egún relataron los damnificados, la agencia de turismo señalada no está dando ningún tipo de respuesta: permanece cerrada.
Lo que debía ser el inicio de unas vacaciones soñadas terminó, para un contingente de vecinos de General Pico, en horas de angustia, llamados desesperados y decisiones límite. Una empresa de turismo local, recientemente instalada en el mercado, estafo a grupos de personas que se disponían a viajar al exterior.
El caso más reciente involucra a un contingente de entre 17 y 20 personas que estaba a punto de partir rumbo a Punta Cana. Con las valijas listas y el embarque encima, comenzaron a llegar las peores noticias: vuelos cancelados, reservas caídas, hoteles que no figuraban como pagos. La razón era clara y brutal: la agencia contratada no había abonado los servicios.
A este cuadro se suma un dato que agrava aún más la situación. Según relataron los damnificados, la agencia de turismo señalada no está dando ningún tipo de respuesta: permanece cerrada. De manera extraoficial, estaría circulando la versión de que el dueño se encontraría internado tras haber sufrido un ataque de presión, motivo por el cual la empresa permanecería cerrada durante esta semana.
Si no se resolvía en cuestión de horas, el viaje se perdía por completo. Fue entonces cuando apareció una segunda agencia de turismo de General Pico, una empresa de larga trayectoria y fuerte prestigio en la ciudad, cuyo gerente decidió intervenir de urgencia.
En diálogo con En Boca de Todos HD, el responsable de esta firma relató con crudeza cómo fue ese rescate contrarreloj. Explicó que los operadores ya habían puesto al prestador original en una “lista negra” y que nadie quería emitir ni contratar servicios vinculados a esa empresa. “Nadie más les emitía, nadie más les contrataba. Si no intervenía alguien con espalda financiera, el viaje se caía”, reconoció.
El gerente asumió un riesgo enorme: puso su nombre, su trayectoria y su credibilidad sobre la mesa para reactivar vuelos y sostener la estadía. Sin embargo, la solución tuvo un costo doloroso para los pasajeros. La gente tuvo que volver a pagar el viaje. En términos simples: un doble pago. Si inicialmente habían abonado una suma cercana a los 20 mil dólares en total, ahora debieron reunir otro monto similar para no perderlo todo.
“No había margen. O ponían la plata otra vez, o perdían el viaje entero”, explicó. La decisión se tomó con el reloj corriendo y con la certeza de que, al menos, podrían viajar. Finalmente, el grupo logró llegar a destino, aunque con la amarga sensación de haber sido víctima de una estafa.
El propio gerente fue tajante al describir una modalidad que, según advierte, se repite: agencias sin respaldo financiero que ofrecen precios muy por debajo del mercado para captar clientes. “Te venden debajo de los costos, te enganchan por ser más barato y después termina saliendo carísimo”, señaló, con un mensaje claro de advertencia.
También explicó por qué decidió no exponerse públicamente: para evitar que “metan a todos en la misma bolsa” y proteger a un sector que vive de la confianza. Aun así, aceptó que la historia se cuente, justamente para alertar a otros viajeros.
Mientras tanto, hay más personas afectadas por esta presunta estafa, y la bronca se mezcla con la impotencia. La postal final es elocuente: turistas que viajaron, sí, pero pagando dos veces; y una ciudad sacudida por un caso que vuelve a poner en primer plano una recomendación clave: cuando una oferta parece demasiado buena para ser real, casi nunca lo es.
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