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Leland Miller, sinólogo: "China obliga a salirnos de los libros de economía, a pensar en algún tipo de proteccionismo y precios mínimos”

Leland Miller, sinólogo: "China obliga a salirnos de los libros de economía, a pensar en algún tipo de proteccionismo y precios mínimos”

Este experto norteamericano en la economía, política y cultura china propone medidas heterodoxas para evitar la desindustrialización y la inseguridad en las cadenas de suministro q

- Como autor, experto en China y miembro de la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad entre Estados Unidos y China del Congreso basado en Washington, ¿en qué le mueve el amperímetro a las dos economías más grandes del mundo una economía pequeña como la argentina, con problemas que el mundo no tiene hace 30 años?

- La principal conversación por parte de Estados Unidos a lo largo de la última década ha sido su desindustrialización. Pero al mismo tiempo debo decirle que la desindustrialización no es una historia norteamericana sino una historia global. Lo mismo sucede acá, en Buenos Aires o Sudamérica. Por lo tanto, nos parece esencial coordinar con aliados y amigos de la región qué es lo que está en juego con el avance chino en el sector industrial. En Estados Unidos la idea es desacoplar el riesgo chino que existe en nuestra cadena de suministros, para evitar que China controle nuestros insumos. Una de las cosas que necesitamos son nuevos socios, confiables, para que nuestra cadena sea libre de cualquier control del Estado chino y eso requiere reemplazar cualquier intromisión por un socio confiable. No es la mirada de este gobierno de Estados Unidos, sino la de nuestro Congreso, que países de este rincón del mundo tendrán más presencia en la cadena de nuestra economía en lugar de los chinos.

-¿Qué es la desindustrialización?

-La desindustrialización que ocurre en el mundo es parte de la historia de China desde hace décadas. Cuando ellos ingresaron a la Organización Mundial del Comercio, en 2001, el mundo estaba enfocado en la globalización con la idea de fabricar bienes por el precio más bajo e integrándonos todos a nivel comercial. Pero algo que sucedió fue la desindustrialización lo que hoy se llama el Shock China 1.0. Aquella fue una desindustrialización “trabajo intensiva”, ellos fabricaban productos de baja calidad industrial enfocados en sectores como textil, muebles o zapatos por ejemplo. Pero la desindustrialización de hoy en día es muy diferente. Ahora se habla del Shock China 2.0 porque la economía pasó a fabricar productos industriales de avanzada. El Shock China 2.0 es más importante que el 1.0 porque ha medida que la tecnología guía nuestro futuro, como la IA, muchos de los insumos necesarios son producidos en China y eso no es por accidente sino porque ha sido un objetivo deliberado, parte del modelo económico y de la seguridad nacional de ellos. La mayoría de los países del mundo está viendo qué tan severo es esto y están tratando de reforzar sus industrias para desapalancarse del riesgo chino.

-¿De qué riesgos habla?

-Estados Unidos necesita minerales raros para su industria militar, automóviles, celulares. Si China dice que no nos abastece de ellos no los tendremos y habrá una fuente de inestabilidad. Si China tiene una posición de mercado cada vez mayor con reglas que son diferentes a las nuestras porque sus empresas están listas para ir a competir al exterior de manera brutal respecto a las otras del resto del mundo.

-¿Hay un patrón de China ?

-Lo que han estado haciendo los chinos a través de vastas sumas de subsidios y programas gubernamentales enfocados en intensificar la producción y las exportaciones a cualquier costo, fue inundar el mundo con productos fabricados en China ganando participación en el mercado y cuando llegaron a un nivel alto de share fabricando a precios bajos toman control de la cadena de suministros.

-¿Por qué uno como consumidor resignaría ese beneficio que nos otorga China de comprar una prenda de vestir más barata o un auto moderno y accesible?

-Existe un beneficio obvio de trasladar la producción de bienes y servicios a China. Ellos fabrican más barato, uno accede a bienes y servicios más baratos y los consumidores están más contentos. Durante el Shock China 1.0 mucha gente entendió ese trade off y estuvo dispuesto a aceptar esos costos porque quizás a ningún país ya le convenga tener una industria del juguete o textil si China puede hacerlo más barato. Pero el Shock China 2.0 trae aparejado este fenómeno de problemas de seguridad. El Congreso o la Casa Blanca pueden no preocuparse si un zapato que se vende en EE.UU. se fabrica en China pero no que un medicamento o un semiconductor, porque son temas más sensibles. En 3 o 5 años China controlará el mercado de los semiconductores y eso es la IA.

-¿Qué pueden hacer países como Argentina? No hay manipulación del tipo de cambio que alcance sin enviar a casi todos los argentinos a la pobreza.

- Está claro no hay dinero suficiente para revertir este proceso y sostener industrias o sectores que eran viables antes de China. Ni en EE.UU. Entonces uno lo que tiene que hacer es elegir y priorizar con el parámetro de la seguridad nacional qué sectores de nuestra economía e industria cumplen ese requisito. Cuando uno habla de juguetes y zapatos está claro que no tiene sentido gastar plata allí, pero cuando uno habla de semiconductores, medicamentos, teléfonos, debemos estar seguros de que China no controle esos mercados. Tres, cuatro o diez áreas deberán requerir atención, política industrial, subsidios, proteccionismo, precios mínimos. Necesitamos salirnos fuera del libro de economía y hablar solo de oferta, demanda o economía pura. Mover los tema de la caja de herramientas de la economía y llevarlos a la de la seguridad. La razón de por qué esto importa es que China controla la oferta y la demanda. En los minerales críticos los chinos aumentan la producción, hacen desplomar los precios llevando al resto de los actores del mercado a la quiebra para luego tomar control de toda la cadena y una vez que logran ello vuelven a subir los precios abusándose de todos.

-Usted plantea cómo volver a una industrialización por sustitución de importaciones y con precios mínimos. ¿Por qué funcionarían los precios mínimos o sostén?

-Como medida más amplia los precios mínimos pueden ser muy peligrosos, pero en ciertas circunstancias o industrias como decíamos la de los minerales críticos, pueden ser importantes. Una manera es que estas compañías tengan una señal a futuro de la estabilidad de sus ingresos y sus márgenes para que puedan planificar y saber que no irán a la quiebra por el accionar de un país tercero.

-¿Qué sobrestimó Occidente de China cuando se integró al comercio global?

-China no juega con las mismas reglas. Y la regla más importante en una negociación es la confianza, pero también verificar. China hizo promesas que no cumplió. Y 25 años después todavía no lo hicieron. Se pensó no solo que China se integraría más al mundo sino que como economía ellos se volverían más como nosotros, dejando de lado de si son una democracia o una economía de mercado, todo eso no importa. China muy inteligentemente no hizo nada de lo que creímos y tomó todos nuestros beneficios actuando bajo el proteccionismo. Uno de los problemas que plantea China para las economías de mercado no es que actúe como una economía predatoria. porque en definitiva eso no sería la primera vez. Pero sí que opera como la economía más desbalanceada en la historia del mundo: tiene un sector muy dinámico de exportaciones y uno muy débil de importaciones. Eso no es algo accidental sino un modelo así ya instaurado, basado en la idea de que el dinero del gobierno chino fluirá al lado de la oferta, a producir y exportar sus productos y muy pocos fondos irán a alentar la demanda doméstica. Creíamos en EE.UU. que nuestras multimillonarias firmas accederían a un mercado gigantesco, de miles de millones de habitantes y de dólares, pero nada de eso sucedió porque ellos reprimen el gasto de los hogares redireccionando el crédito para construir un modelo orientado a las exportaciones. China no está liderando el crecimiento económico mundial sino más bien lo contrario: exporta mucho al mundo e importa poco. Nuestros productos no están ingresando a China como esperábamos y eso tiene que ser con el shock 2.0.

-¿China quiere decir que logra este modelo a costa del crecimiento de su mercado doméstico?

-A Xi Jinping no le interesa que la economía interna se desacelere. Usted tiene una economía a dos velocidades hoy en día en China. De un lado, la gran foto macroeconomía que recién le comentaba, se ve muy débil. Su consumo, su empleo, su gente. Del otro lado, hay sectores industriales de la IA o biotecnología que crecen a velocidades de superavanzada y tienen logros increíbles. Xi se dio cuenta años atrás que el modelo anterior chino no iba a ningún lado. ¿Qué hacían? Otorgaban créditos blandos a toda la economía y al sector inmobiliario. Xi cuando asumió al mando provocó una deflación en el sector de la propiedad y de ese modo el capital que fluía hacia el sector inmobiliario quedó redireccionado al de la innovación. Xi dijo no nos importa el crecimiento por el crecimiento en sí mismo, por el número o la cifra del PBI y lideró algo que se llama la Cuarta Revolución Industrial: van por la electricidad, Internet y ahora la IA. El foco está en pocos sectores pero controlando la cadena de suministros.

-Usted dice que China es una economía que crece a dos velocidades y se me viene a la cabeza la imagen de la economía argentina hoy también. ¿Será su espejo, acaso?

-Es importante señalar esto que usted dice. El mindset de los chinos para conducir su economía no es algo que salga de un espíritu malo o lo hagan como seres malvados. De hecho, si el objetivo de Xi es Hacer China Grande Otra Vez el modelo anterior de inflar una burbuja inmobiliaria con crédito estaba mal porque eran sectores improductivos y pinchar esa burbuja iba a ser algo doloroso para las personas pero estaba bien. Y creo que esto que hacen también es lo correcto, de apoyar los sectores más dinámicos. China lleva adelante un proceso de transformación muy doloroso ¿pero sabe qué? Xi dice hagamos esto para que China sea competitiva en los próximos 50 años y son trade off que los gobiernos asumen como seguramente el argentino también. Los países tienen, creo, la responsabilidad de entender esto de China. Y la Argentina queda acoplada a ese modelo.

-¿Cómo evalúa que Javier Milei, nuestro presidente, no se haya reunido todavía con Xi Jinping? ¿Qué le parece?

-Milei, pareciera, se ha esforzado mucho en enviar la señal de que tiene una alianza fuerte con Estados Unidos. Esto es algo que sucede con muchos de nuestros aliados. También nos dicen que China es importante para sus mercados y eso es perfectamente entendible. No es cuestión de elegir entre Estados Unidos o China sino de construir o reforzar la cadena de suministros de manera confiable para atender cuestiones de seguridad como plantea la desindustrialización. En EE.UU. la derecha y la izquierda en este punto sobre el impacto en el empleo y la industria piensan igual.

De Aldo Ferrer a Donald Trump, ¿la sustitución de importaciones es posible?

Leland Miller es un asesor del Congreso de Estados Unidos y miembro de la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad entre Estados Unidos y China. Estudió y escribió sobre China. Además habla el idioma: tiene un posgrado en lengua china de la Universidad de Tunghai, lo cual lo hace un experto en su cultura (sinólogo).

El avance de China sobre la economía estadounidense no solo cambió el mapa económico de ese país sino también el político. El documental de Barack Obama, American factory, así lo muestra al narrar la historia de una fábrica de Ohio que la compran los chinos.

“Los republicanos y los demócratas pueden no estar de acuerdo en nada, incluso si el césped es verde o el cielo celeste pero sí en que China es una amenaza para la industria”.

La comisión que integra Miller está compuesta, además de asesores técnicos, por seis miembros de un partido y otro. “Esta comisión es un microclima dentro del Congreso porque hay bastante consenso sobre que algo hay que hacer sobre China”.

Miller está a favor de una especie de industrialización por sustitución de importaciones, como alentaba el economista Aldo Ferrer en los sesenta y los setenta para la Argentina. Hoy Donald Trump y Bernie Sanders coinciden en que EE.UU. debe hacer algo así. Incluso Paul Krugman, que ha sido muy crítico de Trump.

Según Miller, “no es cuestión de desacoplarse de China porque no hay que interrumpir el comercio de los países. Hay que ser muy naive para proponer algo así y más para países donde el comercio con China es muy importante”.

Goldman Sachs proyecta que el superávit de cuenta corriente de China este año será US$ 1,2 billones y encamina a llegar a 1% del PBI mundial, un nivel que ningún país alcanzó en la posguerra.

Miller estuvo en Buenos Aires este miércoles y jueves invitado por el Grupo Techint a participar de un seminario. Hace décadas el holding expresa su preocupación por el avance chino en tubos de acero y otros mercados. Los acusan de dumping (vender por debajo del costo). De ahí que sea habitual que inviten halcones de EE.UU. que critican China. El año pasado vino Robert Lighthizer, ex representante de Comercio de Trump, y antes Richard Baldwin y Aaron Friedberg.

Además de Miller este jueves expusieron los economistas Ricardo Hausmann (Harvard), Marcos Buscaglia, Andrés López (UBA) y Fernando Navajas (Fiel). Todos estuvieron de acuerdo en los avances del Gobierno de Javier Milei en bajar la inflación y el riesgo país pero señalaron que la apertura está siendo costosa. En parte por China.

Al toque

Un proyecto: China Beige Book.

Una comida: un bife de categoría acompañado de un vino de igual calidad.

Un libro: Pacific Crucible. El relato de Ian W. Toll sobre el inicio de la Guerra del Pacífico.

Un placer: los baños de agua fría se han convertido en una necesidad cuando no estoy de viaje: tres o cuatro veces por semana, inmersiones de 6 a 12 minutos a 4-5 °C; despejan la mente y reinician el cuerpo.

Una película: Corazón Valiente, con Mel Gibson.

Un sueño: Ver a mis hijas convertirse en adultas extraordinarias y felices, y contar con la libertad suficiente para disfrutar del mundo con mi familia durante el camino.

Un líder: George Marshall.

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