Cada detalle en esta foto es un imán. A la derecha, en un primer plano escurridizo, están la contundencia de los textiles y unas manos que asoman, enigmáticas y casi invisibles. Hacia el centro, el porte de una modelo que, más digna que grácil, mira hacia un fuera de escena inatrapable. Más allá, otra modelo asoma, de pie, como una escultura sin tiempo. La escena transcurre durante la Semana de la Moda de Dakar que, aunque con más de 20 años de existencia, no suele acaparar tantas miradas como los encuentros similares que se realizan en París, Nueva York o Milán. Punto de encuentro del diseño, la tradición y la vanguardia africana, el evento se jacta de su capacidad para sorprender a la hora de elegir los espacios que actuarán como pasarelas. Este año, fue la costa senegalesa y botes donde lo humilde se convirtió en canal del lujo.
Cada detalle en esta foto es un imán. A la derecha, en un primer plano escurridizo, están la contundencia de los textiles y unas manos que asoman, enigmáticas y casi invisibles. Hacia el centro, el porte de una modelo que, más digna que grácil, mira hacia un fuera de escena inatrapable. Más allá, otra modelo asoma, de pie, como una escultura sin tiempo. La escena transcurre durante la Semana de la Moda de Dakar que, aunque con más de 20 años de existencia, no suele acaparar tantas miradas como los encuentros similares que se realizan en París, Nueva York o Milán. Punto de encuentro del diseño, la tradición y la vanguardia africana, el evento se jacta de su capacidad para sorprender a la hora de elegir los espacios que actuarán como pasarelas. Este año, fue la costa senegalesa y botes donde lo humilde se convirtió en canal del lujo.

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