El autor del célebre libro de finanzas personales "Padre rico, padre pobre", Robert Kiyosaki, volvió a generar controversia en el ámbito financiero al confirmar que acumula una deuda aproximada de 1.200 millones de dólares. Lejos de considerar esta cifra como una señal de alerta o una quiebra inminente, el empresario de 79 años defiende el endeudamiento masivo como la herramienta principal de su patrimonio para adquirir bienes raíces que generen ingresos y reducir al mínimo su carga impositiva.
La aclaración sobre la deuda: pasivo corporativo y "cortafuegos" legales
Pese a lo impactante del monto, la estructura financiera detrás de esa cifra no corresponde a un endeudamiento personal por consumo. Kim Kiyosaki, exesposa y socia comercial del escritor, aclaró en un reportaje especial de Vanity Fair que la deuda pertenece a un grupo de inversión inmobiliaria que abarca unas 1.500 unidades de departamentos, donde la cuota de responsabilidad directa que le correspondería al autor a título personal ronda únicamente entre los 30 y 60 millones de dólares.
De izquierda a derecha: Robert Kiyosaki y su esposa Kim.
Para proteger el patrimonio individual ante posibles contingencias del mercado, el esquema opera mediante un sistema de blindaje corporativo. Cada propiedad o proyecto se deposita en una Sociedad de Responsabilidad Limitada (LLC) independiente. De este modo, si alguna de las inversiones enfrenta problemas financieros o cae en impago, la responsabilidad legal queda completamente aislada en esa entidad específica y no afecta al resto de los activos del portafolio.
La estructura se complementa con el uso intensivo de capital de terceros. Siguiendo la premisa central que popularizó en sus libros, la estrategia del empresario prioriza recurrir sistemáticamente al dinero prestado por entidades bancarias antes que utilizar fondos propios, utilizando los inmuebles revalorizados como respaldo para financiar la expansión continua de sus negocios.
El mecanismo fiscal: pedir prestado sobre la valorización para no vender
El fundamento técnico de Kiyosaki para defender la "deuda buena" radica en el tratamiento impositivo de los préstamos en el sector inmobiliario. Cuando una propiedad aumenta su valor en el mercado, el inversor no la vende —lo que gatillaría el pago del impuesto a las ganancias de capital—, sino que solicita un nuevo préstamo refinanciado utilizando la plusvalía del inmueble como garantía.
Donald Trump y Robert Kiyosaki en la fiesta de presentación de * Por qué queremos que seas rico: dos hombres, un mensaje* , Trump Tower, Nueva York, 2006.
Al tratarse de dinero proveniente de un crédito y no de una venta directa o salario, los fondos percibidos ingresan como liquidez libre de impuestos. A su vez, los intereses generados por los préstamos comerciales son deducibles de la renta imponible que producen los alquileres de sus más de 15.000 propiedades registradas a lo largo de su trayectoria.
¿Estrategia brillante o riesgo de bancarrota? La visión de los analistas
La postura del gurú financiero divide opiniones entre los especialistas del sector. Por un lado, agentes impositivos respaldan que el apalancamiento sobre activos multifamiliares es una práctica habitual en la gestión de grandes patrimonios para proteger el flujo de caja contra la inflación y la presión tributaria.
"Si le debes al banco 20 millones, tienes un problema; si le debes 1.200 millones, el problema es del banco", asegura Robert Kiyosaki al defender el uso del apalancamiento financiero masivo
Por otro lado, consultores e inversores tradicionales advierten sobre los peligros de trasladar esta narrativa al inversor promedio. El apalancamiento elevado multiplica las ganancias en un mercado alcista, pero reduce drásticamente el margen de maniobra ante una subida en las tasas de interés o una caída en la ocupación de los inmuebles. Sin la escala adecuada, un flujo de caja insuficiente para cubrir los servicios de la deuda puede transformar rápidamente la promesa del endeudamiento estratégico en una quiebra financiera.
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