La Pampa logró una mejora marcada en 2024: bajó de 9,0 a 6,6 muertes por cada mil nacidos vivos.
Mientras la tasa de mortalidad infantil volvió a subir en Argentina, La Pampa logró una mejora marcada en 2024: bajó de 9,0 a 6,6 muertes por cada mil nacidos vivos, en contraste con el promedio nacional, que trepó de 8,0 a 8,5, según el Anuario de Estadísticas Vitales.
Con un atraso considerable —ya que debió publicarse a mitad del año pasado— el Ministerio de Salud de la Nación difundió el Anuario de Estadísticas Vitales 2024, el relevamiento oficial que reúne nacimientos y defunciones de todo el país y que es clave para planificar políticas sanitarias. Tal como alertó una nota del portal El Destape, el informe dejó un dato preocupante a nivel nacional: la tasa de mortalidad infantil volvió a subir en Argentina, un indicador considerado «el más sensible» para medir el estado social y sanitario de una población.
Sin embargo, en ese mapa desigual entre provincias, La Pampa mostró una evolución inversa: mientras el promedio nacional aumentó, la provincia logró una reducción marcada de la mortalidad infantil entre 2023 y 2024.
Según los datos oficiales, La Pampa registró en 2023 una tasa de mortalidad infantil de 9,0 por mil nacidos vivos, por encima del promedio nacional de ese año (8,0 por mil). En cambio, en 2024 la provincia bajó a 6,6 por mil, un descenso significativo, mientras que el país subió a 8,5 por mil, el peor registro desde el mínimo histórico de 2023.
La tasa de mortalidad infantil (TMI) expresa cuántos bebés mueren antes de cumplir un año por cada mil nacidos vivos en un año determinado. Por eso, su evolución funciona como un termómetro social: cuando la cifra sube, se encienden alarmas sobre qué falló en los «escudos» de protección —controles durante el embarazo, atención del parto, nutrición, vacunación, acceso al agua segura y atención primaria—.
De acuerdo con el anuario, en 2023 hubo 460.902 nacidos vivos en Argentina y fallecieron 3.689 menores de un año, mientras que en 2024 se registraron 413.135 nacidos vivos y murieron 3.513 bebés. Es decir: nacieron cerca de 47 mil niños menos, pero el indicador empeoró. La nota de El Destape explicó que, si en 2024 se hubiese mantenido la misma cantidad de nacimientos que el año anterior, el aumento de la tasa habría implicado unas 220 muertes infantiles adicionales.
En ese marco, el diputado nacional y ex ministro de Salud de Tucumán Pablo Yedlin advirtió que el repunte es un signo de alarma: remarcó que la mortalidad infantil venía bajando de manera sostenida y que «es la primera vez en los últimos años que se registra un repunte», por lo que pidió un análisis minucioso jurisdicción por jurisdicción.
El ministro de Salud bonaerense Nicolás Kreplak, en tanto, sostuvo que no se deben sacar conclusiones definitivas con un solo año, pero señaló que el aumento principal se dio en el componente neonatal —muertes en los primeros 27 días—, lo que suele estar vinculado al funcionamiento del sistema de salud y la calidad en la atención del embarazo y el parto, especialmente en casos de prematurez.
La Pampa
En contraste con ese panorama nacional, La Pampa logró mejorar sus indicadores en 2024, pasando de 9,0 por mil a 6,6 por mil. El dato es relevante por dos razones: primero, porque marca una mejora concreta en un indicador sensible; y segundo, porque se produce en un año en el que el país, en promedio, retrocedió.
En 2024, varias provincias se ubicaron por encima del promedio nacional. En ese listado aparecen Corrientes (14), Chaco (11,8), Formosa (10,7), La Rioja (11,7), Misiones (9,5), Salta (10,1), San Juan (9,2), Santiago del Estero (10,7) y Tucumán (10,2). El contraste muestra con crudeza que las chances de supervivencia del primer año de vida todavía dependen fuertemente del lugar de nacimiento, con brechas sanitarias y sociales muy profundas.
Especialistas citados por El Destape señalan que, cuando la mortalidad infantil es baja, la mayor parte de las muertes suelen estar asociadas a causas congénitas o patologías complejas difíciles de evitar. Pero cuando el indicador sube abruptamente, suelen reaparecer causas reducibles: infecciones, enfermedades respiratorias y cuadros ligados a la desnutrición. Es por eso que una suba repentina puede interpretarse como señal de un deterioro social que empieza a volverse sanitario.
La mejora de La Pampa, en ese contexto, funciona como una excepción positiva frente al promedio nacional: un dato que, además, abre interrogantes sobre qué medidas, dinámicas del sistema de salud o condiciones de atención pudieron sostenerse en la provincia para empujar el indicador hacia abajo cuando el país iba en sentido contrario.
eldiariodelapampa

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