El miércoles pasado, antes de la semifinal contra Inglaterra, Lionel Scaloni tomó una de las decisiones más delicadas de todo el Mundial: dejar a Rodrigo De Paul en el banco de suplentes.

De Paul es uno de los pocos futbolistas que estuvo en cada tramo del ciclo desde que Scaloni asumió, uno de los socios históricos de Messi dentro de la cancha y, según el propio entrenador reconoció después, alguien con quien se siente identificado.

“Cómo no me va a doler dejar a Rodrigo en el banco. Es un chico que nos dio un montón; me siento identificado. Yo era un poco él adentro de la cancha”, admitió Scaloni en conferencia de prensa tras el partido. Y sin embargo lo hizo, con el pase a la final en juego, y el vestuario no se rompió.

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Esa escena resume algo que Fabián Jalife, psicólogo social, sociólogo y director de la consultora BMC, viene estudiando desde hace años en el entrenador argentino. Jalife es el creador de El método Scaloni, la serie documental de tres episodios disponible en Flow, y pasó meses conversando con el técnico y con los jugadores que protagonizaron la conquista de Qatar para entender la lógica detrás de un ciclo que sostiene resultados extraordinarios sin fisuras internas, incluso manejando un plantel lleno de figuras acostumbradas a ser protagonistas en sus clubes.

El método Scaloni, la serie documental busca entender la lógica detrás de un ciclo único

La clave, para Jalife, no pasa por la autoridad tradicional. “Como una combinación muy poco frecuente de cercanía emocional y disciplina”, describe el estilo de liderazgo de Scaloni. “Generalmente encontramos líderes muy afectivos, pero poco exigentes, o líderes muy exigentes, pero emocionalmente distantes. Scaloni combina las dos cosas. Los jugadores sienten una enorme cercanía con él, pero también saben que existen reglas y límites. Es una autoridad construida desde el vínculo y no desde el miedo”.

Esa combinación es, probablemente, lo único que permite tomar una decisión como la de dejar a De Paul afuera sin que se lea como un castigo ni como una traición. Más adelante, el número siete ingresó en el minuto 72 del partido en reemplazo de Giuliano Simeone para darle pase y control a la Selección Argentina, justo antes de la remontada histórica que terminó con victoria por 2 a 1.

Con Leandro Paredes hay un antecedente que Jalife reconstruyó en la serie y que este Mundial volvió a poner en escena. En Qatar, Paredes perdió la titularidad y podría haber reaccionado con frustración. Sin embargo, cuando Argentina sale campeona, uno de los primeros abrazos que busca es el de Scaloni. “Dice que necesitaba agradecerle”, cuenta Jalife. “Eso es extraordinario porque muestra que la relación estaba construida sobre algo más profundo que la titularidad”.

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Ocho años después, en los cuartos de final contra Suiza, ese mismo vínculo volvió a quedar expuesto, esta vez en cámara: durante una pausa de hidratación se los vio a Scaloni y a Paredes debatiendo en pleno partido sobre cómo pararse ante los ataques suizos. Consultado por la escena, el entrenador la explicó como parte del método: “la interacción es normal porque el que está adentro de la cancha es el jugador, no el entrenador. Y él es el que ve la dificultad. Yo lo que puedo hacer es compartir mi perspectiva y debatirlo”. Y agregó que esas charlas no son una excepción sino una costumbre: “eso se vio en cámara pero se da siempre, en el vestuario también (…) ellos están abiertos para poder decir lo que quieran. Nosotros los escuchamos porque ellos son los que salen a jugar”.

Scaloni y Paredes debatiendo en pleno partido sobre cómo pararse ante los ataques suizos

El mismo mecanismo parece estar operando ahora con De Paul: Scaloni explicó su decisión no como una sanción sino como una lectura del partido, “hicimos lo que creíamos que el partido necesitaba”, aseguró el entrenador de la selección. Ese matiz, según la lógica que describe Jalife, es el que evita que un jugador relegado sienta que perdió algo más que un lugar en la cancha.

El caso más extremo de manejo de egos, sin embargo, sigue siendo Messi. Jalife lo señala como el gran desafío del ciclo: “había que bajar a Messi del pedestal sin bajar su importancia. Había que convertirlo nuevamente en compañero”. No se trataba de minimizar a la figura más grande del plantel, sino de reubicarla dentro de un grupo sin que eso implicara un techo para nadie más. Ese mismo criterio parece aplicarse ahora a cada jugador convocado a un rol distinto del habitual, desde Paredes hasta De Paul: nadie queda “bajado” de manera definitiva, todos son reubicados según lo que el equipo necesita en cada momento.

Scaloni y Messi tras la victoria ante Inglaterra

Parte de lo que permite sostener esa dinámica, para Jalife, es algo que rompe con la épica tradicional del entrenador argentino. “Crecí viendo a Menotti, a Bilardo, a Basile. El liderazgo en el fútbol estaba asociado a otra imagen de masculinidad. Era la épica del macho duro, del tipo que se imponía desde la fortaleza, desde la confrontación”, dice. Scaloni, en cambio, “es un hombre profundamente sensible. Llora, se conmueve, expresa emociones. Eso no lo vuelve más débil; al contrario, lo vuelve más humano y cercano”. Esa sensibilidad, lejos de restarle autoridad, es lo que le permite comunicar decisiones duras, como dejar afuera a un histórico en la previa de una semi final, sin que se perciban como un gesto de poder.

Si hay una síntesis de todo esto, Jalife la resume en una idea que atraviesa el documental entero: “potenciar a las personas para fortalecer al grupo y, desde ahí, construir rendimiento, pero con humildad. Él nunca se presenta como el dueño de la verdad; es un aprendiz permanente”. En un plantel de estrellas, domar los egos no pasa por aplastarlos, sino por convencer a cada uno de que su lugar en el proyecto no depende de estar siempre en el centro de la cancha.

​El técnico volvió a tomar una decisión fuerte en la previa de esta final: dejar en el banco a un histórico del ciclo sin que el vestuario se resienta  

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