PINAMAR.– Una sudestada impactó entre la madrugada del viernes y el transcurso de todo el fin de semana en distintas localidades de la costa atlántica, con una crecida del mar que dejó destrozos en playas, paradores, accesos y sectores urbanos cercanos al frente marítimo. El nivel del agua alcanzó los 2,40 metros, un registro comparable al de la sudestada de marzo de 2020, y obligó a desplegar operativos preventivos, tareas de reconstrucción y monitoreos permanentes por parte de municipios, guardavidas y equipos de emergencia. El pico máximo se produjo en la noche del viernes, impulsado por vientos persistentes del sector sur y sudeste, con ráfagas que llegaron a los 75 kilómetros por hora.

El fenómeno comenzó a intensificarse durante el anochecer de ese día, cuando el viento empezó a soplar con fuerza sostenida y el mar avanzó de manera constante mientras las playas permanecían vacías. Al amanecer del sábado, el impacto quedó expuesto con claridad: pérdida masiva de arena, marcas visibles del límite alcanzado por el agua, estructuras descalzadas y accesos dañados. En numerosos balnearios, la sudestada superó las primeras líneas de carpas, ingresó por los pasillos internos y modificó de manera abrupta el perfil habitual de la playa, generando escalones de arena, desniveles pronunciados y sectores inestables.

Sudestada en Cariló

En Pinamar, el viento fue uno de los factores más determinantes durante el viernes y buena parte del sábado. Caminar por la costa resultaba difícil y, en algunos momentos, directamente imposible. Las huellas sobre la arena indicaban que el agua había avanzado más allá del sector de carpas y desde edificios frente al mar se podía observar una línea costera inusualmente cercana. Durante la mañana del sábado casi no hubo presencia de personas en la playa. “Salimos a caminar de madrugada y el mar daba miedo, nunca lo había visto tan cerca”, relató Mariana López, que paseó junto a su marido y sus hijos durante la sudestada.

El impacto fue especialmente visible en Cariló, donde varias casillas de guardavidas y estructuras ubicadas en sectores bajos quedaron seriamente afectadas. Javier y Nelson, guardavidas de una de las casillas de la playa Paraíso, trabajaban todavía este domingo con palas para recomponer lo que el mar se llevó. “Nos sacó un montón de arena de la casilla y la dejó casi al borde de caerse. El mar estuvo muy fuerte y subió mucho”, explicaron. Según detallaron, en algunos puntos la sudestada se llevó cerca de un metro de arena, dejando pilotes y bases al descubierto. “No hay límites, depende de cómo entra el mar, es muy incierto”, señalaron. La escena se repetía en otras casillas, algunas con daños similares y otras directamente derrumbadas.

Instalaciones playeras clausuradas tras la sudestada

En Villa Gesell, la crecida también dejó consecuencias significativas. Un hombre que se dedica a acomodar autos en la zona costera indicó que la sudestada incluso se llevó palos y señalizaciones que delimitaban sectores de playa. Un guardavidas de una playa ubicada entre el mar y la calle 117 explicó que la marejada avanzó con fuerza y desplazó grandes volúmenes de arena. “Me llevó casi un metro de arena y estoy esperando que venga la máquina para acomodar todo, porque si no, la casilla corre riesgo”, advirtió. Según explicó, varias estructuras más nuevas, instaladas más cerca del mar, fueron las más perjudicadas.

La situación fue crítica en Mar del Tuyú, una de las localidades más afectadas. Allí, en zonas donde no hay médanos que funcionen como barrera natural, el agua avanzó sin obstáculos. En el parador El Viejo y el Mar, la fuerza del mar rompió la rampa de acceso, mientras que en viviendas ubicadas frente a la costa el agua llegó a ingresar hasta el primer piso. Vecinos señalaron que, si bien conocían el riesgo, la magnitud de esta crecida superó lo habitual. “Son pocas las sudestadas que vienen así de grandes”, coincidieron residentes del lugar, algunos de los cuales afirmaron que no recibieron avisos oficiales a tiempo.

Grandes depresiones en la playa como consecuencia de la sudestada

En otras localidades del Partido de la Costa, como Santa Teresita, Las Toninas y San Clemente del Tuyú, se registraron escenas similares: pérdida de arena, carpas dañadas, accesos comprometidos y sectores donde el mar llegó hasta calles costeras. En algunos puntos fue necesario cortar el tránsito de manera preventiva, y reforzar tareas de limpieza y reparación durante el fin de semana.

El fenómeno también tuvo un fuerte impacto en Mar del Plata, donde la primera de dos noches de marejada los tomó por sorpresa o sin aviso oficial a tiempo: el agua llegó de madrugada más allá de las primeras líneas de carpas y en paradores situados al sur del faro se llevó algunas casillas de guardavidas, sombrillas y algunas sillas. “Entró como un tornado por dos pasillos. Fueron cinco minutos y nos rompió mucho, entre 30 y 40 carpas”, confirmó Diego Sánchez Cabezudo, que está a cargo del parador Rilancó y Balcón del Sur.

El fuerte viento elevó la marea y dificultó, además, disfrutar de la playa

Guardavidas y encargados de balnearios coincidieron en que la sudestada combinó varios factores que potenciaron su impacto: la marea extraordinaria, la luna llena y el viento sostenido del sur. Esa combinación empujó el mar hacia la costa con una fuerza difícil de contener. Si bien muchos señalaron que estos fenómenos no son inéditos, remarcaron que no suelen presentarse con esta intensidad en plena temporada. “Esto no pasa en enero y es un problema, porque nos perjudica la temporada”, advirtió uno de los empleados de un parador, que además expresó preocupación por pronósticos que anticipan nuevas condiciones de inestabilidad para los próximos días.

Durante todo el fin de semana, los municipios desplegaron operativos de control, prevención y asistencia, mientras equipos de mantenimiento trabajaron para recomponer accesos, retirar restos arrastrados por el agua y evaluar daños.

​Durante todo el fin de semana quedaron expuestos los destrozos en distintos puntos del frente marítimo bonaerense  

About The Author