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"Me gusta ser la vara que mide el status de los competidores nuevos": Klan se prepara para la Red Bull Batalla 2026

"Me gusta ser la vara que mide el status de los competidores nuevos": Klan se prepara para la Red Bull Batalla 2026

El freestyler argentino repasa sus participaciones en la Final Nacional y analiza cómo cambió la escena desde sus comienzos en las plazas. Además, habla de su regreso a la competen

Klan vuelve a una Final Nacional de Red Bull Batalla. A los 32 años, Lucas Matías Santo es uno de los nombres que mejor representa la historia del freestyle argentino: empezó a competir alrededor de 2008, recorrió plazas de todo el país y fue campeón argentino en 2021. Ahora se prepara para una nueva edición, el próximo 2 de octubre en Deseo Club, rodeado de competidores de distintas generaciones y con un objetivo que va más allá de volver a levantar un trofeo.

Su vínculo con Red Bull comenzó mucho antes de convertirse en campeón. En 2009 iba al cyber a mirar las batallas y seguía a quienes competían en las nacionales. Con el paso de los años, terminó convirtiéndose él mismo en uno de los protagonistas de esas competencias. Atravesó distintas épocas de la escena, desde las batallas en plazas con recursos mucho más limitados hasta el presente, en el que esos mismos espacios reciben grandes producciones y una atención que antes estaba reservada para los escenarios.

En el camino también construyó una carrera musical. Tiene más de 13 álbumes y trabaja actualmente en Sin censura, su próximo disco, cuya fecha de lanzamiento es el 22 de octubre. Después de haberse alejado durante un tiempo del freestyle para concentrarse en la música, volvió a competir porque, según explica, las batallas siguen teniendo para él un componente personal que va más allá de la competencia.

Antes de una nueva Final Nacional, Klan repasa su recorrido, habla de los cambios que atravesó el freestyle argentino, de los competidores que llegan desde las nuevas generaciones y de su lugar frente a ellos. “Cuando me quieren cruzar y ganarme, me hace sentir felicidad”, dice. “En un toque soy la vara que mide su status en ese momento”.

¿Qué significa para vos volver a competir en una Nacional después de tantos años?

Cuando pienso en la cantidad de nacionales que tengo, primero pienso que soy una persona que no se cansa de buscar e intentar. Eso me lo reconozco. Es como un abrazo personal que me doy a mí mismo, porque hay que creer en uno. Si uno no se la cree, ¿cómo espera crear y que además le crean? He visto, en plano secuencia, muchas caras, muchos competidores, muchos jurados y muchos eventos. He vivido eventos con 10.000 personas en con 20 en la pandemia. Una locura. Y me enorgullece. Mi campeonato llevó muchos años hasta poder cumplirse. Siempre era volver a casa diciendo “el próximo será”. Llegó un momento en el que incluso llegué a dudarlo y a cansarme. Dije: “Bueno, estoy dispuesto a soltar esto porque necesito ponerme atención personalmente en otras cosas”.

¿Qué lugar ocupa hoy el freestyle en tu vida?

Para mí el freestyle, las batallas y Red Bull son la primera ilusión que tuve desde chico. En 2009 iba al cyber a ver Red Bull, a ver competir a Fresco (Frescolate, el primer campeón internacional de Batalla) y a distintos referentes. Todo eso converge en una salvación. Para mí es una especie de terapia. Hoy lo tomo desde ese lado. No creo que tenga que demostrar nada en el freestyle, pero sí tengo mucho que soltar. Tengo diferentes batallas internas y creo que tengo una deuda pendiente conmigo mismo, una conversación con mi psicólogo llamado Red Bull Batalla, que tiene que ocurrir en un gran escenario. Quiero dejar uno de esos bailes que puedan quedar forever.

¿Vas con la intención de volver a ser campeón?

Yo voy a rapear al máximo nivel. Soy una persona medio cabulera, no puedo decir cosas que sean mufa. Pero sí soy una persona muy creyente en mi show. Voy a dar el máximo contra lo que me toque. Y si los resultados son favorables, tocará encarar lo que realmente creo que estoy buscando. Porque la medalla la tengo en mi casa. No sé si estoy yendo por un trofeo que represente lo mismo que el otro. En realidad estoy buscando lo que hay después. Me gustaría dar un buen papel internacionalmente en Red Bull, tomar mi bandera y representarla así como pude hacerlo en las calles y en los parques. Tenemos una cultura muy nuestra, una forma particular de manejarnos en los escenarios de acá. Me gustaría poder ir a representar internacionalmente bajo esa misma metodología: soltar el prime, soltar lo máximo, sentirme 100% libre y que pase lo que tenga que pasar.

Klan Red Bull. Foto: Facundo Suárez / Red Bull Content Pool

¿Cómo ves a los competidores que llegan a esta Nacional?

Muchas caras nuevas, y siento que eso está rebueno. Está divertido. Sería aburrido seguir compitiendo contra la misma gente, pero al mismo tiempo también hay nombres como los de Cacha y Mecha. Con Cacha tenemos muchísimas batallas desde hace mucho tiempo, todas muy de tope de gama. Es como un duelo saiyajin entre él y yo. Creo que eso va a estar muy divertido si llega a ocurrir otra vez. Y con Mecha siempre que hablo me comparo con Cars. Para mí él sería el auto nuevo y mis herramientas suelen ser la experiencia, por cuestiones de edad, de desempeño y de comprensión del formato y de la competencia. Creo que está rebueno porque me inspira. Soy consciente, porque él mismo me lo ha dicho tanto en persona como en batallas, de que yo le genero lo mismo. Con el chabón nos vemos y nos dan ganas de matarnos. Pero porque también sé que él representa eso en su generación, como yo lo representé en la mía.

¿Y qué te genera saber que muchos de esos competidores van a querer cruzarte y ganarte?

Para mí, ser consciente de que ellos quieren cruzarme y ganarme me hace sentir felicidad. Porque, en un toque, soy la vara que mide su estatus en ese momento. Al vencerme a mí tomarían otro tipo de confianza o se sentirían mejor. No es cualquier cosa de decir “competí contra Klan” o “perder contra Klan”. Y mucho menos “le gané a Klan”. Entonces, lejos de intimidarme, me parece hasta divertido. También me da como cierto masaje en los hombros de: “Dale, andá y matalos”.

Vos viviste la escena desde las plazas hasta este presente, con producciones mucho más grandes. ¿Cómo viste esa transformación?

Todo nace desde ese origen. Todo nace de la plaza. Todos los artistas que después nos representarían como campeones del mundo o como artistas de rap o de trap que llenarían estadios emergen desde la plaza. Siento que los tiempos de Dios son perfectos. Es una especie de justicia divina que el lugar del que todo emerge sea mimado de esa forma. Que se lleven las mismas cámaras que se llevan a grandes escenarios, que se les dé la misma atención a los pibes en un parque que a un artista en un camarín. Que se lleven categorías de élite a un lugar donde se los puede cruzar un pibe que quizás no podría pagar una entrada para ir a verte a otro sitio. He recorrido plazas de todo nuestro país, tanto en el interior como en Buenos Aires, y también otros países. Creo que la escena está en su punto cúlmine. Lo que está pasando es el tope de gama del contenido bien cuidado y presentado del rap de calle hacia la gente.

¿Cómo cambió tu manera de competir desde tu primera Red Bull hasta ahora?

Creo que podría separarse en algunos años. Del 2014 al 2016 no sé si hubo mucho cambio en cuanto al ritmo y al método que utilizaba para ejecutar mis rimas. Era una persona más del punch, por lo menos en Red Bull. Del 2016 en adelante fui más de tirar flows, tratar de bajar estructuras, trabajar mucho mi puesta en escena, el lado más estético y volverme un artista consciente de dónde estaba y qué estaba haciendo. En 2021 gano estando, ponele, a un 20% del nivel que sé que puedo dar en un cypher. Pero tenía la más mil. Estaba convencido. Era una cuestión energética. Quienes están conmigo en presencia, ya sea en escenario o en plaza, saben que tengo algo que a veces no traspasa el lente. Porque ¿cómo podés, a través de un video, sentir en tu piel lo que estoy transmitiendo? Es difícil. Ahora estoy en un momento donde tranquilamente puedo ir a mostrar todos estos poderes que tengo: estructuras, skills, flows y puesta en escena.

También estás trabajando en un nuevo disco. ¿Qué lugar ocupa la música ahora?

El disco se llama Sin censura y apunta a ser mi álbum de consagración. Es el álbum que creo junto a Nick, que es mi productor conjunto y también produjo mi anterior disco. Quiero poder llegar nuevamente a la gente, explicarles en qué estoy y qué estoy sintiendo, cambiarle la realidad también a mi familia y a mis amigos, y poder empezar a hacer cosas más grandes que hoy no están a mi alcance. Tuve que alejarme del freestyle durante un año y medio y tuve que dejarlo tres años y medio para poder trabajar este álbum tranquilo. Hoy estoy compitiendo de vuelta en plaza, estoy en una Red Bull de vuelta porque necesito terapia, porque me hace bien. Pero si me preguntás dónde está mi foco en este momento, está en el álbum, 100%.

¿Qué podés contar de Sin censura?

Tiene 13 tracks, de los cuales hicimos diez videoclips. Hay feats internacionales con Brasil, Italia y México, además de artistas nacionales y productores que ganaron Grammys. Nunca viví algo así. También estoy disfrutando el proceso. Hicimos todo muy a pulmón y después pasaron cosas como terminar firmando con Warner y trabajar con productores internacionales con premios muy relevantes. El álbum sale el 22 de octubre. Estoy muy ansioso, me como las uñas, pero sé que va a valer la pena. Todo se dio así. No fue un plan maestro en el que dije “justo en esta parte del año voy a vivir esto, esto y esto”. Creo que, otra vez, fueron los tiempos de Dios.

En 2018 decías que tu sueño máximo era hacer un recital como los del Indio Solari. ¿Sigue siendo una meta?

Sigue siendo una meta mía hacer un recital como los del Indio, totalmente. No quiero la chapa del pogo más grande del mundo: si quisiera el pogo más grande del universo, creo que voy por ese. Por más que tenga 40 años, no me importa. No me voy a rendir. Los últimos shows que di arrancaron con mis primeros sold outs para 500 personas, 400, 300, cosas que antes no me pasaban ni en pedo. Así que creo que haciendo las cosas bien, laburando bien, metiéndole estos años y cuidando la cabeza, la salud y todo, podemos hacerlo. Lejos de compararme con esa leyenda, lo tomo como ejemplo. La única forma de llegar a donde querés ir es yendo.

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