La historia de Maximiliano Ponce en General Paz Juniors tiene algo de esas joyitas que Roberto Fontanarrosa hubiera contado entre risas y verdades profundas. Porque en tiempos de contratos millonarios y burbujas de cristal, el capitán del Poeta vive el fútbol desde un lugar mucho más terrenal. Tan real que por momentos parece ficción. O mejor dicho: una ficción demasiado verdadera.
Ponce es el capitán de un equipo que está a dos pasos de devolver a Juniors al Federal A después de 20 años. Pero al mismo tiempo, de lunes a viernes, es el “intendente” del club. Así, entre comillas, porque él mismo relativiza el título. De 9 a 15 supervisa empleados, compra materiales, controla que todo funcione, resuelve lo que haga falta. Después camina unas cuadras hasta su casa, se da un baño, se tira media horita y vuelve a ponerse la ropa de jugador. Se calza los botines y entrena a la par de sus compañeros. Todos los días. Sin excepción.
“Me parece mucho que mi puesto se llame así. No me siento un intendente, pero trabajo acá en el club”, dice, con naturalidad, como si fuera lo más normal del mundo. En realidad, lo es. Al menos en el Regional Amateur, donde la épica se construye lejos de los flashes.
Nacido en Santa Rosa, La Pampa, hace 29 años, Ponce hizo inferiores en Belgrano de su ciudad. De ahí pasó a Instituto, donde jugó en Cuarta de AFA y luego llegó al plantel profesional que dirigía César Zabala. Fueron cinco años en la Gloria, hasta quedar libre. El camino después no fue recto ni sencillo: Defensores Juveniles en la B de la Liga Cordobesa, Sportivo Tirolesa y finalmente Juniors, el club que hoy siente como su casa.

“Este es mi quinto año como jugador de Juniors y el cuarto siendo capitán. Y trabajo en el club desde hace un año. Acá la mayoría tenemos que trabajar para llegar a fin de mes”, cuenta. Lo dice sin queja, sin dramatismo. Con la misma lógica con la que explica que incluso viene de la Liga Cordobesa, donde el sueldo es menor que en el Regional.
Pero el fútbol siempre ofrece una zanahoria más adelante. Y en Juniors esa zanahoria se llama ascenso. “Ascender nos puede cambiar la vida. Quedar en la historia de un club, devolver a Juniors a donde se merece… sería la satisfacción más grande. Cambia todo: pasás a ser profesional, peleás por un contrato, tenés obra social. Cambian un montón de cosas. Pero al mismo tiempo falta poco y mucho”, reflexiona, con los pies sobre la tierra.

Porque Juniors no juega solo un torneo. Juega un anhelo colectivo. “Son muchos años que el club viene buscando este sueño. Acá el Regional se vive de una forma diferente. Todos quieren devolver a Juniors al Federal A. Y ser capitán de uno de los cinco más grandes de Córdoba es un orgullo enorme, pero también una responsabilidad”, afirma.
La identificación con la gente es otro de los pilares de este equipo. “El hincha hoy se siente identificado con nosotros. Están agradecidos por cómo estamos haciendo respetar la camiseta en todos lados. Me quedo con eso. Podemos devolverles un poco el esfuerzo que hacen para estar siempre”, señala.
Y eso no es poco en un club exigente. Muy exigente. “El hincha de Juniors es bravo. Acá hay que ganar la Liga Cordobesa, salir campeón del Regional… empatás dos partidos y te miran de costado. Por eso está bueno que hoy nos reconozcan el trabajo”, sonríe.
El ascenso en la mira
Después de dejar en el camino a 9 de Julio de Morteros, el Poeta se metió en la final de la Zona Centro del Torneo Regional Amateur. El rival será Central Argentino de La Banda, en una serie ida y vuelta que define mucho más que un partido. El ganador jugará luego una final única ante un equipo de otra región por uno de los cuatro ascensos al Federal A. Falta mucho. Falta poco. El margen es mínimo.
El partido de ida será este domingo en el estadio Lalo Lacasia. Arrancará a las 18 y en Juniors esperan una multitud. “Va a ir mucha gente”, anticipa Ponce, que ya imagina el clima.
Sobre el rival, reconoce que no hay demasiada información, pero sí una idea clara: “Entiendo que son un equipo que mete mucho, de roce, que va a intentar hacer friccionado el partido”. Y sobre las finales, no duda: “Son partidos donde hay que sacar un plus. La parte emocional va a jugar su partido también”.
Juniors arrancó el torneo de manera irregular, como ya le había pasado el año anterior. Pero algo cambió en el camino. “Después de ganarle a Amsurrbac nos fortalecimos mucho. Pudimos encontrar el gol, algo que nos venía costando”, analiza.
Mientras tanto, Maximiliano Ponce sigue con su rutina. Llaves del club por la mañana. Cinta de capitán por la tarde. Y un sueño enorme en el medio. De esos que no se compran ni se negocian. De esos que, si se cumplen, merecen ser contados como un gran cuento del fútbol argentino.
La historia de Maximiliano Ponce en General Paz Juniors tiene algo de esas joyitas que Roberto Fontanarrosa hubiera contado entre risas y verdades profundas. Porque en tiempos de contratos millonarios y burbujas de cristal, el capitán del Poeta vive el fútbol desde un lugar mucho más terrenal. Tan real que por momentos parece ficción. O mejor dicho: una ficción demasiado verdadera.Ponce es el capitán de un equipo que está a dos pasos de devolver a Juniors al Federal A después de 20 años. Pero al mismo tiempo, de lunes a viernes, es el “intendente” del club. Así, entre comillas, porque él mismo relativiza el título. De 9 a 15 supervisa empleados, compra materiales, controla que todo funcione, resuelve lo que haga falta. Después camina unas cuadras hasta su casa, se da un baño, se tira media horita y vuelve a ponerse la ropa de jugador. Se calza los botines y entrena a la par de sus compañeros. Todos los días. Sin excepción.“Me parece mucho que mi puesto se llame así. No me siento un intendente, pero trabajo acá en el club”, dice, con naturalidad, como si fuera lo más normal del mundo. En realidad, lo es. Al menos en el Regional Amateur, donde la épica se construye lejos de los flashes.Nacido en Santa Rosa, La Pampa, hace 29 años, Ponce hizo inferiores en Belgrano de su ciudad. De ahí pasó a Instituto, donde jugó en Cuarta de AFA y luego llegó al plantel profesional que dirigía César Zabala. Fueron cinco años en la Gloria, hasta quedar libre. El camino después no fue recto ni sencillo: Defensores Juveniles en la B de la Liga Cordobesa, Sportivo Tirolesa y finalmente Juniors, el club que hoy siente como su casa.“Este es mi quinto año como jugador de Juniors y el cuarto siendo capitán. Y trabajo en el club desde hace un año. Acá la mayoría tenemos que trabajar para llegar a fin de mes”, cuenta. Lo dice sin queja, sin dramatismo. Con la misma lógica con la que explica que incluso viene de la Liga Cordobesa, donde el sueldo es menor que en el Regional.Pero el fútbol siempre ofrece una zanahoria más adelante. Y en Juniors esa zanahoria se llama ascenso. “Ascender nos puede cambiar la vida. Quedar en la historia de un club, devolver a Juniors a donde se merece… sería la satisfacción más grande. Cambia todo: pasás a ser profesional, peleás por un contrato, tenés obra social. Cambian un montón de cosas. Pero al mismo tiempo falta poco y mucho”, reflexiona, con los pies sobre la tierra.Porque Juniors no juega solo un torneo. Juega un anhelo colectivo. “Son muchos años que el club viene buscando este sueño. Acá el Regional se vive de una forma diferente. Todos quieren devolver a Juniors al Federal A. Y ser capitán de uno de los cinco más grandes de Córdoba es un orgullo enorme, pero también una responsabilidad”, afirma.La identificación con la gente es otro de los pilares de este equipo. “El hincha hoy se siente identificado con nosotros. Están agradecidos por cómo estamos haciendo respetar la camiseta en todos lados. Me quedo con eso. Podemos devolverles un poco el esfuerzo que hacen para estar siempre”, señala.Y eso no es poco en un club exigente. Muy exigente. “El hincha de Juniors es bravo. Acá hay que ganar la Liga Cordobesa, salir campeón del Regional… empatás dos partidos y te miran de costado. Por eso está bueno que hoy nos reconozcan el trabajo”, sonríe.El ascenso en la miraDespués de dejar en el camino a 9 de Julio de Morteros, el Poeta se metió en la final de la Zona Centro del Torneo Regional Amateur. El rival será Central Argentino de La Banda, en una serie ida y vuelta que define mucho más que un partido. El ganador jugará luego una final única ante un equipo de otra región por uno de los cuatro ascensos al Federal A. Falta mucho. Falta poco. El margen es mínimo.El partido de ida será este domingo en el estadio Lalo Lacasia. Arrancará a las 18 y en Juniors esperan una multitud. “Va a ir mucha gente”, anticipa Ponce, que ya imagina el clima.Sobre el rival, reconoce que no hay demasiada información, pero sí una idea clara: “Entiendo que son un equipo que mete mucho, de roce, que va a intentar hacer friccionado el partido”. Y sobre las finales, no duda: “Son partidos donde hay que sacar un plus. La parte emocional va a jugar su partido también”.Juniors arrancó el torneo de manera irregular, como ya le había pasado el año anterior. Pero algo cambió en el camino. “Después de ganarle a Amsurrbac nos fortalecimos mucho. Pudimos encontrar el gol, algo que nos venía costando”, analiza.Mientras tanto, Maximiliano Ponce sigue con su rutina. Llaves del club por la mañana. Cinta de capitán por la tarde. Y un sueño enorme en el medio. De esos que no se compran ni se negocian. De esos que, si se cumplen, merecen ser contados como un gran cuento del fútbol argentino. La Voz

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