Honey Don’t! es la prueba de que los hermanos Coen no parecen capaces de dirigir por separado una película del calibre de las que supieron entregar cuando trabajaban juntos, cuando eran esa unidad bicéfala infalible y despiadada de la comedia negra neonoir.

Joel (el mayor) y Ethan dejaron de filmar juntos hace unos años y, por separado, comenzaron a hacer películas que reúnen sus preferencias cinematográficas más personales. En el caso de Ethan, en 2024 estrenó El amor es un viaje en trineo al infierno, primera entrega de su llamada “trilogía lésbica”, escrita junto con su esposa Tricia Cooke y protagonizada por Margaret Qualley.

Honey Don’t! es la segunda parte (aunque funciona de manera independiente) y vuelve a tener a Qualley como protagonista. Es una comedia negra lésbica en clave de policial fronterizo, un neonoir juguetón anclado en los paisajes que definen al cine de los Coen: territorios marginales y desérticos del sur estadounidense, pueblitos casi vacíos donde matones de segunda mantienen diálogos tan absurdos como hilarantes.

Por supuesto, mucho de esto está presente en Honey Don’t!, sobre todo el paisaje de esos pueblos de la frontera. Allí se sitúa la historia de la detective privada Honey O’Donahue (Qualley), encargada de investigar la muerte de una mujer en un accidente misterioso, vinculada a una iglesia evangélica liderada por el reverendo Drew Devlin (Chris Evans), un adicto al sexo que parece saber bastante más de lo que dice.

De a poco, el director despliega su humor y el costado más impúdico de los géneros que aborda con desparpajo, lo que le permite mostrar desnudos y escenas de sexo y sangre mientras presenta a otros personajes, como la policía MG Falcone (Aubrey Plaza), quien se enamora de Honey y con quien mantiene encuentros sexuales desopilantes y narrativamente gratuitos.

La fotografía, a cargo de Ari Wegner, embellece los paisajes con filtros retro y se encarga de filmar el rostro luminoso de Qualley con primeros planos hipnóticos y penetrantes, de una pulcritud extrema, acompañados por la música siempre rendidora de Carter Burwell, colaborador histórico de los Coen.

Sin embargo, nada de esto alcanza, porque todo termina pareciendo un remedo del cine de los hermanos de Minnesota.

En Honey Don’t! casi nada tiene efectividad, ingenio, ni la chispa habitual de sus películas en conjunto. En parte, el problema reside en el guion coescrito con Cooke, que opta por una estructura simple y conscientemente superficial, pero carente de sentido y del impacto de otras veces.

Lo poco bueno que tiene se reduce a un par de momentos con el padre de Honey (Kale Browne) y a algunos cruces entre Qualley y Plaza, sostenidos más por el riesgo sexual que por otra cosa, con dildos de por medio y maniobras desvergonzadas en un bar.

Se suman, además, algunos intercambios verbales filosos con el reverendo Drew, la participación simpática de Charlie Day como un compañero detective insistente y la figura de una enigmática mujer de pelo corto (Lera Abova), encargada de vertebrar el relato.

La duración es otro punto a favor, porque se ajusta a la paciencia de un espectador que solo quiere ver algo liviano, medio tonto y nada más. Pero lo que prevalece es la sensación de una película fallida, como si le faltara esa otra cabeza (la de su hermano), que siempre ayudaba a hacer películas inolvidables.

Para ver Honey Don’t!

Estados Unidos / Reino Unido, 2025. Thriller, comedia. Dirección: Ethan Coen. Guion: Ethan Coen y Tricia Cooke. Elenco: Margaret Qualley, Aubrey Plaza, Chris Evans, Lera Abova, Jacnier, Gabby Beans, Talia Ryder, Charlie Day, Josh Pafchek, Kristen Connolly, Alexander Carstoiu y Kale Browne. Fotografía: Ari Wegner. Música: Carter Burwell. Duración: 89 minutos. Apta para mayores de 16 años. Para alquilar en Flow y Movistar TV.

​Honey Don’t! es la prueba de que los hermanos Coen no parecen capaces de dirigir por separado una película del calibre de las que supieron entregar cuando trabajaban juntos, cuando eran esa unidad bicéfala infalible y despiadada de la comedia negra neonoir.Joel (el mayor) y Ethan dejaron de filmar juntos hace unos años y, por separado, comenzaron a hacer películas que reúnen sus preferencias cinematográficas más personales. En el caso de Ethan, en 2024 estrenó El amor es un viaje en trineo al infierno, primera entrega de su llamada “trilogía lésbica”, escrita junto con su esposa Tricia Cooke y protagonizada por Margaret Qualley.Honey Don’t! es la segunda parte (aunque funciona de manera independiente) y vuelve a tener a Qualley como protagonista. Es una comedia negra lésbica en clave de policial fronterizo, un neonoir juguetón anclado en los paisajes que definen al cine de los Coen: territorios marginales y desérticos del sur estadounidense, pueblitos casi vacíos donde matones de segunda mantienen diálogos tan absurdos como hilarantes.Por supuesto, mucho de esto está presente en Honey Don’t!, sobre todo el paisaje de esos pueblos de la frontera. Allí se sitúa la historia de la detective privada Honey O’Donahue (Qualley), encargada de investigar la muerte de una mujer en un accidente misterioso, vinculada a una iglesia evangélica liderada por el reverendo Drew Devlin (Chris Evans), un adicto al sexo que parece saber bastante más de lo que dice.De a poco, el director despliega su humor y el costado más impúdico de los géneros que aborda con desparpajo, lo que le permite mostrar desnudos y escenas de sexo y sangre mientras presenta a otros personajes, como la policía MG Falcone (Aubrey Plaza), quien se enamora de Honey y con quien mantiene encuentros sexuales desopilantes y narrativamente gratuitos.La fotografía, a cargo de Ari Wegner, embellece los paisajes con filtros retro y se encarga de filmar el rostro luminoso de Qualley con primeros planos hipnóticos y penetrantes, de una pulcritud extrema, acompañados por la música siempre rendidora de Carter Burwell, colaborador histórico de los Coen.Sin embargo, nada de esto alcanza, porque todo termina pareciendo un remedo del cine de los hermanos de Minnesota. En Honey Don’t! casi nada tiene efectividad, ingenio, ni la chispa habitual de sus películas en conjunto. En parte, el problema reside en el guion coescrito con Cooke, que opta por una estructura simple y conscientemente superficial, pero carente de sentido y del impacto de otras veces.Lo poco bueno que tiene se reduce a un par de momentos con el padre de Honey (Kale Browne) y a algunos cruces entre Qualley y Plaza, sostenidos más por el riesgo sexual que por otra cosa, con dildos de por medio y maniobras desvergonzadas en un bar. Se suman, además, algunos intercambios verbales filosos con el reverendo Drew, la participación simpática de Charlie Day como un compañero detective insistente y la figura de una enigmática mujer de pelo corto (Lera Abova), encargada de vertebrar el relato.La duración es otro punto a favor, porque se ajusta a la paciencia de un espectador que solo quiere ver algo liviano, medio tonto y nada más. Pero lo que prevalece es la sensación de una película fallida, como si le faltara esa otra cabeza (la de su hermano), que siempre ayudaba a hacer películas inolvidables.Para ver Honey Don’t! Estados Unidos / Reino Unido, 2025. Thriller, comedia. Dirección: Ethan Coen. Guion: Ethan Coen y Tricia Cooke. Elenco: Margaret Qualley, Aubrey Plaza, Chris Evans, Lera Abova, Jacnier, Gabby Beans, Talia Ryder, Charlie Day, Josh Pafchek, Kristen Connolly, Alexander Carstoiu y Kale Browne. Fotografía: Ari Wegner. Música: Carter Burwell. Duración: 89 minutos. Apta para mayores de 16 años. Para alquilar en Flow y Movistar TV.  La Voz

About The Author