Lo que se come influye en la salud cardiovascular, ayuda a prevenir enfermedades metabólicas y también puede tener un impacto sobre el cerebro. En los últimos años, esa relación se convirtió en un campo de investigación cada vez más activo y, a propósito del Día Mundial del Cerebro, que se celebra hoy, una nueva revisión científica aporta evidencia sobre el posible papel de los polifenoles, compuestos naturales presentes en numerosos alimentos de origen vegetal.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 55 millones de personas viven con demencia en el mundo y se espera que esa cifra continúe creciendo en las próximas décadas. Frente a ese escenario, identificar factores modificables del estilo de vida que puedan contribuir a preservar la función cognitiva constituye una prioridad para la investigación.

El trabajo, publicado en la revista Nutrients por investigadores de la Universidad Semmelweis, en Hungría, revisó cientos de estudios de laboratorio, investigaciones en animales, trabajos poblacionales y ensayos clínicos para analizar cómo estos compuestos podrían intervenir en distintos procesos biológicos relacionados con el envejecimiento cerebral y enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer y el Parkinson.

Según los autores, los estudios revisados muestran que los polifenoles podrían favorecer la función de las neuronas gracias a sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, además de ayudar a contrarrestar algunos de los procesos que acompañan al envejecimiento del cerebro.

Sin embargo, advierten que la evidencia disponible todavía no alcanza para recomendar un alimento o un nutriente específico como estrategia para prevenir la demencia.

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«Los polifenoles no son curas milagrosas, pero las investigaciones sugieren que podrían ser herramientas prometedoras para favorecer un envejecimiento cerebral saludable. Sin embargo, la atención no debe centrarse en los suplementos dietéticos, sino en una dieta variada rica en alimentos de origen vegetal», afirmó Mónika Fekete, profesora adjunta del Instituto de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Semmelweis y autora principal del estudio.

Qué alimentos aportan polifenoles

Los polifenoles forman parte de un amplio grupo de compuestos bioactivos que las plantas producen de manera natural. Aunque no son nutrientes esenciales, como las vitaminas o los minerales, distintos estudios muestran que pueden participar en mecanismos relacionados con la protección celular y el funcionamiento del organismo.

La revisión identifica numerosas fuentes alimentarias de estos compuestos. Entre ellas aparecen los frutos rojos, ricos en antocianinas, los pigmentos responsables de su color intenso; el té verde, que aporta epigalocatequina galato (EGCG), uno de los antioxidantes más estudiados; el cacao, fuente de flavanoles; el café, por su contenido de ácidos clorogénicos; y el aceite de oliva virgen extra, que contiene hidroxitirosol.

También menciona las frutas y verduras, las verduras de hoja verde, las legumbres, los cereales integrales y los frutos secos, alimentos que forman parte de los patrones de alimentación que mostraron mejores resultados en los estudios analizados.

A esa lista se suman otros alimentos ricos en polifenoles específicos, como las uvas, que contienen resveratrol; la cúrcuma, por su aporte de curcumina; las manzanas y las cebollas, fuente de quercetina; y las semillas de lino y de sésamo, que contienen lignanos.

polifenoles

Los investigadores destacan que el interés no está puesto en incorporar uno de estos alimentos de manera aislada, sino en la calidad global de la alimentación. Por eso, buena parte de la revisión se centra en dos patrones alimentarios que concentran una elevada cantidad de estos compuestos: la dieta mediterránea y la dieta MIND.

Dieta mediterránea y Dieta MIND

La primera se caracteriza por un alto consumo de verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, pescado y aceite de oliva virgen extra.

Mientras que la segunda fue fue desarrollada específicamente para favorecer la salud cerebral. Comparte muchos de los principios de la dieta mediterránea, pero hace especial hincapié en las verduras de hoja verde y los frutos rojos, al tiempo que limita el consumo de carnes rojas, manteca, quesos, dulces, alimentos fritos y comidas rápidas.

Los nutrientes  influyen en la salud cardiovascular, ayudan a prevenir enfermedades y pueden impacta en el cerebro. Foto ilustrativa Adobe Stock.

Los estudios incluidos en la revisión muestran que una mayor adherencia a estos patrones alimentarios se asocia con un menor riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Los autores, sin embargo, aclaran que estos resultados proceden en gran medida de estudios observacionales y que todavía no permiten establecer una relación causal definitiva.

Cómo podrían proteger al cerebro

La revisión describe distintos mecanismos mediante los cuales los polifenoles podrían contribuir a preservar la función cerebral.

Los estudios experimentales analizados indican que estos compuestos podrían ayudar a reducir el estrés oxidativo, uno de los procesos relacionados con el envejecimiento, y modular la inflamación crónica que puede afectar al tejido nervioso. También muestran posibles efectos sobre el funcionamiento de las mitocondrias, responsables de producir energía dentro de las células, y sobre distintas vías de señalización implicadas en la supervivencia y la comunicación entre las neuronas.

La microbiota, un actor clave

La revisión también pone el foco en un aspecto que en los últimos años ganó protagonismo en la investigación: la relación entre el intestino y el cerebro.

Una parte importante de los polifenoles no se absorbe directamente cuando se consumen. En cambio, llega al intestino, donde las bacterias que integran la microbiota los transforman en otros compuestos capaces de influir sobre procesos inflamatorios, el metabolismo energético celular y, a través de esos mecanismos, sobre el funcionamiento del sistema nervioso.

Los frutos rojos y las manzanas contienen polifenoles, con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Foto ilustrativa Adobe Stock.

Esa interacción podría ayudar a explicar por qué una misma alimentación no produce los mismos efectos en todas las personas.

«Esto podría ayudar a explicar por qué la misma dieta no afecta a todos de la misma manera. En el futuro, la nutrición personalizada podría ayudarnos a comprender mejor quiénes tienen más probabilidades de beneficiarse de una dieta rica en polifenoles», señaló Noémi Mózes, profesora adjunta del Instituto de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Semmelweis y primera autora del estudio.

Los investigadores sostienen que comprender mejor esa interacción entre la microbiota y los compuestos presentes en los alimentos podría abrir nuevas líneas de investigación sobre nutrición personalizada y salud cerebral.

¿Los suplementos sirven?

Aunque buena parte de la investigación se concentra en los polifenoles, los autores aclaran que eso no significa que la mejor estrategia sea recurrir a suplementos dietarios.

La revisión señala que la mayor parte de la evidencia disponible proviene del consumo habitual de alimentos y de patrones alimentarios, no de extractos concentrados. Además, recuerda que muchos polifenoles tienen una biodisponibilidad limitada y que su absorción depende de múltiples factores, entre ellos la composición de la microbiota intestinal.

El trabajo también menciona que dosis elevadas de algunos polifenoles administrados como suplementos podrían presentar efectos no deseados, como interferir con la absorción de hierro o modificar el metabolismo de determinados medicamentos.

Por esa razón, los autores concluyen que la evidencia disponible respalda la recomendación de mantener una alimentación variada, con abundancia de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado y aceite de oliva, y limitar el consumo de alimentos altamente procesados.

Y concluyeron que es ese patrón alimentario sostenido en el tiempo, y no un alimento en particular, el que hoy concentra la mayor parte de la evidencia disponible sobre salud cerebral y envejecimiento.

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