino, presidente de la CAMEOF e integrante de la comisión de salud visual del CAO.
«Se han hecho algunas pruebas con equipos que evalúan un campo visual muy básico, pero que sería sumamente valioso, aunque más no sea este campo visual básico horizontal», consideró.
—¿Qué es el campo visual?
—Cuando uno mira un punto fijo en el horizonte o en el fondo de una habitación, si hay alguien o algo a mi derecha o a mi izquierda o arriba o abajo también entra en nuestro campo. No tiene definición, no hay precisión del detalle, pero sí aparece en una imagen que permite armar justamente lo que es el campo visual.
El médico oftalmólogo precisó que, entre los dos ojos abarcamos 180 grados hacia los costados: «es decir, hacia la zona que llamamos temporal, tenemos más o menos 90 grados a cada lado. Alrededor de 60 hacia arriba, unos 75 grados hacia abajo y otros 60 hacia la zona de la nariz».
Por lo tanto, «si uno va manejando con la vista al frente, viene un auto por la derecha en una bocacalle, y uno lo ve. Y si quiere precisar con detalles, gira en la cabeza y le pega la visión macular, que es la que da la agudeza visual».
—Eso último es lo que nos miden cuando vamos a sacar o renovar el registro.
—Exactamente, nos miden la agudeza visual. Entonces, cuando uno quiere observar detalle de cualquier cosa, enfoca con esa pequeña parte de la retina que recibe el nombre de mácula. Y eso nos da la agudeza visual.
Pero hay múltiples enfermedades, principalmente el glaucoma (que es muy frecuente y que la gente que la padece no suele ser consciente del daño que puede generarle no tratarla precozmente), que producen defectos campimétricos.
Las personas con glaucoma comienzan a tener una disminución del campo visual que finalmente puede conducir a un defecto importante, a punto tal que puede llegar a lo que llamamos visión en caño de escopeta.
—¿Qué sería la visión en caño de escopeta?
—Es como si mirases a través de un tubo. Para simularlo, podemos ponernos un cartoncito de papel higiénico en cada ojo. Para adelante se ve fenómeno, pero a los costados no vemos nada. Bueno, esto es un poco la etapa final de un paciente con un glaucoma, que puede terminar en ceguera.
Pero antes de llegar al estadio tan avanzado, hay defectos campimétricos que pueden alterar su calidad de visión para conducir.
—Sin embargo, si logra ver las letras en la prueba, nadie se da cuenta de que no ve a los costados.
—Por eso es importante que se trate de incorporar a nuestro examen visual de licencia de conducir un campo visual básico. Hay aparatos con los que se lo puede evaluar fácilmente. Uno pone los ojos en lo que parece un microscopio que proyecta tres luces: una más fuerte, una intermedia y una más tenue. Si el evaluado ve los tres puntos, vamos a suponer que no hay cosas graves.
Glaucoma, diabetes, ACV y más
La causa más frecuente de alteraciones en el campo visual es el glaucoma, una enfermedad que avanza sin síntomas y que afecta al 2% de la población a partir de los 40. Esa proporción escala al 14% en los mayores de 60.
Pero también pueden provocar defectos campimétricos otras enfermedades como la retinopatía diabética, el desprendimiento de retina, tumores hipofisiarios y la neuritis óptica ligada a enfermedades como la esclerosis múltiple, entre otras.
Además, entre el 20% y el 60% de quienes sufren un ataque cerebrovascular (ACV) sufren como secuelas alteraciones en el campo visual.
Bodino explica que el ojo es un órgano que tiene una característica particular: aunque se inicia en el globo ocular, su nervio llega hasta la corteza occipital, ubicada en la parte posterior de la cabeza. En ese trayecto, la vía óptica presenta un entrecruzamiento a la altura del quiasma óptico, donde se encuentra la hipófisis, de modo que parte de las fibras del ojo derecho pasa al lado izquierdo y viceversa.
“Es una vía muy compleja y cualquier lesión a lo largo de ese recorrido (como puede ocurrir por tumores o accidentes cerebrovasculares, ya sean hemorrágicos o isquémicos) puede generar cambios en el campo visual”, afirmó.
—Independientemente de la causa que genere las alteraciones, quienes sufren estos cambios, ¿se dan cuenta?
—Pueden no ser claramente conscientes de su limitación. Por eso es importante que la población tome conciencia. Hay un desorden en general en muchas especialidades, la oftalmología no es ajena. La gente muchas veces concurre a las ópticas a hacerse el cambio de lentes y esto evita el examen oftalmológico.
Dicen ¿para qué voy a ir si me siento bien? No me duele nada, no tengo el ojo rojo. Bueno, estas son enfermedades silenciosas. Al glaucoma lo llamamos el sigiloso ladrón de la visión. Es como si uno tuviera una pared llena de pequeñas lamparitas y cada una de ellas sería una fibra de nerviosa que lleva la información.
El glaucoma es como si se nos metieran dentro del ojo con un martillo y nos empezaran a romper lamparitas. Entonces, si tiene más presión ocular romperán más lamparitas y se quedará sin visión más rápido y, si no, es una pérdida lenta de fibras que conducen a alteraciones de campo visual y finalmente puede ser responsable de una ceguera.
Hay que hacer exámenes y el único profesional habilitado para hacerlo es el médico oftalmólogo. Los ópticos pueden confeccionar anteojos, hacer adaptación a lente de contacto, pero la consulta oftalmológica es necesaria. Siempre se hace lo básico: agudeza visual, presión ocular, fondo de ojo. A partir de allí, alguna alteración exige estudios específicos, por ejemplo campo visual.
—Una vez detectado, ¿hay forma de corregir la alteración del campo visual?
—No, en general, si el campo visual está alterado por cualquier causa es por la muerte de las fibras nerviosas que llevan la información y eso no se recupera.
—Es decir que no estaría apta para conducir una persona que tiene alterado el campo visual.
—Y, tiene limitaciones importantes. Con un examen de campo visual uno podría determinar hasta dónde estaría o no apta. No es tan fácil de determinar. Hacer una buena evaluación de campo visual requiere aprendizaje, pero es importante que se empiece a tomar conciencia que solamente ver la letra chiquitita no es suficiente.
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