El 2025 volvió a exponer un escenario global marcado por conflictos armados prolongados, desplazamientos masivos, emergencias sanitarias y desastres naturales recurrentes. En ese contexto, Médicos Sin Fronteras (MSF) mantuvo operaciones médicas y humanitarias en algunos de los puntos más críticos del planeta, desde zonas de guerra activa hasta rutas migratorias y campamentos de refugiados que concentran a millones de personas en situación de extrema vulnerabilidad.

Los conflictos armados continuaron siendo uno de los principales motores de la crisis humanitaria global. Gaza y Ucrania se mantuvieron entre las emergencias más graves. En el enclave palestino devastado por la guerra entre Israel y Hamas, tras más de un año de ofensiva militar, los equipos de MSF trabajaron en hospitales dañados, clínicas improvisadas y centros de atención primaria, en un contexto de destrucción masiva, colapso sanitario y aumento sostenido de la desnutrición infantil. La vuelta parcial de personas desplazadas a ciudades devastadas como Rafah o Beit Lahia dejó al descubierto la magnitud de los daños en infraestructura básica y servicios de salud.

El equipo de MSF rescata a un grupo de 27 personas que estaba en peligro a bordo de una embarcación de goma y las traslada al nuevo barco de búsqueda y rescate, el Oyvon. Todas fueron desembarcadas a salvo a la mañana siguiente en Lampedusa, Italia. Mar Mediterráneo. (MSF)

En Ucrania, la guerra siguió empujando a miles de personas a desplazarse desde las zonas de primera línea hacia regiones más seguras. MSF desplegó clínicas móviles en áreas de tránsito como Dnipró y Jerson, con foco en atención de enfermedades crónicas, heridas relacionadas con el conflicto y necesidades de salud mental, que se consolidaron como una de las consecuencias más persistentes del conflicto.

Zonas de turbulencias

África volvió a concentrar algunas de las crisis más complejas. En Sudán, la violencia sostenida provocó nuevos desplazamientos internos y flujos de refugiados hacia países vecinos como Sudán del Sur y Chad. En Darfur, tanto dentro del país como en los campamentos del este chadiano, la organización humanitaria reforzó la atención médica, la nutrición infantil y el apoyo en salud mental en contextos de extrema precariedad. En la República Democrática del Congo, los combates en Kivu Norte y Kivu Sur forzaron a comunidades enteras a huir, muchas de ellas por vía lacustre, mientras clínicas móviles intentaron cubrir la atención básica en zonas remotas y de difícil acceso.

Shofi Mohammad recibe tratamiento por abscesos en la sala de emergencias del hospital de MSF en Kutupalong. Mientras la doctora Hasna Hena Mou y el asistente médico Rajib Mazumdar realizan una incisión y drenaje, el padre de Shofi, Anas Mohammad, intenta consolarlo. Cox’s Bazar, Bangladés. (Ante Bussmann/MSF)

Las crisis prolongadas en Medio Oriente y Asia también marcaron la agenda humanitaria. En Siria, MSF regresó a zonas como Ghouta Oriental después de más de una década, en un territorio aún devastado por la guerra. En Yemen, el sistema de salud continuó dependiendo del apoyo internacional para áreas críticas como maternidad y neonatología. En Afganistán, la atención pediátrica y de emergencias siguió siendo central en un contexto de fragilidad estructural del sistema sanitario.

Los desplazamientos forzados por violencia, persecución o pobreza se mantuvieron como un fenómeno estructural. En la ruta migratoria de Centroamérica y México, MSF alertó sobre el impacto sanitario y psicológico de políticas migratorias más restrictivas, mientras en el Mediterráneo central continuaron las operaciones de búsqueda y rescate de personas en peligro en alta mar.

Tres días después de la entrada en vigor del alto el fuego, varios hombres retiran los escombros dentro del hospital Emiratí en Rafah. Tras 15 meses de guerra en Gaza, las personas desplazadas intentan volver a sus hogares y reconstruir Rafah, una ciudad que quedó prácticamente en ruinas. Franja de Gaza, Palestina. (MSF)

Finalmente, los desastres naturales agravaron las crisis preexistentes. Terremotos en Myanmar, inundaciones y deslizamientos en Bangladesh, y emergencias recurrentes en regiones como Cabo Delgado, en Mozambique, evidenciaron la vulnerabilidad de comunidades ya afectadas por conflictos y desplazamientos.

El balance del año que acaba de concluir muestra un escenario de necesidades humanitarias en expansión, donde la acción médica de emergencia, la atención sostenida y el acceso seguro a la asistencia siguen siendo desafíos centrales en múltiples regiones del mundo.

Rehab Musa sostiene a su bebé después de una consulta de seguimiento con un médico en el centro de salud que MSF gestiona en el campo de personas desplazadas de Kalma. Darfur del Sur, Sudán. (MSF/Abdoalsalam Abdallah)​El 2025 volvió a exponer un escenario global marcado por conflictos armados prolongados, desplazamientos masivos, emergencias sanitarias y desastres naturales recurrentes. En ese contexto, Médicos Sin Fronteras (MSF) mantuvo operaciones médicas y humanitarias en algunos de los puntos más críticos del planeta, desde zonas de guerra activa hasta rutas migratorias y campamentos de refugiados que concentran a millones de personas en situación de extrema vulnerabilidad.Los conflictos armados continuaron siendo uno de los principales motores de la crisis humanitaria global. Gaza y Ucrania se mantuvieron entre las emergencias más graves. En el enclave palestino devastado por la guerra entre Israel y Hamas, tras más de un año de ofensiva militar, los equipos de MSF trabajaron en hospitales dañados, clínicas improvisadas y centros de atención primaria, en un contexto de destrucción masiva, colapso sanitario y aumento sostenido de la desnutrición infantil. La vuelta parcial de personas desplazadas a ciudades devastadas como Rafah o Beit Lahia dejó al descubierto la magnitud de los daños en infraestructura básica y servicios de salud.En Ucrania, la guerra siguió empujando a miles de personas a desplazarse desde las zonas de primera línea hacia regiones más seguras. MSF desplegó clínicas móviles en áreas de tránsito como Dnipró y Jerson, con foco en atención de enfermedades crónicas, heridas relacionadas con el conflicto y necesidades de salud mental, que se consolidaron como una de las consecuencias más persistentes del conflicto.Zonas de turbulenciasÁfrica volvió a concentrar algunas de las crisis más complejas. En Sudán, la violencia sostenida provocó nuevos desplazamientos internos y flujos de refugiados hacia países vecinos como Sudán del Sur y Chad. En Darfur, tanto dentro del país como en los campamentos del este chadiano, la organización humanitaria reforzó la atención médica, la nutrición infantil y el apoyo en salud mental en contextos de extrema precariedad. En la República Democrática del Congo, los combates en Kivu Norte y Kivu Sur forzaron a comunidades enteras a huir, muchas de ellas por vía lacustre, mientras clínicas móviles intentaron cubrir la atención básica en zonas remotas y de difícil acceso.Las crisis prolongadas en Medio Oriente y Asia también marcaron la agenda humanitaria. En Siria, MSF regresó a zonas como Ghouta Oriental después de más de una década, en un territorio aún devastado por la guerra. En Yemen, el sistema de salud continuó dependiendo del apoyo internacional para áreas críticas como maternidad y neonatología. En Afganistán, la atención pediátrica y de emergencias siguió siendo central en un contexto de fragilidad estructural del sistema sanitario.Los desplazamientos forzados por violencia, persecución o pobreza se mantuvieron como un fenómeno estructural. En la ruta migratoria de Centroamérica y México, MSF alertó sobre el impacto sanitario y psicológico de políticas migratorias más restrictivas, mientras en el Mediterráneo central continuaron las operaciones de búsqueda y rescate de personas en peligro en alta mar.Finalmente, los desastres naturales agravaron las crisis preexistentes. Terremotos en Myanmar, inundaciones y deslizamientos en Bangladesh, y emergencias recurrentes en regiones como Cabo Delgado, en Mozambique, evidenciaron la vulnerabilidad de comunidades ya afectadas por conflictos y desplazamientos.El balance del año que acaba de concluir muestra un escenario de necesidades humanitarias en expansión, donde la acción médica de emergencia, la atención sostenida y el acceso seguro a la asistencia siguen siendo desafíos centrales en múltiples regiones del mundo.  La Voz

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