El chico Giovanni Baroni, de 17 años, jugó a lo grande y sacó de un apuro mayúsculo a Talleres. Marcó el 1-0 a los 44 minutos del complemento con el que el equipo de Carlos Tevez destrabó el partido con Argentino de Merlo en los 32avos de final de la Copa Argentina, disputado en Rosario. Luego llegaría el 2-0 de Valentín Depietri, en tiempo de descuento. La “T” ahora espera por el vencedor del duelo entre Atlético Tucumán y Sportivo Barracas (de la C Metropolitana). ¿Salvó Baroni a Talleres? Sí, literal.

Es que el primer tiempo de Talleres fue un drama. Para Talleres, progresar hacia al arco de Tello fue un trabajo arduo. Mientras que para el “espectador común” esos 45 minutos se trataron de un espectáculo soporífero, para los de Talleres se transformó en un momento de reflexión sobre cómo el medio podría hacer para conectar con los puntas.

Todos, en la cancha y en la tevé, se sintieron dueños de hacer comentarios sobre quiénes deberían jugar para alcanzar esa fluidez que no se dio. Y lo que pasó fue que Talleres llegó a los ponchazos: un tiro libre de Cáceres que sacó Tello y un derechazo de Vigo que se fue por arriba. Y listo. Poco. Poquísimo ante un rival combativo que ya estaba desgastado.

No pareció ser un asunto de esquema (4-2-3-1). Pareció un asunto de características de jugadores. Y después de esa primera etapa, se esperaban cambios. Y el primero fue el ingreso del pibe Giovanni Baroni por Río, de escaso aporte.

En la primera que tocó, Baroni hizo trabajar a Tello con un zurdazo. Segundos después puso en situación de gol a Galarza. Ya Talleres era otro con su presencia. Más frescura. Y, para aprovechar el envión, Tevez puso gente más arriba con Dávila y Ortegoza (por Rick y Cáceres). Igual, a 20 minutos del final, Talleres era Baroni-dependiente.

Chocaba ante un Argentino que estaba absolutamente listo para dar la batalla: los zagueros raspaban, los volantes le pegaban a la pelota pum para arriba… y hasta el delantero Lucas Scarnato (sin abdominales marcados) se entregaba en cuerpo y en alma a esa resistencia. Hay que reseñarlo: Argentino no fue desleal.

Talleres no tenía medio campo: el esquema era 2-1-5-2. Aunque esas variantes en la disposición no redituaron en creatividad.

De hecho, el gol llegó con la lucidez de los dos más lúcidos: Baroni abrió para Depietri, que encontró a Schott y la pelota fue a parar al que más lo merecía… Baroni… gol. 1-0 y listo. El 2-0 de Depietri fue decoración y un premio para él mismo.

Toda una moraleja. Baroni fue el dueño de una sapiencia que a su edad es extraordinaria. Los más veteranos, sin embargo, lucieron atrapados en el nerviosismo que arrastran desde un 2025 cuyas dinámicas nadie quiere repetir. Todos quieren mirar hacia el futuro. Y el futuro en Talleres es de Baroni.

​El chico Giovanni Baroni, de 17 años, jugó a lo grande y sacó de un apuro mayúsculo a Talleres. Marcó el 1-0 a los 44 minutos del complemento con el que el equipo de Carlos Tevez destrabó el partido con Argentino de Merlo en los 32avos de final de la Copa Argentina, disputado en Rosario. Luego llegaría el 2-0 de Valentín Depietri, en tiempo de descuento. La “T” ahora espera por el vencedor del duelo entre Atlético Tucumán y Sportivo Barracas (de la C Metropolitana). ¿Salvó Baroni a Talleres? Sí, literal.Es que el primer tiempo de Talleres fue un drama. Para Talleres, progresar hacia al arco de Tello fue un trabajo arduo. Mientras que para el “espectador común” esos 45 minutos se trataron de un espectáculo soporífero, para los de Talleres se transformó en un momento de reflexión sobre cómo el medio podría hacer para conectar con los puntas. Todos, en la cancha y en la tevé, se sintieron dueños de hacer comentarios sobre quiénes deberían jugar para alcanzar esa fluidez que no se dio. Y lo que pasó fue que Talleres llegó a los ponchazos: un tiro libre de Cáceres que sacó Tello y un derechazo de Vigo que se fue por arriba. Y listo. Poco. Poquísimo ante un rival combativo que ya estaba desgastado. No pareció ser un asunto de esquema (4-2-3-1). Pareció un asunto de características de jugadores. Y después de esa primera etapa, se esperaban cambios. Y el primero fue el ingreso del pibe Giovanni Baroni por Río, de escaso aporte. En la primera que tocó, Baroni hizo trabajar a Tello con un zurdazo. Segundos después puso en situación de gol a Galarza. Ya Talleres era otro con su presencia. Más frescura. Y, para aprovechar el envión, Tevez puso gente más arriba con Dávila y Ortegoza (por Rick y Cáceres). Igual, a 20 minutos del final, Talleres era Baroni-dependiente. Chocaba ante un Argentino que estaba absolutamente listo para dar la batalla: los zagueros raspaban, los volantes le pegaban a la pelota pum para arriba… y hasta el delantero Lucas Scarnato (sin abdominales marcados) se entregaba en cuerpo y en alma a esa resistencia. Hay que reseñarlo: Argentino no fue desleal. Talleres no tenía medio campo: el esquema era 2-1-5-2. Aunque esas variantes en la disposición no redituaron en creatividad. De hecho, el gol llegó con la lucidez de los dos más lúcidos: Baroni abrió para Depietri, que encontró a Schott y la pelota fue a parar al que más lo merecía… Baroni… gol. 1-0 y listo. El 2-0 de Depietri fue decoración y un premio para él mismo. Toda una moraleja. Baroni fue el dueño de una sapiencia que a su edad es extraordinaria. Los más veteranos, sin embargo, lucieron atrapados en el nerviosismo que arrastran desde un 2025 cuyas dinámicas nadie quiere repetir. Todos quieren mirar hacia el futuro. Y el futuro en Talleres es de Baroni.  La Voz

About The Author