En una reunión, algunas personas intervienen constantemente mientras otras escuchan durante largos períodos y hablan solamente en momentos puntuales. Es tentador pensar que quien permanece callado transmite seguridad y autoridad porque no necesita llamar la atención. La investigación psicológica muestra una realidad bastante más compleja.
Distintos estudios analizaron cuánto habla una persona, cómo la percibe el resto del grupo y quién termina considerado un líder. Los resultados cuestionan una creencia extendida: hablar menos no garantiza proyectar mayor poder.
La curiosa “hipótesis del parloteo”
Una investigación publicada en The Leadership Quarterly puso a prueba la denominada “babble hypothesis” o hipótesis del parloteo, según la cual la cantidad de tiempo que alguien habla puede ayudar a predecir quién emerge como líder.
El equipo encabezado por Neil MacLaren estudió pequeños grupos mientras sus integrantes resolvían tareas conjuntamente.
La cantidad de tiempo que alguien habla puede ayudar a predecir quién emerge como líder.
Los investigadores midieron el tiempo de participación de cada persona y analizaron quién terminaba siendo identificado como líder por los demás. El resultado fue llamativo: quienes hablaban más tenían mayores probabilidades de emerger como líderes. La relación continuó apareciendo incluso después de considerar características como personalidad, inteligencia y género.
Hablar más no significa ser mejor líder
El hallazgo necesita una aclaración importante. El estudio no demuestra que hablar constantemente convierta a alguien en un buen líder. Lo que revela es una asociación entre ocupar más espacio durante la conversación y ser percibido como una figura de liderazgo.
Hablar más no significa ser un buen líder.
Una persona que interviene frecuentemente tiene más oportunidades de proponer ideas, responder preguntas, orientar la discusión o expresar una posición. Esa visibilidad puede influir en la manera en que el grupo interpreta su papel.
Qué ocurrió en otro experimento con equipos
Una investigación posterior encabezada por Andrew Loignon volvió a examinar esta relación con más de 190 personas distribuidas en 38 equipos. Los resultados apuntaron en una dirección similar: cuanto mayor era el tiempo promedio de participación de un integrante, mayores eran las percepciones de liderazgo que recibía de sus compañeros.
Según un estudio, cuanto mayor es el tiempo promedio de participación de un integrante, mayores son las percepciones de liderazgo que recibe de sus compañeros.
Pero seguía pendiente una pregunta fundamental: ¿las personas consiguen influencia porque hablan más o hablan más porque los demás consideran valioso lo que aportan?
El estudio con más de 400 directivos
Arran Caza y Andrew Loignon buscaron profundizar esa cuestión estudiando a 446 altos directivos distribuidos en 75 equipos durante una simulación organizacional de cinco horas. Una vez más, quienes hablaban durante más tiempo tendían a recibir mayores evaluaciones de influencia y efectividad.
Sin embargo, apareció un detalle revelador. Cuando los investigadores tuvieron estadísticamente en cuenta la efectividad percibida, la cantidad de tiempo hablando dejó de predecir significativamente la influencia.
Cuando los investigadores tuvieron estadísticamente en cuenta la efectividad percibida, la cantidad de tiempo hablando dejó de predecir significativamente la influencia.
Esto abre otra interpretación: el grupo podría conceder más espacio para hablar precisamente a quienes considera capaces de realizar contribuciones útiles.
Cuándo el silencio sí puede resultar efectivo
Eso no significa que permanecer callado carezca de ventajas. Jared Curhan, del MIT Sloan School of Management, y sus colaboradores estudiaron el efecto de introducir silencios prolongados durante negociaciones.
En cuatro estudios encontraron que pausas de al menos tres segundos podían favorecer una forma de pensamiento más deliberativa y ayudar a encontrar soluciones capaces de generar valor para ambas partes.
El silencio, entonces, puede ser una herramienta. Pero su efecto depende del momento y del contexto.
Por qué importa quién se queda callado
Los experimentos sobre negociaciones encontraron además que el estatus podía modificar la manera en que funcionaba una pausa. Cuando existían diferencias claras de posición entre los participantes, los silencios utilizados por personas de mayor estatus podían producir efectos distintos de aquellos iniciados por personas con menor estatus.
Eso ayuda a explicar por qué resulta difícil establecer una regla universal. Una persona que permanece en silencio puede parecer segura, reflexiva o poderosa en determinada situación. En otra, exactamente el mismo comportamiento puede interpretarse simplemente como falta de participación.
La evidencia tampoco respalda la idea de que hablar mucho sea necesariamente una búsqueda de aprobación. Lo que parece importar es una combinación más amplia: cuánto participa alguien, qué aporta cuando interviene, cómo reaccionan los demás y qué lugar ocupa dentro del grupo.
En las conversaciones, por lo tanto, la autoridad no depende simplemente de hablar más o de hablar menos, sino de lo que ocurre cuando finalmente llega el momento de tomar la palabra.
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