30/08/2026 07:15
Eduardo Castex
Impacto Castex
NACIONALES

Por qué la escasez económica no deja tiempo ni espacio para pensar

Por qué la escasez económica no deja tiempo ni espacio para pensar

La incertidumbre económica no solo reduce los recursos disponibles para vivir, también puede ocupar la atención y limitar el espacio necesario para imaginar alternativas.

Desde hace años es un lugar común en la Argentina que la escasez económica golpea el bolsillo y deteriora el ánimo. Lo cual es cierto, pero quizás incompleto.

Hay un efecto más silencioso ya que cuando la incertidumbre económica se vuelve persistente, también puede reducirse el espacio mental disponible para pensar.

Pensar supone poder suspender, aunque sea por un momento, la urgencia inmediata para proyectar, imaginar alternativas, comparar opciones y tomar decisiones cuyos beneficios aparecerán más adelante.

Pero cuando una parte importante de la atención está ocupada por una deuda, el alquiler o la pregunta de si el dinero alcanzará hasta fin de mes, el margen se estrecha.

El psicoanalista británico Wilfred Bion llamó reverie a una capacidad de la mente para recibir, procesar y transformar experiencias emocionales difíciles en pensamientos utilizables.

En los momentos de crisis, la mente es sometida a una demanda constante. / Shutterstock.

La psicología cognitiva, desde otra tradición y con otros conceptos, ha estudiado cómo la atención y la memoria de trabajo tienen una capacidad limitada.

Cuando no queda espacio para pensar

En esa línea, el economista Sendhil Mullainathan y el psicólogo Eldar Shafir desarrollaron, en Scarcity, la idea de que la escasez puede reducir e imponer un “impuesto sobre el ancho de banda mental”.

No se trata de conceptos equivalentes, pero permiten iluminar una cuestión semejante como es cuánto espacio queda disponible para pensar cuando una preocupación absorbe la atención.

La paradoja es evidente. Justo cuando más se necesita planificar para mejorar una situación difícil, menos recursos mentales pueden quedar disponibles para hacerlo.

Una sociedad que reduce la incertidumbre gana tiempo y espacio mental para pensar el futuro. / Shutterstock.

El futuro, una sucesión de urgencias

La persona se concentra en resolver lo urgente como pagar hoy, llegar a mañana, cubrir el vencimiento. El futuro deja de ser un territorio para proyectar y se convierte en una sucesión de urgencias.

Esto ayuda a comprender algunas decisiones que, vistas desde afuera, pueden parecer irracionales.

Elegir una solución inmediata, aunque resulte más costosa, postergar un trámite importante o renovar una deuda sin comparar alternativas pueden ser respuestas de una mente sometida a una demanda constante.

No necesariamente expresan irresponsabilidad, falta de disciplina o incapacidad para planificar, a veces expresan, precisamente, una capacidad de planificación sobrecargada.

También es importante distinguir la escasez objetiva de su percepción. No es lo mismo vivir en la pobreza que experimentar ansiedad ante la posibilidad de perder una posición económica, ni ambas situaciones tienen las mismas consecuencias.

Por eso, quizás el problema no esté solamente en la mente de quien atraviesa dificultades económicas, sino también en las condiciones que obligan a esa mente a permanecer ocupada.

La precariedad exige una cantidad de atención para resolver problemas que, en una situación de mayor seguridad, demandarían menos esfuerzo.

La escasez, por lo tanto, no solo reduce los recursos disponibles para vivir, también puede estrechar el horizonte temporal, ocupar la atención y limitar el espacio necesario para imaginar alternativas.

Una sociedad que reduce la incertidumbre económica no solamente devuelve dinero sino también algo menos visible, pero fundamental: tiempo y espacio mental para pensar el futuro.

E.M.

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