Habla con una mezcla de acentos: predomina el argentino pero en el medio se cuelan diecisiete años de vida mediterránea. Su paisaje habitual es la ciudad de 84 mil habitantes que estuvo en boca de todos por una crisis migratoria descontrolada. Julieta Martinelli mientras vuelve a la rutina, asegura que “Ceuta es mucho más que lo que vimos en pantalla”.

—Es realmente preciosa, una ciudad muy bonita. Lo que más me gusta, aunque parezca una obviedad, es esa diversidad cultural que tiene, como pinceladas de la cultura marroquí o árabe mezclada con la española. Lo que sucedió no define lo que es Ceuta, es mucho más que eso. Ceuta es preciosa. Tiene su gente, es agradable, es educada, es cálida. A mí como argentina me han siempre acogido con mucho cariño y con una gran curiosidad por saber de mi país. Cuando voy a la pescadera que es musulmana casualmente, me pregunta de las carnes y me enseña cómo cocinar los pescados porque yo no tengo idea, no tengo cultura de pescado. Y bueno, merece la pena que a la ciudad se la conozca por otras cosas.

Julieta describe la belleza arquitectónica, las Murallas Reales con un foso que son dignas de fotografiar. O una montaña como a la que llaman la Mujer Muerta porque se ve el perfil de una mujer acostada.

Con amigas, de paseo, detrás de la montaña la Mujer Muerta

—Es como que te recibe, aunque la montaña está del lado de Marruecos, es algo muy característico. Tiene la gastronomía, es muy rico el pescadito, la mezcla con lo moruno. Aquí es muy típico comer pinchitos morunos.

Integrada a las costumbres, dice que no se hace un asado, sino una “pinchitada”. Los pinchitos son como una brocheta, un palito finito con carne, explica Julieta. Cortados y sazonados con especias morunas, se cocinan a las brasas. Pueden ser de carne de ternera, de pollo o incluso corazones de pollo. “Que yo nunca los he probado, Bueno, mi hija dice que es lo más rico que hay”.

“Convivimos cristianos, musulmanes, hebreos e hindúes, diaria y pacíficamente”

Nacida en Godoy Cruz, Mendoza, Julieta estudió en Buenos Aires y decidió irse de Argentina por amor.

—Él es de Córdoba, pero es militar y bueno, se crio aquí en Ceuta. El amor se terminó, pero nos quedó una hija. A los ceutíes les dicen “caballas”, así como a los de Málaga les dicen “boquerones”, entonces tenemos una hija caballa.

—¿Cómo es vivir en Ceuta?

—Una de las cosas lindas que yo encontré aquí es que hay mucho respeto y convivimos cuatro culturas totalmente diferentes: cristianos, musulmanes, hebreos e hindúes, diaria y pacíficamente. Y con respeto, porque cada uno adopta en ciertas formas lo del otro. Cuando viene el mes del Ramadán, su mes sagrado, nosotros lo respetamos. Los musulmanes rompen el ayuno a determinada hora, según como les toque. En mi academia de inglés, nosotros les damos esos 10 minutitos para que ellos rompan su ayuno. Ellos aceptan nuestras fiestas, nuestras Navidades, nuestras costumbres.

Ceuta no llega a 19 km2, bañada por el Mar Mediterráneo, cerca de la confluencia con el Atlántico

—Imagino que se formaron parejas entre todas esas posibilidades.

—Totalmente, cada vez hay más, tú sabes que los españoles tienen doble apellido, entonces te encuentras con el apellido Mohamed Pérez.

—Y con la academia de inglés, ¿cómo se maneja un grupo tan diverso?

—Es que no se plantea, la ciudad está tan integrada que incluso en algunas clases hay mayor porcentaje de chicos musulmanes y no es algo que uno a uno le preocupe ni te lo plantees. Pienso, por ejemplo, mi hija va a un colegio público y para ella Rayan es Rayan, no es el niño musulmán. Habrá evidentemente cierto sector de la sociedad que tiene el prejuicio, pero bueno, hay que romper con esas ideas e inculcar unos valores más de respeto, de amor al otro, de que nuestra religión es algo íntimo, no es algo que nos tenga que separar.

—¿Qué es lo que te llama la atención como extranjera?

—Para mí ya es parte del paisaje ver a las mujeres con sus pañuelos de colores y las chilabas, que son como estas túnicas que llevan. También es muy habitual ver a los militares de distintos cuarteles, tomando el café a la mañana. Es una ciudad muy segura. Yo en 17 años jamás he sufrido ni un arrebato. Nadie se va a quedar con lo que no es tuyo, de verdad. Yo salgo a las 11 de la noche a pasear a mi perra y no tengo miedo, y en Argentina lo sentía. Entonces, eso también te da calidad de vida, ¿no? El estar tranquila, el poder dejarte el coche abierto, que no pasa nada.

Mateando con la Torre de Arangueren detrás

“Se celebra el día de la mochila”

Cuando Julieta Martinelli llegó a Ceuta, a los quince días ya estaba dando clases de inglés de manera particular. Primero fue en su casa, pero a los tres años decidió poner una academia de inglés, porque no había ninguna en su zona.

—En los primeros años yo no disfrutaba el verano con mi hija porque tenía que trabajar. Ser autónoma o monotributista, como le dicen allá en Argentina, es difícil.

En 2013, con su hija de un año, contrató una profesora y alquiló un local. El resultado esperado llegó, pasaron a ser 80 alumnos, por lo que tuvo que abrir más aulas y llamar a más profesores. Dos años más y compró un local.

julieta abrió, de a poco, su propio instituto de inglés en Ceuta

Hoy tengo 550 alumnos y diez empleados. Los ceutíes confiaron en mí, en mi proyecto y bueno, estoy superorgullosa del trabajo que venimos haciendo. Creo que es una de las academias más grandes que hay en Ceuta, no hay tantas. Bueno, de hecho, tengo a dos profesores argentinos trabajando conmigo que se vinieron a Ceuta hace 3 años buscando una oportunidad en Europa, ellos tienen su pasaporte italiano, y tal, y se vinieron y están aquí en Ceuta.

—Qué prácticas, muy de Ceuta, adquiriste o una salida que sea muy común para hacer

—Lo primero es que acá en Ceuta, la gente vive de una manera mucho más relajada. Las mamás dejamos a los niños en el trabajo (en la guardería) y nos vamos a tomar el desayuno. Desayunamos fuera, es super normal, te vas a tomar “el cafelito”. El desayuno es típico español, la tostada con aceite y tomate. Y también es algo que a mí me chocaba mucho, que incluso vos vas al banco y quizás encontrás al bancario en su hora de desayuno. Después creo que en general en España son muy devotos de sus tradiciones, de las procesiones en Semana Santa, aquí en Ceuta se celebra igual, bueno, a menor escala, cosa que en Argentina yo ni por asomo celebraba de esa manera.

—¿Cómo lo hacen?

—No sé si sabés cómo es lo de las procesiones, es hermoso. Sacan a la Virgen por horas, la llevan los costaleros, bueno, distintas vírgenes. Ellos van aceptando tradiciones de otros países, como Halloween. Aquí en Ceuta el primero de noviembre se celebra el Día de la Mochila —coincide con el Día de Todos los Santos— y todo el mundo va al monte porque tenemos un monte precioso, van al monte con frutos secos, se echa, pasan el día en el monte y la tradición es esa.

El Mercado Medieval se celebra todos los años en las Murallas Reales

—¿Tienen actividades de playa? ¿Turismo?

—He de decir que no son las playas más bonitas, porque no tienen arena natural. Pensá que hay mucho como roca o hay partes en las que la arena parece un poquito terrosa, pero es que yo creo que salir de tu casa y ver el mar es un lujo. Entonces, se hace muchísima vida de playa. Es lo típico para pasar el día, desde mayo hasta septiembre, octubre en los fines de semana es en la playa y algo muy importante de Ceuta es que tenemos un mirador. La ubicación de Ceuta, donde se encuentra el Mediterráneo con el Atlántico. Te das cuenta porque bueno, sabes que a la derecha tenés el Mediterráneo, que el mar es cálido, es tranquilito y del lado izquierdo tenés las playas con el Atlántico que es agua fría y con más olas.

Julieta y su niña (de pequeña), detrás se ve Ceuta

—La vista es increíble.

—Infinidad de veces he hecho un recorrido en mi coche cuando quiero ir al centro. Y cuando llego a un punto en el que veo el mar, el Mediterráneo, siempre me pasa esa sensación, la misma sensación de cuando llegaba a Mar Del Plata: “Qué bonito, ver el mar, esa partecita, el sol que refleja en el mar”. Y es importante también querer el lugar en el que vivís, ¿no? Sería una total infeliz. Pero no son fantasías, es una ciudad muy bonita. Y quien la conoce, se sorprende, porque por algo se llama la Perla del Mediterráneo.

“Hay jóvenes en la calle que no quieren volver porque ven una oportunidad”

—Al ser una ciudad autónoma, ¿se generan diferencias con el resto de España?

—Hay dos ciudades autónomas en el continente africano: Ceuta y Melilla, el resto son comunidades. Es algo que a mí me costó, al principio entender cómo era, yo le preguntaba a mi ex. Están los musulmanes que son españoles y que tienen raíces marroquíes, porque Marruecos está acá al lado, muy pegado. Yo cojo el coche 10 minutos y estoy en Marruecos. Entonces, podés ser musulmán o que te llamen morito, moro, No significa que no seas español, porque puedes tener tus raíces marroquíes. Muchísimos musulmanes que son españoles tienen sus casas acá al lado en Marruecos y cruzan todos los fines de semana. Se van a ver a su abuela, a su tía. Tienen sus propias casas, pero los que son nacidos aquí en Ceuta son españoles. Y se sienten españoles.

—A raíz de lo ocurrido, ¿cuál fue tu experiencia?

—Yo me fui el jueves a la noche, el día que cruzaron todos los migrantes. Lo primero que le dije a mi hija fue: “Mami, no vienen con intenciones de hacernos daño”. Unos días antes habían habido cruces, un goteo que es algo bastante habitual. Pero bueno, lo que pasó esa mañana fue algo totalmente fuera de lo normal, muy surrealista. La comunidad ceutí, —cristianos, musulmanes de Ceuta—, defendieron sus barriadas. Se está diciendo que los engañaron, que los hicieron venir con mentiras. La mayoría ya volvió, hay algunos jóvenes en la calle que no quieren volver porque ven aquí una oportunidad. No faltó el que habrá aprovechado para hacer el árbol de leña caído y sembrar odio, pero aquí no tenemos odio entre nosotros porque de verdad que no lo hay.

Las

—Estuviste hace poco en Argentina visitando a tu familia. ¿Qué pasa a la hora de comparar?

—Estoy intentando ir lo más seguido posible porque mi papá ya está grande. Pero a mi hija le está encantando, ya empieza a ser adolescente. Ceuta no dejan de ser 19 km cuadrados. Entonces también tiene sus limitaciones en cuanto a fuerza cultural, en todos los sentidos. Mucha gente decide irse a otros lugares, y otros deciden quedarse o incluso volver. Supongo que tiene que ver mucho con la personalidad de cada uno. Agradezco muchísimo haber criado a mi hija aquí porque las posibilidades que he tenido por estar en una ciudad pequeña lo vale: que tu hija pueda hacer muchas actividades y todo te quede a 5 minutos. Eso no lo tenés en una gran ciudad.

​Sus días en Ceuta transcurren laboralmente alrededor de su instituto de inglés y socialmente valora su identidad cultural marroquí o árabe mezclada con la española  

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