28/08/2026 20:32
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Los alimentos vuelven a la geopolítica: la oportunidad argentina

Los alimentos vuelven a la geopolítica: la oportunidad argentina

Los alimentos han recuperado importancia estratégica. Argentina tiene varias prioridades por delante como colocar la productividad en el centro de la estrategia económica. Eso supo

Durante varias décadas nos acostumbramos a pensar el comercio internacional de alimentos como un espacio gobernado, con todas sus imperfecciones, por reglas relativamente previsibles. Ese mundo está cambiando. La competencia entre Estados Unidos y China, los conflictos en Europa y Medio Oriente, el debilitamiento del multilateralismo y el creciente uso del comercio, la tecnología y las cadenas de abastecimiento como instrumentos de poder están configurando un escenario internacional bastante diferente. Para la Argentina, este cambio puede representar una amenaza. Pero también una oportunidad extraordinaria.

El punto de partida es reconocer que los alimentos están recuperando una dimensión estratégica que había quedado parcialmente disimulada durante las décadas de expansión de la globalización. Energía, minerales críticos, semiconductores y tecnologías digitales son recursos estratégicos. Los alimentos también lo son. Hay, además, una diferencia fundamental. La producción agropecuaria depende de dos recursos —tierra y agua— distribuidos de manera extraordinariamente desigual entre los países. La tecnología puede compensar parcialmente esas diferencias mediante riego, fertilización, genética y sistemas productivos cada vez más sofisticados. Pero no puede eliminarlas. +Por eso el comercio internacional de alimentos seguirá siendo indispensable. Una parte importante del mundo necesita importar para alimentar a su población. Y cuanto más incierto sea el escenario internacional, mayor será la preocupación de esos países por asegurar el abastecimiento.

Aquí aparece una paradoja. El nuevo contexto probablemente impulse políticas de mayor autoabastecimiento y proteccionismo agrícola. Pero, al mismo tiempo, muchos países simplemente no disponen de los recursos naturales necesarios para producir todo lo que consumen. La seguridad alimentaria dependerá entonces no sólo de producir localmente, sino de contar con proveedores externos confiables. Ese cambio puede modificar profundamente el valor estratégico de países como la Argentina.

Nuestro país posee una combinación poco frecuente: recursos naturales abundantes, capacidad tecnológica, empresarios y productores innovadores, una estructura productiva flexible y una larga experiencia exportadora. A ello se agrega algo que podría adquirir creciente importancia: estamos ubicados en una región relativamente alejada de los principales escenarios de conflicto internacional y con acceso al Atlántico Sur. Pero disponer de esas ventajas no garantiza aprovecharlas.

La agricultura argentina atravesó durante las últimas décadas una transformación extraordinaria. La incorporación de tecnología, la siembra directa, la biotecnología y el desarrollo de redes empresariales integradas por productores, contratistas, proveedores de insumos y servicios permitieron construir uno de los sistemas productivos más competitivos del mundo. Esa plataforma continúa siendo una fortaleza, pero difícilmente alcance por sí sola para producir durante las próximas décadas un salto comparable al del pasado. El nuevo escenario exige una segunda transformación.

La primera prioridad es volver a colocar la productividad en el centro de la estrategia económica. Eso supone acelerar la incorporación de biotecnología, agricultura digital, inteligencia artificial y nuevas tecnologías productivas, pero también reconstruir y modernizar las capacidades científicas y tecnológicas necesarias para generar y adaptar esas innovaciones.

La segunda es la infraestructura. No podemos aspirar a convertirnos en un proveedor estratégico mundial con ferrocarriles insuficientes, rutas deterioradas, problemas recurrentes en la Hidrovía, deficiencias energéticas en amplias zonas del interior y brechas de conectividad digital. En la agricultura que viene, una buena red de datos puede ser tan importante como un buen camino.

La tercera transformación es probablemente la más importante: la Argentina necesita dejar de pensar exclusivamente en toneladas y avanzar mucho más decididamente hacia la agroindustrialización.

En un mundo de mercados más administrados y relaciones comerciales más políticas, exportar alimentos diferenciados, ingredientes, carnes, bioenergías, biomateriales y otros productos de mayor elaboración permite capturar más valor, generar empleo en el interior y construir relaciones comerciales más estables. La agroindustrialización no es solamente una política sectorial: puede convertirse en uno de los grandes instrumentos de desarrollo territorial del país.

También debemos mirar de otra manera al MERCOSUR. La región constituye una de las principales plataformas exportadoras netas de alimentos del planeta. Sin embargo, todavía funciona mucho menos como una verdadera plataforma agroindustrial integrada de lo que permitirían sus recursos y capacidades. Armonizar normas sanitarias, estándares de calidad, infraestructura y cadenas productivas permitiría negociar desde una posición considerablemente más fuerte.

El mundo que emerge será probablemente menos previsible, más competitivo y más conflictivo. En ese escenario, los alimentos dejarán de ser solamente mercancías para convertirse, cada vez más, en componentes de la seguridad económica y política de los países.

Para la Argentina esto plantea una decisión estratégica. Podemos continuar discutiendo la agricultura fundamentalmente como una fuente de recursos fiscales y divisas, o comenzar a verla como uno de los principales activos geopolíticos del país. La diferencia no es semántica. Implica políticas distintas.

Argentina tiene recursos naturales, conocimiento, empresas, productores y capacidad exportadora para convertirse en un proveedor confiable y estratégico de alimentos y productos agroindustriales en un mundo que necesitará cada vez más seguridad de abastecimiento. Pero hacerlo requerirá productividad, tecnología, infraestructura, agroindustrialización y una política comercial mucho más sofisticada.

En un mundo donde los alimentos vuelven a ser poder, pocos países disponen de las oportunidades que tiene la Argentina. La cuestión es si tendremos la visión y la capacidad política para aprovecharlas.

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