¿Escuchaste hablar de que no importa el peso sino la composición corporal? Probablemente sí, porque está muy de moda. Hoy te propongo que analicemos si se trata de un avance concepual o una trampa peligrosa. Veamos.

En principio, es importante entender de qué está «hecho» nuestro cuerpo: agua, grasa, hueso, músculo. El agua es el componente más relevante porque representa del 50 al 65% del peso.

Pero, ¿qué es la composición corporal?

Se trata de la ciencia dedicada a la cuantificación in vivo de los componentes del cuerpo, sus relaciones y cambios cuantitativos. Su estudio resulta importante para diagnosticar exceso o déficit de peso y para comprender los efectos de un programa de tratamiento de la obesidad que incluya dieta, ejercicio físico, gestión de emociones y hambre emocional.

Si bien existen varios modelos de composición corporal, en este artículo utilizaremos el modelo de dos componentes, en el que se divide el organismo en masa grasa total y la masa libre de grasa (MGL).

Masa grasa

El tejido adiposo está formado por adipocitos o células grasas y representa un 15% al 25% del peso corporal.

La brecha está relacionada sobre todo al sexo. Las mujeres nacen, viven y mueren con mayor contenido de grasa que los hombres. Hay una explicación: esta proporción es esencial para conservar fertilidad. En la adolescencia, las mujeres duplican la grasa corporal y esta diferencia se mantiene en la adultez, de forma que la mujer tiene aproximadamente un 25% de grasa mientras que en los varones este componente sólo supone un 15%, o incluso menos.

El lugar importa. Según su localización, se clasifica en grasa subcutánea (la que está debajo de la piel) y grasa visceral (que se almacena profundamente en la cavidad abdominal y rodea órganos como el hígado, el páncreas y los intestinos).

La subcutánea es el mayor depósito del organismo, representa casi un 80% de la grasa total. La visceral, aunque representa menos del 10% del total, es más importante como factor de riesgo de enfermedades crónicas cardiovasculares y metabólicas.

Tejido magro o libre de grasa (MLG)

Como te adelantaba, incluye a los huesos, los músculos, el agua, el tejido nervioso y todas las demás células que no sean grasas. La MLG es mayor en los hombres y aumenta progresivamente en ambos géneros hasta los 25 años. A partir de esta edad va disminuyendo, salvo que se lleve una alimentación adecuada y actividad física que promueva su aumento.

Críticas al índice de masa corporal IMC

Durante décadas, para diagnosticar la obesidad se utilizó el IMC, que se calcula en base al peso en kilos dividido por el cuadrado de la altura en metros (kg/m²).

Si bien el IMC no refleja directamente composición corporal, correlaciona maravillosamente con el contenido de grasa corporal total. Pero esto no siempre es así. De ahí las críticas surgidas en los últimos años y el porqué hoy no se usa solo para diagnosticar obesidad.

Por ejemplo, los deportistas, con huesos densos y músculos, o los fisicoculturistas bien desarrollados pueden tener un IMC elevado; sin embargo, tienen poca grasa. De igual manera, una gimnasta china de contextura pequeña puede, según IMC, quedar clasificada como desnutrida, aunque esté completamente sana.

Por el contrario, la gente muy sedentaria puede tener un IMC en rango saludable, entre 25 y 27, y sin embargo tener exceso de grasa.

Por eso es importante determinar la composición corporal, es decir cuánta MLG y cuánta grasa tienen. Para eso se pueden utilizar fórmulas o métodos como la bioimpedancia, que son aparatos que miden la resistencia que imponen los tejidos al paso de una corriente alterna de baja frecuencia.

El secreto de la cintura

Pero ni siquiera alcanza con conocer la composición corporal, sino que desde hace años, con el uso de tomografía computada, la resonancia magnética y sobre todo con el uso de densitometría, la circunferencia de cintura ha mostrado una asociación importante con la cantidad de grasa visceral y el riesgo cardiometabólico (cardiovascular y diabetes).

Es decir, una cantidad elevada de grasa, estimada por cualquiera de estos métodos de imagenología, a nivel del ombligo (que corresponde a la vértebra lumbar 4 y 5) refleja la cantidad de obesidad abdominal.

Aunque tradicionalmente se usó el IMC para definir el sobrepeso y la obesidad, esta variable puede subestimar o sobreestimar la cantidad de grasa corporal por lo que hoy se usa la cintura con puntos de corte 88 centímetros (en las mujeres) y 102 (en los hombres).

Y aún más: el índice cintura/altura, que resulta de dividir el valor de la cintura por el de la altura de una persona. Si este es mayor a 0,53 estamos frente a la presencia de obesidad abdominal, riesgo cardiometabólico y necesidad de tratamiento aunque el peso, el IMC y la composición corporal esté en rangos normales. Es simple, gratis y universal, utilizable para hombres, mujeres y niños.

Un perímetro de cintura aumentado indica mayor riesgo cardiovascular. Foto Shutterstock.

La evaluación de la composición corporal y la medida de la cintura o el índice cintura/altura pueden mejorar los diagnósticos y ayudar a ver cómo progresa un programa de tratamiento de la obesidad.

Pero tiene un lado B.

La trampa de la composición corporal

Si bien representa un avance conceptual pasar del peso ideal o el IMC solo, hacer foco en la composición corporal puede ser un factor de riesgo para enfermedades psicológicas.

Imaginen que el peso ya es un desafío para muchas personas en el mundo actual en el que existe una pandemia de obesidad. Sin embargo, con las estrategias de cambio de estilo de vida y los nuevos fármacos y cirugías es posible lograrlo.

¡¡Pensemos ahora lo que implica tener un determinado nivel de grasa y hueso o músculo!!

Esto ya no podemos mejorarlo con un alimento o un ejercicio dado. Solo podemos aumentarlo o disminuirlo, pero no con la precisión que la cultura actual impone.

Impulsadas por la valoración social de ciertos tipos de cuerpo, las personas pueden entrar en un ciclo interminable de dietas y ejercicio excesivo, o incluso considerar cirugías para ajustarse a estos cánones idealizados.

Además, la industria de los gimnasios y muchos expertos en educación física, la cultura y las redes sociales generan mensajes rígidos sobre el músculo o la grasa y esto se entrelaza con las narrativas sobre la salud, lo que complica aún más la relación de las personas con estas medidas.

Esto genera estigma y discriminación en quienes se encuentran fuera de los rangos considerados «normales» que no solo afecta la percepción social de las personas, sino que influye en cómo se ven a sí mismas, lo que puede derivar en una serie de consecuencias negativas para la salud mental, como ansiedad, depresión y trastornos alimentarios.

La era digital amplifica estos problemas al proporcionar una plataforma para la exposición constante a imágenes corporales idealizadas y facilitar comparaciones que exacerban la insatisfacción corporal y el malestar psicológico.

Es importante la alfabetización mediática crítica para tener una mirada atenta del entorno digital para resistir la presión de ajustarse a estándares de belleza estrictos.

Más allá de la epidemia de obesidad, un concepto que empujó mucho a usar la composición corporal en lugar del IMC, fue la sarcopenia.

Se trata de la disminución de MLG que sucede naturalmente a lo largo de la vida. Entiendo que a determinada edad la gente haga musculación (ejercicio de carga), pero veo chicas de 20 años que llegan a la consulta con exceso de peso y el profe les prescribió solo musculación (que les sobra).

Aclaración válida antes de seguir: existe consenso que el ejercicio ideal es el mixto, que combina cardio y carga.

La industria del músculo

Luego, la industria de las nuevas balanzas que compran profesionales de la salud y personas que las tienen en su casa y utilizan obsesivamente, los gimnasios, la industria de los polvos y alimentos proteicos terminan de construir este escenario que nadie cuestiona. Resulta que en teoría dejamos de maltratar a la gente con el peso ideal de las tablas y ahora la cosa está mucho peor.

A principios de los ‘90, el psiquiatra estadounidense Harrison Pope, reportó un grupo de varones que se percibían a sí mismos como delgados, pequeños e insuficientemente musculosos, cuando en realidad tenían una musculatura normal, e incluso a veces eran muy musculosos. Originalmente, esta distorsión de la imagen corporal fue diagnosticada como anorexia reversa o vigorexia, posteriormente fue llamada dismorfia muscular (DM).

Se trata de un trastorno que implica una preocupación patológica por la musculatura y genera la adopción de numerosas conductas peligrosas para la salud, como el consumo de anabólicos, anfetaminas, el ejercicio excesivo al punto de perder muchas veces tiempo para estar con amigos o familia y dietas hiperproteicas o “keto” prolongadas con el propósito de aumentar la masa muscular.

Si bien hasta ahora este problema era más común en varones, actualmente puede presentarse en mujeres, disparado por la obsesión no solo por un peso o una medida, sino por la composición corporal. Vienen mujeres a decirme “me falta 5% más de músculo, Mónica”.

Si ya era difícil para muchos llegar y mantener un peso, ¡imaginen alcanzar y mantener un porcentaje de grasa o músculo!

Frente a esto, me pregunto: ¿es un avance real comunicar el concepto de composición corporal o un tránsito hacia el malestar corporal, la infelicidad corporal y la enfermedad psicológica y la dismorfia?

La mayoría de las personas desconoce la masa muscular que tiene. Pero hoy los estamos entrenando a pensarla. ¿Será un objetivo saludable?

Cruzar la línea de la obsesión: señales de alarma

El cuerpo y su peso es un número total que refleja huesos, órganos, agua, grasa y músculo. La composición corporal revela cuánto de ese peso es tejido adiposo y MLG.

Prestar atención a tu cuerpo es saludable, pero cuándo se convierte en obsesión requiere detenerte a pensar.

Te paso algunas ideas que deberían entender tu alarma y pedir ayuda.

  • La balanza determina tu estado de ánimo, dependiendo del número,
  • aislamiento social (evitar eventos o comidas por no romper la dieta o entrenamiento estricto),
  • pesarse varias veces al día o medirse el porcentaje de grasa constantemente,
  • percibirte con sobrepeso o falta de tono muscular, incluso cuando los indicadores objetivos o las otras personas en tu alrededor te muestran lo contrario.

No somos máquinas termodinámicas que ingresamos nutrientes, realizamos trabajo mecánico (ejercicio).

Para terminar: sin duda la vida se trata de ser feliz y estar sano. Si tu cuerpo te genera infelicidad, si tu entorno te obsesiona, llegó el momento de pensar en conseguir ayuda para neutralizar todo esto que es un desafío complejo, pero que te aseguro que mucha gente lo padece y ha logrado superarlo.

➪¿Tenés alguna duda sobre salud y bienestar que te gustaría que abordemos en notas de la sección? Escribinos tu consulta a buenavida@clarin.com

Adblock test (Why?)

​  

About The Author