Puede sonar coherente que se asocie con la obesidad o con la celulitis, porque en el lipedema se produce una acumulación de grasa, por lo general en las piernas o en los brazos.
Sin embargo, es un cuadro clínico con otras características: la padecen principalmente mujeres, es independiente del peso, y por lo general se desencadena en un momento de cambios hormonales, como puede ser la pubertad, el embarazo, el parto, los tratamientos de fertilidad, o la menopausia.
Lipedema: qué es
“El lipedema es una enfermedad crónica y multifactorial del tejido conectivo laxo, o sea, la grasa y otros tejidos que se encuentran en el organismo. Por factores indeterminados que están en estudio, genera un proceso inflamatorio a nivel de la grasa, principalmente en los miembros superiores e inferiores”, explica a Clarín Ignacio Stoppani, cirujano general y plástico, director médico de Lipedema Buenos Aires.
“Esa inflamación -continúa-, genera molestias, disconfort, aparición de hematomas y obviamente un aumento del volumen de las áreas afectadas”, describe.
Y añade que lejos está de ser infrecuente: si bien no hay estudios epidemiológicos, se calcula que afecta a entre un 10 y 15% de las mujeres, y se cree que tiene que ver con factores de la sensibilidad de los receptores de estrógeno, con alteraciones de índole microvascular y metabólica.
Una enfermedad poco (y tardíamente) reconocida
¿Por qué si es tan frecuente, está subdiagnosticada? Su reconocimiento tardío puede darnos una pista: el lipedema fue descrito por primera vez en 1940. Hasta ese momento, no se lo reconocía como enfermedad, por lo que proliferaba sin ser diagnosticado.
“Y, de hecho, desde 1940 hasta el año 2000, solamente se mencionó 50 veces en la bibliografía internacional, lo cual es muy poco para una enfermedad. Durante mucho tiempo la medicina le restó importancia por confundirlo con otras entidades, como el linfedema y la obesidad”, analiza.
Su similitud con otros trastornos, sumado a que el lipedema no es una enfermedad que ponga en riesgo la vida, y a un sesgo sexista (dado que afecta mayormente a las mujeres), son factores que el médico señala como posibles causas de esta demora.
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“Sin embargo, a partir del período que va entre los años 2000 y 2010, empezaron a aparecer cada vez más trabajos, y hoy en día es una enfermedad ampliamente reconocida, incluso por la Organización Mundial de la Salud, que la incluyó en su clasificación de enfermedades en 2018”, precisa.
Incluso, este año se publicó el primer consenso mundial en una revista de alto impacto como es Nature, en el que expertos de 19 países elaboraron un documento con casi 60 puntos que abarcan la definición y el manejo del lipedema.
Diferencia con obesidad y celulitis
Aunque puede ser confundido con la obesidad, el lipedema no está relacionado con el peso, “y de hecho aparece muy comúnmente en personas que tienen un peso adecuado, que realizan actividad física, que son sanas”, admite el cirujano.
Lo que ocurre en muchas oportunidades es que tienen molestias en las piernas que no se explican, así como alteraciones en el plano estético: una desproporción entre algunas partes del cuerpo, principalmente entre los miembros inferiores y los brazos, y el resto del cuerpo.
Tampoco es necesariamente más prevalente en personas con obesidad. “Se trata de dos tipos de grasa distintas. Y aunque puedan coexistir ambas condiciones, esto no es necesariamente así.”
Y mientras que la celulitis es una alteración de la parte más superficial de las capas grasas, el lipedema es una afectación de la grasa más profunda. Otra diferencia es que por tratarse de un proceso inflamatorio, genera dolor, cosa que no ocurre con la celulitis.
“Sin embargo, sí es muy común que las pacientes con lipedema tengan además celulitis. Al ser una asociación muy común, a veces se suele confundir en el diagnóstico. Pero en realidad son dos cosas totalmente distintas”, subraya.
A simple vista también se pueden divisar diferencias: “la grasa del lipedema es una grasa nodular que cuando uno aprieta la piel toma una apariencia redonda similar a las arvejas. En cambio, la celulitis es una irregularidad de la piel. Con el lipedema se presenta además dolor, moretones, y sensación de pesadez”.
La importancia de tratarla
¿Qué pasa si la enfermedad progresa sin tratamiento? “Lo primero que aparece es un deterioro de la calidad de vida«, afirma.
Además, destaca el impacto psíquico del lipedema, que según analiza es importante y, en muchas oportunidades, poco valorado. “Muchas pacientes con lipedema tienen trastornos de autoestima, dificultades en la forma de relacionarse socialmente», describe.
Por último, el plano biológico: “si esos acúmulos de grasa persisten en el tiempo, pueden terminar afectando las articulaciones de la rodilla o el tobillo: al ser una enfermedad del tejido conectivo laxo, esa grasa también puede afectar los ligamentos o las estructuras de sostén de las articulaciones”, alerta.
“Con cambios de estilo de vida, con un seguimiento clínico adecuado y con una buena alimentación y el uso de medias compresivas es totalmente sobrellevable”, alienta.
“No se requiere cirugía en el 100% de los casos, ni mucho menos. Sin embargo, es una condición que, si se detecta a tiempo, puede tener menos impacto que si se deja sin diagnosticar”, advierte.
Cómo se trata
El profesional destaca la importancia de un correcto diagnóstico.
“Primero que nada, debe haber un buen diagnóstico diferencial con otras enfermedades que se parecen mucho, como por ejemplo el linfedema, la insuficiencia venosa crónica, y lo que ya mencionamos, obesidad y celulitis. Para eso, es muy importante que el médico esté entrenado”, resalta Stoppani.
El primer paso suele ser un “tratamiento conservador”, que consiste en:
- Medidas nutricionales: básicamente, una alimentación antiinflamatoria.
- Actividad física: muy importante para mantener la fortaleza muscular de las zonas afectadas e impedir que haya alguna alteración articular a largo plazo.
- La utilización de prendas compresivas, (“medias tipo cancán”, de compresión graduada médicamente, que ayuda a disminuir la sensación de pesadez y la acumulación de líquidos en los miembros inferiores afectados).
- Se pueden utilizar medicamentos, que ayudan a aliviar la acumulación de líquidos.
Este tratamiento debe realizarse de forma prolongada, y dado que implica hábitos de vida, es importante saber que su instauración puede tomar un tiempo, por lo que el seguimiento cobra importancia.
Al ser una enfermedad descrita recientemente, y no estar incluida en el Programa Médico Obligatorio (PMO), la cirugía, que en un estimativo puede rondar los 5 o 6 mil dólares según refiere Stoppani, no está cubierta generalmente por obras sociales y prepagas.
Cuándo evaluar la cirugía
El tratamiento quirúrgico consiste en una lipoaspiración que se realiza con tecnología específica, y puede indicarse en pacientes que busquen mejorar la estética de sus piernas, tengan un compromiso funcional, o no estén teniendo una buena respuesta con el tratamiento conservador.
Ahora bien, luego de la operación, ¿puede volver a acumularse grasa en el mismo lugar? “Es difícil, en general los estudios clínicos y de seguimiento de las pacientes indican que en las zonas lipoaspiradas no suele volver a aparecer el lipedema, sin embargo siempre es una posibilidad que se siga desarrollando en otras zonas”, detalla.
Y aclara: “Es importante recalcar que la cirugía no es curativa, sino que es un paso más dentro del tratamiento integral, pero no es una solución mágica ni es lo primero que uno le plantea a un paciente, y por otro lado, si alguien se opera y no sigue las medidas de tratamiento conservador y de cuidado, el lipedema puede empeorar incluso en otras áreas”, advierte.
También es importante contar con un equipo de seguimiento posterior para realizar kinesiología intensiva desde los primeros días postoperatorios y usar prendas compresivas entre 3 y 6 meses.
Qué se puede lograr con el tratamiento
El objetivo principal del tratamiento conservador es mejorar la sintomatología, es decir, el dolor, la pesadez y la aparición de moretones, y disminuir las posibilidades de que progrese la enfermedad.
“En líneas generales, el tratamiento conservador detiene y mejora las posibilidades de que ese paciente a futuro no tenga un avance en la enfermedad, pero en general no retrotrae los depósitos de grasa que ya están establecidos”, manifiesta Stoppani.
Y añade: “Hoy en día, la única forma de eliminar fehacientemente la grasa es con la cirugía. Sin embargo, hay muchos pacientes que vienen buscando una mejoría clínica, o sea, o vivir una vida sin dolor. Entonces, con esos pacientes el tratamiento conservador es suficiente”, apunta.
¿Qué especialista lo trata?
Ahora bien, si el abordaje es multidisciplinario, ¿qué especialidad lo aborda?
“Hoy día, hay pocos médicos capacitados o entrenados en lipedema. Lo más importante, más allá de la especialidad del médico, es que vea al paciente de forma integral. Por ejemplo, yo soy cirujano plástico y veo la parte quirúrgica y la parte clínica, y a veces cuando hay también otras cuestiones que exceden a mi especialidad, trabajamos en equipos”, señala.
Puede haber un médico de cabecera, que puede ser un cirujano plástico o un flebólogo, y trabajar en general con equipos de interconsultores, lo que le permite al paciente tener un seguimiento transversal con otras especialidades, como endocrinólogos, flebólogos, nutricionistas, con conocimiento de lipedema, explica, para cerrar.
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