Cuando a Esteban González Ballerga le proponen ser entrevistado, acepta de buena gana. Lo ve como una posibilidad de transmitir información basada en la evidencia sobre su órgano favorito al que describe como «a un trabajador incansable, que nunca se queja». Sabe, no obstante, que está en una pelea desigual al intentar combatir la enorme cantidad de mitos y falsas recetas que se promueven para cuidar y desintoxicar el hígado y que, en realidad, lo enferman.

Médico hepátologo, jefe de la División de Gastroenterología del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y ex presidente de la Sociedad Argentina de Hepatología (SAHE), dialogó con Clarín en el marco del Día Mundial del Hígado (que fue el 19) y advirtió que se le está prestando poca importancia al hígado graso, «la enfermedad hepática crónica que más creció en el tiempo y que es la principal causa de trasplante hepático en el mundo occidental».

En su primer año de trabajo, el Observatorio Nacional de Enfermedad Hepática de la SAHE –integrado por más de 130 hepatólogos de casi 175 centros asistenciales de todas las regiones del país-, también dio cuenta a nivel local de este ascenso. «Es decir, ya no es solo Estados Unidos, tenemos datos de Argentina muy contundentes, no podemos seguir haciéndonos los zonzos», exhortó. Y sostuvo que es fundamental generar conciencia acerca de que «si te dicen que el el hígado graso no es nada, hay que rascar un poquito y prestarle atención».

—Dejar de hacerse los zonzos, rascar un poquito…¿Considerás que la comunidad médica subestima al hígado graso?

—Sí, pero somos nosotros mismos los culpables. Hace 30 años, escribíamos que no había que darle pelota, pero hoy sabemos que es un multiplicador de enfermedad cardiovascular. ¿Qué quiero decir? Si tenés hígado graso y tenés diabetes, sobrepeso, potenciás la posibilidad de infartarte, de tener un ataque cerebrovascular. O sea, es un amplificador del daño y también lo es en el cáncer de colon y en todos los cánceres gastrointestinales.

Una enfermedad que cambió de nombre

En las últimas décadas, no solo avanzó el conocimiento sobre la enfermedad, sino también la forma de nombrarla (aunque popularmente se la sigue llamando hígado graso).

En 1980, Jurgen Ludwig utilizó el término esteatohepatitis no alcohólica para referirse a la infiltración grasa del hígado en personas que no tomaban alcohol. Posteriormente, se la llamó enfermedad hepática grasa no alcohólica, concepto que rigió hasta hace pocos años, cuando se modificó al actual: esteatosis hepática metabólica.

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El cambio en la nomenclatura obedece a una realidad: hoy lo que está empujando el avance de casos (se estima que en Argentina afecta a uno de cada tres adultos), es la epidemia de obesidad.

«De ser en los ‘80 la cuarta o quinta causa de cirrosis (la etapa final de la enfermedad), ahora es la primera, la única que va en ascenso, porque la hepatitis C se cura y el alcohol se mantiene parejo en el tiempo, pero la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo muestra que el 60% de nosotros tiene sobrepeso u obesidad”, dice González Ballerga.

Independientemente de cuál sea la causa (la obesidad, el alcohol, o ambas «porque muchas veces se mezclan»), lo que ocurre a medida que avanza la enfermedad es el reemplazo del tejido hepático sano por grasa.

Cualquiera que haya ido a la carnicería sabe cómo luce un hígado, de superficie lisa y color marrón rojizo. En un órgano enfermo, ese tejido empieza a infiltrarse de grasa. «Y eso se va cicatrizando, generando como una banda fibrosa (fibrosis), como diríamos en el campo, se va achicharrando. Y a la larga y lentamente, en forma asintomática, como un asesino silencioso, puede llevar a la cirrosis hepática», alerta el médico.

Esteban González Ballerga es jefe de la División Gastroenterología del Hospital de Clínicas. Foto Gentileza EGB.

¿Cómo se ve eso? A través de una ecografía, se observa que el hígado brilla. Eso, sumado a una o más condiciones del síndrome metabólico (obesidad, diabetes, colesterol o triglicéridos elevados, hipertensión), o a la presencia de antecedentes, constituyen los pilares para hacer el diagnóstico. Por esa razón, se recomienda especialmente a quienes viven con alguno o varios de esos factores de riesgo, la realización de estudios para detectar esteatosis hepática.

—¿El hígado graso se puede revertir?

—Sí, esa es la buena noticia. Si no, parece todo un bajón. Es lo que se llama recompensación hepática. Si yo decía esto en un examen hace 40 años, cuando estudiaba medicina, no me desaprobaban, iba preso directamente. Pero hoy sabemos que podés volver a tener un hígado 0KM, si bajás de peso, hacés actividad física y moderás el consumo de alcohol.

—¿En cualquier instancia de la enfermedad? ¿O hay un punto de no retorno?

—Al final hay un punto de no retorno, pero es muy al final. Esta enfermedad lleva no horas, ni días, ni meses. Lleva años para matar de forma hepática. Pero en el camino te infarta, te saca calidad de vida... y eso se revierte. Los estudios son contundentes en este aspecto.

Hígado graso

González Ballerga reconoce que las nuevas drogas inyectables para bajar de peso también pueden contribuir al tratamiento, pero que solas no alcanzan: «Son maravillosas, pero yo no creo que haya un santo grial. Si no hacés actividad física, curás una ecografía, pero no a un paciente. Lo que queremos evitar es la muerte cardiovascular, además de bajar de peso. Y si los pacientes no hacen gimnasia, no cambian el hábito alimentario, eso tiende a que fracasemos en el objetivo primario que es que los pacientes vivan mejor, que no se infarten, que tengamos mejor calidad de vida, que seamos menos frágiles».

La VTV del hígado

El médico, que es también docente en la Facultad de Medicina de la UBA, está convencido de que así como Tita Merello fue exitosa al transmitir a las mujeres la importancia de hacerse el papanicolau, hay que llegar a la población con un concepto que comunique en forma simple y efectiva la importancia de controlar y cuidar la salud hepática.

La idea de una VTV del hígado, promovida por los hepatólogos, resume los controles básicos que recomiendan los especialistas para prevenir enfermedades hepáticas, más allá del hígado graso.

Agua con limón, una de las recetas sin evidencia que se promocionan para "limpiar" el hígado.

Según precisa González Ballerga, este chequeo debería incluir una consulta médica, análisis de sangre y una ecografía hepática, además de verificar el esquema de vacunación contra hepatitis A y B, sostener prácticas sexuales seguras (usar preservativo) y seguir los tratamientos indicados en caso de ser necesario. «Es como la VTV del auto: una eco, un laboratorio y accionar si se encuentra algo», grafica.

El objetivo es detectar a tiempo posibles problemas, incluso en ausencia de hay síntomas. En caso de detectar enfermedad hepática, el médico clínico puede derivar a un hepatólogo. En la mayoría de los casos, no habrá enfermedad, pero si aparece alguna hepatitis, hoy existen tratamientos muy efectivos (incluso con tasas de curación cercanas al 100% para la hepatitis C, «que hasta hace pocos años era el terror de los virus»).

Sin embargo, uno de los principales desafíos sigue siendo la baja adherencia a la vacunación en adultos (en el Hospital de Clínicas, ejemplificó, solo el 20% completa el esquema de tres dosis de hepatitis B).

A esto se suma la importancia de sostener hábitos saludables: alimentación equilibrada, actividad física y consumo moderado de alcohol, pilares que, junto con los controles, ayudan a cuidar el hígado a largo plazo.

En el hospital de Clínicas, las consultas por hígado graso se duplicaron en los últimos cinco años. Foto Gentileza EGB.

En cuanto a la alimentación, el especialista esgrime un puñado de consejos, que considera claves: «Abrí pocos frascos y paquetes, mucha fruta y verdura, si te gusta el aceite de oliva usá ese. Y no repitas el plato. Con uno está bien. Tiene que ser rico. El alcohol siempre es tóxico, si tomás, nunca más de un vaso, lo menos posible».

La mentira detox

—Circulan muchas recetas en redes, incluso en medios, para cuidar al hígado, desde agua con limón hasta jugos detox. ¿Sirven?

—Me enferman esas cosas. Porque además hay una desproporción, por eso cuando me ofrecen responder a una nota digo bueno, gracias, porque la sociedad científica puede decir algo. Pero todo eso que promueven como detox, reseteo intestinal, no sirve. El otra día una señora me preguntó, doctor, si tomo jugo de limón, ¿me voy a curar el hígado graso? Le contesté que busque un limonero a cinco kilómetros de tu casa, que vaya caminando a buscar el limón, vuelva caminando, se haga el jugo y le va a hacer bien.

Hoy la imaginación para promover cosas es enorme y si está en internet se toma por cierto, como si estuviera validado. Por eso, la Sociedad Argentina de Hepatología acaba de publicar una guía de hígado graso para colegas que es súper práctica, con una evidencia científica altísima y con un trabajo interdisciplinario muy bueno. Y ahí está lo que está probado y lo que estaría por probarse. Pero no esperemos una píldora mágica para esto.

Los jugos "detox" no desintoxican el hígado. Foto Shutterstock.

González Ballerga advierte también sobre el riesgo que representan las hierbas y suplementos que muchas veces se promocionan como alternativas naturales o inocuas. «Muchos suplementos son hepatotóxicos. Muchos de los tés, infusiones, que se ven naturales. Hay casos de hepatitis aguda grave por aloe vera, por cardomariano o anís estrellado. Incluso productos que se venden como hepatoprotectores tampoco sirven. Se difunden preparados de un producto no probado, como la cúrcuma, que le ponen pimienta negra, lo que aumenta su absorción a una dosis monstruosa y es tóxico. Hay un montón de cosas que son formalmente tóxicas.

—O sea, no solo no hacen bien, si no que estas “recetas” pueden ser riesgosas.

—La segunda causa de hepatitis aguda grave en la provincia de Buenos Aires, lo que nosotros llamamos DILI, que es toxicidad por fármaco o suplementos. Los fármacos pasan procesos probatorios muy exhaustivos, vos sabés exactamente lo que estás tomando. Ahora, los suplementos o esos tés que venden en la herboristería, en algunos casos son dosis altas y no lo sabés.

Hoy, por ejemplo, la falla hepática fulminante más frecuente en menores de 35 años son las drogas sintéticas. Y los chicos te dicen que se toman un bicho, una pasti. Hay que tener cuidado, no lo digo desde el punto de vista moral ni ético, pero eso es peligroso. No usar preservativo es muy peligroso también. Mientras tanto, hay gente preocupada por tomarse un jugo detox, que no sirve para nada.

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