Noemí Silva pide una solución para que sus tres hijos vayan a la escuela.
La vecina contrastó que con el intendente anterior, «si la combi estaba llena de profesores, él mandaba la camioneta municipal con otro chofer, o venía él mismo en persona a buscarlos y traerlos»
Noemí Silva, vecina que reside en un asentamiento que ha crecido exponencialmente en los últimos años al costado de las vías del ferrocarril, paralelas a la Ruta Provincial 102, denunció que el municipio de Metileo decidió interrumpir el servicio de transporte escolar para sus tres hijos. La situación obliga a la familia a exponerse a los peligros de la ruta y a la incertidumbre climática para no perder el ciclo lectivo.
La cronología del conflicto comenzó con un llamado de la asistente social municipal. «Pensé que faltaba alguna documentación del seguro, pero me informaron que se les quitaba el transporte por falta de cupos», relató Noemí. La justificación oficial resulta, cuando menos, contradictoria: mientras se led niega el asiento a tres menores de 6, 11 y 12 años, la madre asegura que las unidades suelen circular con asientos vacíos.
En un intento por obtener respuestas, Silva se reunió con el actual intendente, Carlos Marchisio. Sin embargo, lejos de encontrar una solución institucional, se topó con explicaciones poco claras que desvían la responsabilidad hacia el Ministerio de Educación. Según la versión del jefe comunal, la orden de restringir el servicio provendría de la cartera educativa provincial, bajo el argumento de que el municipio tiene la «obligación» de priorizar el traslado de los docentes que viajan desde General Pico hacia Metileo. Cabe destacar que la combi con los maestros recorre todo el asentamiento al costado de la Ruta 102.
Precariedad y gestiones
La realidad de Noemí es la de muchas familias que habitan el cordón ferroviario, en una situación de ilegalidad que el mismo Estado ha permitido ante el desuso de ese tramo de vías. La mujer describió la precariedad de su situación: su casa está armada con maderas, chapas y cartones, se calefaccionan con leña y la luz proviene de una pantalla solar. Posee una camioneta con el motor roto y una motocicleta averiada, lo que la deja junto a sus niños con dos opciones: hacer dedo o caminar alrededor de 12 kilómetros. «Es un peligro con los camiones, la neblina y la lluvia. Mis hijos no van a poder asistir si no tengo el transporte», lamentó con angustia.
La denuncia pone también de manifiesto un contraste de gestión que los vecinos no pasan por alto. Noemí recordó con nostalgia y firmeza el accionar del anterior intendente, Juan Carlos Pavoni. Según su testimonio, la política de la administración anterior era diametralmente opuesta: «Cuando estaba Pavoni, si la combi estaba llena de profesores, él mandaba la camioneta municipal con otro chofer, o venía él mismo en persona a buscarlos y traerlos». Esta disposición del recurso público en favor de los niños del asentamiento parece haberse extinguido con el cambio de mandato. Mientras Pavoni utilizaba la camioneta oficial para asegurar la escolaridad, hoy ese mismo vehículo parece estar reservado exclusivamente para el uso personal del intendente Marchisio.
Autorización por día
Ante la falta de respuestas —el intendente prometió llamarla hace dos semanas y nunca lo hizo—, Noemí y sus hijos deben salir a la ruta a las 7 de la mañana, en plena oscuridad y bajo el frío, para hacer dedo. «Hoy mi nene de 6 años me decía que fuéramos caminando. Son 13 kilómetros. Es imposible», contó Silva. El desamparo es tal que, en algunas ocasiones, el chofer de la combi los sube por una «autorización de un solo día», dejando a la familia en una situación de mendicidad administrativa constante.
La comunidad educativa también ha mostrado preocupación. Docentes de los niños han remarcado que el transporte no es un favor, sino un derecho consagrado que debe garantizar la permanencia de los alumnos en el sistema. Sin embargo, la respuesta política del intendente de Metileo parece haberse enredado en burocracias y excusas de presupuesto, dejando a tres niños parados frente al asfalto, esperando que un extraño se apiade y los acerque a su derecho a aprender.
La falta de sensibilidad social y la ausencia de una logística que contemple el crecimiento del asentamiento en las vías dejan a la gestión de Marchisio bajo una sombra de cuestionamientos que el silencio telefónico no hace más que profundizar.
Foto: EBDT
eldiariodelapampa

Más historias
Condenan a la banda de Purreta que operaba en Santa Rosa, Toay y la zona
Hallazgo en Guatraché: encuentran a un hombre muerto en su vivienda
Comisaria Primera : El Sem asistió a un borracho que estaba demorado por una colision-Video