05/09/2026 07:10
Eduardo Castex
Impacto Castex
NACIONALES

“Ojo, estar disponible no es estar a disposición”

“Ojo, estar disponible no es estar a disposición”

El autor, psicólogo, especialista en mediana edad y vejez, analiza los cambios en el modelo tradicional de abuelidad.

Aunque estar siempre disponible, ayudar sin condiciones y encontrar en los nietos el objetivo de la existencia parece cada vez menos frecuente, la abuelidad suele ser una experiencia muy valiosa.

Muchas investigaciones muestran que el vínculo con los nietos suele asociarse con mayor bienestar, sentido de continuidad generacional y sentimientos de utilidad y pertenencia. Así como permite, además, reencontrarse con algo de la infancia de los propios hijos, pero desde un lugar menos exigido y más abierto al juego, la ternura y la transmisión.

Pero no existe una única forma de ser abuelo. La abuelidad cambia con el tiempo y los contextos y está atravesada por el género y la clase social.

Las abuelas continúan asumiendo, más que los abuelos, las tareas cotidianas de cuidado, una diferencia que reproduce, en parte, diferencias de género presentes durante toda la vida (Hank y Buber, 2009). Y en los sectores con menos recursos, donde contratar apoyos resulta difícil, la solidaridad entre generaciones puede resultar indispensable. Allí los abuelos dejan de ser solamente compañeros de juegos para convertirse en una pieza fundamental de la organización familiar.

El problema aparece cuando la ayuda deja de ser una elección y se transforma en obligación. Los estudios encuentran una diferencia importante entre un cuidado acotado, que puede aportar satisfacción, y las responsabilidades permanentes, que pueden asociarse con mayor estrés y peor salud. (Hayslip et al., 2019).

El médico español Guijarro Morales popularizó hace años la expresión “síndrome de la abuela esclava” para describir a mujeres mayores sometidas a demandas familiares excesivas. Más allá de lo discutible de la denominación, puso nombre a un problema que continúa vigente: la dificultad de decir que no.

“Los adoro, pero un día entendí que si seguía cuidándolos todos los días iba a terminar enojándome con mis hijos y también con mis nietos”, me dijo una paciente.

También cambió quien llega hoy a ser abuelo. Muchas personas jubiladas tienen proyectos, amistades, parejas, viajes y actividades propias. La mayor longevidad convirtió la vejez en una etapa que puede prolongarse durante décadas y no necesariamente quieren organizar su vida alrededor de la crianza. El cariño permanece pero lo que se discute es la disponibilidad.

A esto se suma una variable demográfica: vivimos más años, nacen menos niños, la maternidad y la paternidad se retrasan y la abuelidad se posterga o no sucede.

Hay más personas mayores para menos nietos y, al mismo tiempo, hombres y mujeres que llegan a edades avanzadas sin haber podido ser abuelos.

La decisión de los hijos de no tener descendencia o su emigración pueden convertir aquella imagen anticipada del nieto en una ausencia difícil de nombrar.

Siempre pensé que algún día iba a tener nietos. Recién ahora comprendo que probablemente no ocurra”, sostuvo un paciente.

Incluso una abuelidad inicialmente muy intensa puede modificarse. Cuando los nietos comienzan la escuela, suman actividades, algunos abuelos descubren que aquella presencia tan demandada empieza a disminuir. Para quien había encontrado allí una nueva ocupación, esa distancia puede producir un pequeño vacío.

El desafío actual no es decidir cuánto deben cuidar, sino cómo vivir la abuelidad. La investigación ha distinguido distintas funciones: abuelos que cuidan, que juegan y acompañan, y otros que ocupan un lugar de transmisión de historias, valores y memorias familiares. Muchos combinan todas ellas y ninguna debería implicar la renuncia a otros intereses personales.

La abuelidad contemporánea requiere negociar, poder decir que sí y también: hoy no. Estar disponibles no es estar a disposición. Peservar ese vínculo es lograr que el encuentro entre abuelos y nietos conserve aquello que tiene de elección, de intimidad y, sobre todo, de disfrute.

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