A favor: Mesaza dedicada al folklore

Nicolás Lencinas

El origen de ¡FAlklore! está en el encuentro musical que propone Mex Urtizberea y en la vuelta generacional que le dio (y le sigue dando) Milo J a su música.

Tras el acercamiento del joven al programa y el posterior lanzamiento de La vida era más corta, la dupla –acompañada de un equipo enorme– lanzó la segunda edición de la mesaza dedicada al folklore. Así, en esta oportunidad, la mesa se llenó de artistas indispensables del género.

Abel Pintos, el Chaqueño Palavecino, La Sole, Euge Quevedo, Teresa Parodi, Nahuel Pennisi, Sergio Galleguillo, Rubén Rada y Sele Vera, entre otros, conforman un almuerzo con sobremesa musical que deja perlas tan bien interpretadas como emotivas.

Chacarera del olvido, Que nadie sepa mi sufrir, Pedro Canoero, La alucinada, Luna cautiva y Zamba de amor en vuelo fueron algunas de los temas del cancionero popular argentino que sonaron a lo largo del programa.

Cada artista invitado le añadió su impronta a la obra que le tocó, y el resultado es magnífico de principio a fin.

La mesa fue abordando distintas temáticas, con Mex como maestro de ceremonias. Muchas preguntas giraron en torno a los inicios de cada artista, al folklore de cada región.

Así, Euge Quevedo habló de las tonadas cuyanas a partir de su infancia en San Luis; Sele Vera se refirió a las fiestas folklóricas patagónicas; y el Chaqueño, al folklore del norte del país, por ejemplo.

También se debatió sobre la cuestión de la tradición y sobre cómo responde el público cuando un artista sale del molde y experimenta otros sonidos. El Chango Spasiuk utilizó el chamamé como ejemplo para explicar la diversidad del género y lo bien que le hace la apertura a otros cruces musicales.

Difícil resumir un programa de casi tres horas en 300 palabras, pero ¡FAlklore! es un producto interesante, novedoso, bien encarado y también didáctico.

Recomendación: así como en sus estrenos de los mediodías de domingo, el programa se disfruta mejor en medio del asado, durante el almuerzo.

En contra: El folklore, más allá de la industria y Buenos Aires

Andrés Fundunklian

La segunda entrega de ¡FAlklore! ratificó e incluso profundizó la propuesta que habían lanzado Mex Urtizberea y Milo J hace unos meses: un auténtico encuentro entre artistas destacados del mapa folklórico argentino (y con algunos “invitados foráneos” como Ruben Rada y Agarrate Catalina) charlando sobre el género, las costumbres y versionando algunos temas del cancionero popular.

El gran acierto del formato es sin dudas haber planteado un necesario cruce generacional y de estilos musicales, desde un lugar sin demasiada pretensión más que la inquietud del propio Milo, un artista surgido de la llamada música urbana que según él mismo contó en los últimos años se enamoró genuinamente del folklore e incluso aportó un disco brillante en este tiempo.

A pesar del resultado satisfactorio del producto audiovisual, hay cuestiones que son válidas apuntar.

Se sabe que ese mapa folklórico mencionado antes es muy amplio y bien diverso en nuestro país. Y está claro que en el caso de ¡FAlklore! los artistas elegidos representan mayormente a la industria musical y la mirada desde Buenos Aires.

Es cierto que la elección tiene cierto tinte federal (hay artistas nacidos en diversas provincias), pero al convocar demasiadas figuras, se pierde un poco la magia de lo desconocido para el gran público. Sería lindo ver más “radameles” y menos caras tan conocidas.

El repertorio es otro tema a debatir: el folklore argentino es mucho más que zambas y chacareras. Si bien en ambas entregas hubo una acertada inclusión de otros estilos (chamamé, cueca cuyana) hubiera sido interesante ampliar el abanico. ¿Cómo no aprovechar a Sergio Galleguillo para una chaya o al “Tilín” Orozco con una tonada y su respectivo cogollo?

Por último, la gran cantidad de invitados atenta contra la fluidez de la charla y hasta de la guitarreada. Por momentos pareciera que cada quien tiene que levantar la mano para aportar un bocadillo y por ejemplo, Juan Quintero se quedó sin tocar en el primer envío. Como se dijo, se celebra la iniciativa, sin embargo muchas veces menos es más.

​A favor: Mesaza dedicada al folkloreNicolás LencinasEl origen de ¡FAlklore! está en el encuentro musical que propone Mex Urtizberea y en la vuelta generacional que le dio (y le sigue dando) Milo J a su música.Tras el acercamiento del joven al programa y el posterior lanzamiento de La vida era más corta, la dupla –acompañada de un equipo enorme– lanzó la segunda edición de la mesaza dedicada al folklore. Así, en esta oportunidad, la mesa se llenó de artistas indispensables del género.Abel Pintos, el Chaqueño Palavecino, La Sole, Euge Quevedo, Teresa Parodi, Nahuel Pennisi, Sergio Galleguillo, Rubén Rada y Sele Vera, entre otros, conforman un almuerzo con sobremesa musical que deja perlas tan bien interpretadas como emotivas.Chacarera del olvido, Que nadie sepa mi sufrir, Pedro Canoero, La alucinada, Luna cautiva y Zamba de amor en vuelo fueron algunas de los temas del cancionero popular argentino que sonaron a lo largo del programa.Cada artista invitado le añadió su impronta a la obra que le tocó, y el resultado es magnífico de principio a fin.La mesa fue abordando distintas temáticas, con Mex como maestro de ceremonias. Muchas preguntas giraron en torno a los inicios de cada artista, al folklore de cada región. Así, Euge Quevedo habló de las tonadas cuyanas a partir de su infancia en San Luis; Sele Vera se refirió a las fiestas folklóricas patagónicas; y el Chaqueño, al folklore del norte del país, por ejemplo.También se debatió sobre la cuestión de la tradición y sobre cómo responde el público cuando un artista sale del molde y experimenta otros sonidos. El Chango Spasiuk utilizó el chamamé como ejemplo para explicar la diversidad del género y lo bien que le hace la apertura a otros cruces musicales.Difícil resumir un programa de casi tres horas en 300 palabras, pero ¡FAlklore! es un producto interesante, novedoso, bien encarado y también didáctico. Recomendación: así como en sus estrenos de los mediodías de domingo, el programa se disfruta mejor en medio del asado, durante el almuerzo.En contra: El folklore, más allá de la industria y Buenos Aires Andrés FundunklianLa segunda entrega de ¡FAlklore! ratificó e incluso profundizó la propuesta que habían lanzado Mex Urtizberea y Milo J hace unos meses: un auténtico encuentro entre artistas destacados del mapa folklórico argentino (y con algunos “invitados foráneos” como Ruben Rada y Agarrate Catalina) charlando sobre el género, las costumbres y versionando algunos temas del cancionero popular.El gran acierto del formato es sin dudas haber planteado un necesario cruce generacional y de estilos musicales, desde un lugar sin demasiada pretensión más que la inquietud del propio Milo, un artista surgido de la llamada música urbana que según él mismo contó en los últimos años se enamoró genuinamente del folklore e incluso aportó un disco brillante en este tiempo.A pesar del resultado satisfactorio del producto audiovisual, hay cuestiones que son válidas apuntar. Se sabe que ese mapa folklórico mencionado antes es muy amplio y bien diverso en nuestro país. Y está claro que en el caso de ¡FAlklore! los artistas elegidos representan mayormente a la industria musical y la mirada desde Buenos Aires. Es cierto que la elección tiene cierto tinte federal (hay artistas nacidos en diversas provincias), pero al convocar demasiadas figuras, se pierde un poco la magia de lo desconocido para el gran público. Sería lindo ver más “radameles” y menos caras tan conocidas. El repertorio es otro tema a debatir: el folklore argentino es mucho más que zambas y chacareras. Si bien en ambas entregas hubo una acertada inclusión de otros estilos (chamamé, cueca cuyana) hubiera sido interesante ampliar el abanico. ¿Cómo no aprovechar a Sergio Galleguillo para una chaya o al “Tilín” Orozco con una tonada y su respectivo cogollo?Por último, la gran cantidad de invitados atenta contra la fluidez de la charla y hasta de la guitarreada. Por momentos pareciera que cada quien tiene que levantar la mano para aportar un bocadillo y por ejemplo, Juan Quintero se quedó sin tocar en el primer envío. Como se dijo, se celebra la iniciativa, sin embargo muchas veces menos es más.  La Voz

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