En Argentina, el mate no solo es una bebida tradicional: es un ritual cotidiano que acompaña viajes, charlas y rutinas. Sin embargo, en algunas provincias, esta costumbre se ha convertido en motivo de sanción cuando se practica al volante. Mendoza y Córdoba se han posicionado como pioneras en penalizar el acto de manipular el equipo de mate mientras se conduce, alegando que representa una distracción grave para la seguridad vial.
Las normativas locales no solo sancionan el acto de cebar o tomar mate mientras se maneja, sino que imponen multas que pueden superar los $400.000 en los casos más severos. Esta cifra impacta directamente en el bolsillo de los conductores, convirtiendo una práctica cultural en una infracción costosa.
El fundamento legal de estas sanciones se encuentra en el artículo 39, inciso b) de la Ley de Tránsito, que establece que el conductor debe “mantener el control efectivo del vehículo”. Al manipular el termo, la bombilla o recibir el mate, el conductor necesariamente suelta el volante con una mano, interrumpiendo el dominio pleno del rodado. Esta interrupción, aunque breve, puede ser suficiente para provocar un accidente.
Además del aspecto legal, existe un riesgo físico: el derrame de la bebida caliente sobre el conductor o los acompañantes es considerado un factor de peligro que puede desencadenar maniobras bruscas o pérdida de control del vehículo. A diferencia de beber agua de una botella o una gaseosa —acciones que generalmente no están penalizadas— el mate requiere una manipulación activa y constante, lo que lo convierte en una falta grave en jurisdicciones con legislación más estricta.
Aunque la Ley Nacional de Tránsito N° 24.449 no incluye explícitamente al mate en su listado de prohibiciones —como sí lo hace con el uso de auriculares o teléfonos celulares— establece una obligación ineludible de cumplir con las normas de seguridad. Por eso, muchas provincias interpretan que cebar o tomar mate al volante infringe esta obligación, y actúan en consecuencia.
La discusión sobre el mate al volante abre un debate entre tradición y seguridad. Mientras algunos defienden el derecho a mantener costumbres arraigadas, otros advierten sobre los riesgos que implica combinar rituales cotidianos con la conducción. Lo cierto es que, en rutas de Mendoza, Córdoba y otras provincias, el mate puede salir caro.

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