02/09/2026 06:34
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ESPECTACULOS

Romina Ricci y Margarita Páez: madre e hija se meten con Shakespeare en plan musical y dicen que nada hubiera cambiado si la nena hubiese querido ser contadora

Romina Ricci y Margarita Páez: madre e hija se meten con Shakespeare en plan musical y dicen que nada hubiera cambiado si la nena hubiese querido ser contadora

Con Ricci recibida como directora de ópera, estrenan "Es teatro, es deseo: Julieta y Romeo", una obra con quintetos de cuerda, piano, bailarines y actores, con el foco puesto en la

Estamos en un coqueto bar del barrio de Palermo. La lluvia acompaña al día desde la madrugada y recién parece comenzar a desvanecerse minutos antes del encuentro con Romina Ricci y Margarita Páez.

Esta vez no vienen, al menos en principio, en sus roles de madre e hija. Son directora y actriz. Ricci escribió y dirige Es teatro, es deseo: Julieta y Romeo, la obra que se estrenará el jueves 3 de septiembre en el Polo Cultural Saldías de la Ciudad de Buenos Aires, y Margarita interpreta a Julieta.

A un día del estreno, cada una expone sus ansiedades de una manera diferente.

Romina es un torbellino de temas. Abre mil ventanas a la vez y las ideas se van acomodando entre la simpatía y el oficio. Margarita, en cambio, parece más organizada desde el comienzo. Al principio escucha más de lo que habla. Atenta a todo, se muestra detallista y racional.

Usando una metáfora inevitable de Fito Páez, el padre de Margarita, si una elige “la razón”, la otra parece preferir siempre “un poco de caos”.

Aunque en ambas hay algo que resulta imposible disimular: la pasión.

A pocos minutos del comienzo de la charla, el sol finalmente se abre paso entre las nubes. Por efecto de los espejos del bar, un arcoíris se proyecta justo sobre el rostro de Margarita. Romina lo advierte, saca su teléfono y le toma una foto a su hija, que posa con paciencia y ternura.

-Es así, naciste en una casa de artistas -dice-.

Vínculo. Romina Ricci y Margarita Páez parecen tener personalidades opuestas, pero complementarias. Foto: Martín Bonetto

El amor en el vínculo entre ambas va inundando la conversación. Casi siempre aparece en clave de arte. Música, fotografía, teatro. Una forma de comunicarse que parece atravesar toda la historia familiar.

Y ahora también las encuentra compartiendo escenario.

Julieta y Romeo hoy

-¿Por qué Romeo y Julieta hoy? ¿Cómo se cuenta de una manera novedosa una historia que todos conocemos?

-Bueno, primero que no es Romeo y Julieta, sino Julieta y Romeo -advierte Ricci-.

-No es un detalle menor.

-No es menor -confirma-. Hay algo que me interesó desde el comienzo: contar una historia que conocemos todos, pero vista desde otra mirada. Eso me pareció lindo. Sobre todo porque tengo hijas chiquitas, con amiguitas. A eso, sumale que Shakespeare es siempre actual. Me parece totalmente atemporal por lo que cuenta. Es una historia que nunca va a quedar vieja.

-Pero en esta versión no sólo aparecen Romeo y Julieta.

-También están Hamlet, Lady Macbeth, Ofelia, Ricardo III, Calibán y Cleopatra -enumera Romina-. Fueron los elegidos para estar presentes en la historia que nosotros contamos como Julieta y Romeo. Pero, además, está el deseo. El deseo es el protagonista absoluto.

La obra presenta cómo el deseo actuó en las diferentes historias, cómo se mueve a través de los personajes y cómo cambia el rumbo de lo que sucede. Y, a la vez, estos otros personajes cuentan cómo el deseo interviene también en sus propias historias. Todos los mundos están atravesados por el deseo. ¿Cuál fue el deseo de cada personaje? ¿Cuál fue el deseo de cada historia? De hecho, en un momento Romeo dice, junto a todos los personajes: “Parece que hoy vinimos todos a llorar al monte”.

Rominqa Ricci estudió dirección de ópera durante tres años, en los que aprendió a leer partituras. Se define como muy curiosa. Foto: Martín Bonetto

-Por amor -completa Margarita, con precisión-.

-Por amor al monte -cierra Romina-.

Margarita retoma la idea.

-Si bien es una historia que se contó muchas veces, nunca así. Y, volviendo a lo que decía mi mamá, es un poco la historia del deseo, no sólo de ellos, sino de un montón de historias que se mezclan y se encuentran. En realidad, es algo que nos atraviesa a todos. Siento que el público se va a identificar con alguien porque hay tantos deseos que, de alguna manera, encajan con todos.

-Imagino que estas cosas que marcan se fue dando en una charla entre ustedes.

Margarita: Desde el vamos, mamá ya la había escrito. Después fue encarar la obra y buscar a la Julieta que la iba a hacer.

Romina: Margu no estaba desde el arranque en Julieta y Romeo. Después, con Balti (Balthazar Murillo, pareja de Margarita, quien interpreta a Romeo), se fueron sumando a los castings. Yo primero no sabía si quería que ella se subiera a este proyecto sólo porque soy su mamá. Quería que fuera un deseo de ellos. Y así fue.

Margarita: Sí, obvio. De hecho, a los castings de los actores fuimos a todos. A Balthazar y a mí nos interesa mucho ese momento. Y qué mejor que hacer Romeo y Julieta con tu pareja y que la directora sea tu mamá. Era redondo.

-¿Qué les gustaría que se llevaran los que vayan a ver la obra?

Romina: Me gustaría que se conmuevan y que vivan un momento potente. Que puedan, por un rato, no pensar que no les alcanza la plata para pagar el gas. Que es algo que nos está costando un poco a los artistas.

Margarita: Que les pase algo. Que se identifiquen con algún tipo de deseo de los personajes. Creo que eso va a pasar. Le pusimos tanto amor a este proyecto que nos quedaríamos felices sólo sabiendo que les movió cosas adentro.

Margarita Páez supo desde niña que quería ser actriz. Y lo consiguió. En la película "Barreda", interpreta a una de la hijas del asesino múltiple. Foto: Martín Bonetto

Cuando mamá se convierte en directora

Trabajar juntas implicó un cambio de reglas en una relación de 22 años.

-¿Cómo es encontrarse en un vínculo de actriz y directora, por fuera del de madre e hija?

Romina: Hermoso y fuerte. Yo trato de ser quien maneja esa situación porque, quizá por ser la más grande y tener más experiencia, intento ir llevando las cosas y separar cada lugar. También es difícil para mí correrme de lo que estoy viviendo al verla a ella como actriz.

Muchas veces trato de alejarme de eso y ponerme en el rol de directora. Voy y vengo de un lugar al otro. Por suerte, nuestra profesión tiene algo que yo tengo muy aceitado, que es entrar y salir. Como directora también. Es una experiencia muy potente.

Y recuerda una situación reciente: "Hace poco fuimos a ver Barreda, donde Margarita hace de una de las hijas, y la escucho decirle “mamá” a alguien. Y me salía el impulso de levantarme y preguntarle qué necesitaba".

La historia de Romeo y Julieta también es la de dos jóvenes que se enfrentan a lo establecido y a los mandatos familiares. Margarita, sin embargo, creció en una casa en la que el arte parecía ser la norma.

-¿Nunca te rebelaste contra eso?

Margarita: No, nunca me rebelé. Entiendo lo que decís, pero el arte siempre fue el lenguaje en mi casa y el arte es liberador.

Compinches. Romina Ricci y Margarita Páez admiten que el arte siempre fue el lenguaje de la casa familiar. Foto: Martín Bonetto

-¿Nunca dijiste “papás, me cansé de sus mandatos y quiero ser contadora pública”?

-Jajaja. Si quisiera ser contadora pública, lo podría hacer, porque jamás sentí esa presión. Pero por eso te digo: el arte estaba en mi casa, flotando en todos lados. Entonces fue algo que abracé sin darme cuenta. Yo toco el piano desde que tengo cinco años. Lo tengo en la sangre.

-De hecho tu nombre Margarita es el de tu abuela, que era pianista.

-Claro, mi abuela. Y ni hablar de mi padre.

El destino artístico, sin embargo, no fue algo que Romina y Fito buscaran acelerar.

Romina: Cuando ella tenía ocho años quería trabajar en una película y nosotros le dijimos que hasta que no terminara el colegio, no. Tomaba clases y la llamaban para actuar, pero nosotros decíamos que todavía no.

-¿Siempre supiste que iba a ser actriz?

Romina: Sí, desde muy chiquita. Yo me la imaginaba médica o piloto de avión. ¡Yo quería ser piloto de avión y se lo quería encajar a todas mis hijas! Pero ella siempre fue una actriz.

Margarita: Y Bethania también quiere ser actriz.

-Sí, la más chiquita también quiere ser actriz. ¡Todas me salieron actrices!

"Es teatro, es deseo: Julieta y Romeo", con dirección de Romina Ricci y protagónico de Margarita Páez, se estrena el 3 de septiembre en el Polo Cultural Saldías. Foto: Martín Bonetto

“Acá hay un torbellino”

-¿Hubo un momento en el que descubriste a Margarita como actriz y te sorprendió?

Romina: Sí, claro. Sucedió en un momento. Yo medio que la dejo fluir y que vaya encontrando su lenguaje. Pero hubo un día en el que dije: “Ya está”. ¿Y sabés cuándo? -pregunta, mirando a Margarita con complicidad-.

-¿El día que hicimos el final? -arriesga Margarita-.

-Ese día también, pero yo lo vi antes. El día del Fray Lorenzo, cuando dijiste “No me quiero casar...”. Ahí peló y yo dije: “Uf, acá hay un torbellino”. Por un lado sentí alivio, porque yo no la quería presionar más de lo que ya está ocurriendo. Y más sabiendo lo autoexigente que es ella.

-La magnitud de la puesta, además, no es menor.

Romina: Lo que estamos haciendo es un montón. Hay mucha gente en escena: quintetos de cuerdas en vivo, piano, bailarines, actores. En un momento, entiendo que nadie entiende bien lo que estoy haciendo e igual tengo que ir hacia adelante. Trato de quedarme tranquila y entender los tiempos de cada uno.

-¿Y vos, Margarita, en algún momento te olvidás de que es tu mamá y pasa a ser solamente tu directora?

-No, la verdad que cuesta. Igual tampoco es algo que se necesite. Ella sabe manejar este barco y todos confiamos en ella.

Si bien a Margarita Páez le cuesta separar los roles de su madre y su directora, sabe bien que Romina Ricci es la que maneja el barco. Foto: Martín Bonetto

La curiosidad como motor

En 2018, cuando ya era una actriz reconocida, Romina Ricci comenzó a estudiar Dirección de Ópera.

-Siempre fui así -explica-. Siempre me gustó aprender, incursionar. Soy muy curiosa e inquieta. Fotografía, idiomas, lo que sea. Mi mente siempre está buscando algo más.

-¿Estudiar Dirección de ópera le sumó cosas a la actriz?

-Sí, absolutamente. Como todo. Me sumó como actriz y como directora. Aprendí a leer partituras. Fue increíble la carrera. La terminé en tres años. Me agarró la pandemia y, dentro de todo lo que fue, tuve la oportunidad de dar las materias que me faltaban. Terminé haciendo una película en mi casa, con amigos. Un cine-ópera que se estrenó en el BAFICI y fue muy hermoso.

-Pienso que no podemos hablar de algo que tiene tanto que ver con la música sin pasar por tu papá. ¿Le mostraron algo? ¿Qué opinó?

Margarita: La verdad es que papá no se mete, en eso, él es muy cuidadoso.

Romina: No, en la música no se mete. Igual le mandé los tracks ayer. La música la fui eligiendo momento a momento y trabajando con el maestro musical, viendo cómo se armaban las partituras. Creo que papá va a venir a verla en noviembre (le dice a Margarita).

Margarita; ¡Qué bueno!

Romina: La idea es que se sorprenda, que venga y lo disfrute.

Margarita: Re. Eso sería lo mejor.

Algo que quedará para siempre

Compartir una obra como esta, siendo madre e hija, directora y actriz, parece tener un peso que recién con el tiempo podrán dimensionar.

-Seguramente están por vivir momentos que van a marcar su vida y su relación para siempre. ¿Son conscientes de eso?

Romina: Sí, entiendo lo que decís y yo lo siento así también.

Margarita: Es verdad, pero también siento que sería distinto si fuera un unipersonal, porque somos un equipo y la obra es tan coral, donde cada uno es fundamental, que yo lo siento mucho más desde lo grupal que desde lo individual. Estoy muy inmersa en el todo y la verdad es que me cuesta salir de ahí.

Romina: Coincido con esa mirada, pero también siento que es algo que nos va a marcar de por vida. Y yo, cada vez que lo hacen, no hay un día que no llore. Para mí es muy fuerte, muy impresionante, muy conmovedor.

Hace unos días vino su hermana menor Betha, a ver un ensayo y cuando terminó no paraba de llorar. Margarita no se da cuenta, porque está adentro de todo, pero yo, que lo veo desde afuera, veo algo muy fuerte. Creo que con los años vamos a asimilar lo que estamos a punto de vivir.

Romina Ricci y Margarita Páez. Para conseguir el rol de Julieta, la hija tuvo que hacer casting con su madre. Foto: Martín Bonetto

-¿Quién de las dos es más exigente?

Romina: Creo que yo (risas).

Margarita: Ella tiene que manejar un barco de mucha gente. Yo soy muy exigente conmigo misma, y más con la actuación. Por ejemplo, mi novio es más jodón en los ensayos y a mí a veces me molesta un poco. Yo no soy jodona en ese momento. Me gusta ensayar más serio.

La potencia de los extremos

-¿En qué se encontraron una en la otra? ¿Qué descubriste vos, Romina, como actriz en Margarita? ¿Y qué encontró Margarita en su mamá? ¿Cómo este nuevo rol las ayudó a redescubrirse?

Romina: Uf, en muchas cosas. En lo humano, ella es muy protectora. Con sus hermanas, con los suyos. Ahí me encuentro en ella. Por el lado de la actuación, creo que en la potencia me veo en ella. En cierta potencia, medio extrema. Con Margarita nos encontramos en los extremos. Nunca en los grises, sino en los colores fuertes.

Margarita: Yo espero encontrarme en ella, desde el lado de la actuación, justamente en los colores más fuertes. Como te digo, soy muy exigente conmigo, entonces no puedo ver eso todavía. Por eso es que estoy nerviosa por la obra, pero a la vez estoy tranquila, porque la tengo al lado y me dice "confiá". Y en la vida, tengo el carácter de mi mamá. Nuestros padres están en nosotros. No hay forma de escapar (risas).

Con el cierre de Marga, el cielo de Palermo aparece totalmente despejado. El arcoíris que, minutos antes, había caído sobre su rostro también desapareció. Aunque quedó para siempre en la lente de una mamá directora y de una hija actriz.

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