Como sucedió con la ley de financiamiento universitario o temporalmente con el corazón de la reforma laboral, el Gobierno encontró en la Justicia un freno a iniciativas incluidas en el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU 70/23), oficializado cuando Javier Milei llevaba apenas diez días en el poder. En ese megadecreto, denominado por el Presidente como “Bases para la reconstrucción de la economía argentina”, se habilitó la creación de Sociedades Anónimas Deportivas (SAD). Sin embargo, la normativa se encuentra hoy suspendida a la espera de una definición de la Corte Suprema sobre su constitucionalidad tras el revés en instancias judiciales inferiores.
En plena fiebre mundialista, en por lo menos un despacho oficial se apila un borrador con 12 puntos para reimpulsar las SAD mediante un proyecto de ley, aunque se busca que esta vez se limite exclusivamente a los clubes de fútbol. Al nuevo bosquejo, que por ahora tiene destino de cajón, lo acercó el empresario Guillermo Tofoni, de aceitados nexos con la FIFA y el macrismo.
Tofoni estuvo recientemente en los Estados Unidos por el Mundial y fue testigo privilegiado del imponente show desplegado por la FIFA en el país de Trump. Aprovechó el contexto para participar de un foro organizado en Miami por el Instituto Interamericano para la Democracia, cuyo título fue “Fútbol, corrupción y justicia”. El empresario expuso allí ante periodistas y políticos su enfrentamiento judicial con las autoridades de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), a quienes acusa de haberlo estafado por haber interrumpido un supuesto contrato por la organización de los partidos del seleccionado que lidera Lionel Messi. El empresario apuntó directamente a Claudio “Chiqui” Tapia, quien, al igual que el histórico Julio Humberto Grondona, logró alinear casi de manera unánime a todos los presidentes de los clubes en una postura de resistencia frente al eventual avance de las SAD.
Tofoni se acercó a la gestión de La Libertad Avanza a partir de sus vínculos con Mauricio Macri, pero lo que verdaderamente allanó el camino fue una serie de columnas que el empresario escribió en 2023 en El Cronista Comercial y que fueron replicadas por Milei en sus redes sociales. Los títulos de dos de esos textos fueron “Dolarización y fútbol: tierra prometida” o “Se abrió el Mar Rojo y ahora hay que cruzarlo”, cuyo eje era aprovechar el boom por el Mundial ganado en Qatar 2022 para fortalecer el negocio del fútbol en el país. Es decir, Tofoni buscó por entonces sembrar en la opinión pública el debate sobre las SAD ante la posibilidad real de que Milei podía desbancar al peronismo de la Casa Rosada. “Las SAD darían garantías jurídicas y seguridad para los inversores. El fútbol es un negocio que podría generar ingresos al país de entre 3000 y 4000 millones de dólares. Es una suerte de Vaca Muerta”, dice convencido el empresario, titular de la firma Word Eleven.
La diputada nacional Juliana Santillán había sido habilitada por Milei para liderar la cruzada libertaria a favor de las SAD, según dijo Tofoni a LA NACION. Sin embargo, el proyecto de ley sobre las SAD en el fútbol todavía no se elaboró y no hay visos de que se vaya a cristalizar en el corto plazo. En el bloque libertario de Diputados, el tema está en los planes, pero no sería hoy una prioridad, según confiaron fuentes legislativas. Las prioridades son hoy la eliminación o suspensión de las elecciones primarias para 2027, reformar la carta orgánica del Banco Central y la ley de presupuesto para el año que viene.

El subsecretario de Deportes, Diógenes de Urquiza, se desentendió de la iniciativa. “De eso se encarga Daniel Scioli”, respondió, seco y tajante. Pero un asesor del subsecretario de Ambiente y Turismo también tomó distancia del asunto. Scioli, sin embargo, había sido uno de los primeros defensores de las SAD junto con Santillán y Federico Sturzenegger en una serie de encuentros que habían tenido con Tofoni y otros empresarios del fútbol entre 2024 y 2025. Scioli y Santillán habrían decidido correrse de la maniobra por las SAD tras haber apoyado al empresario estadounidense Foster Gillett, quien desembarcó con inversiones en los clubes argentinos y afronta denuncias por presuntas estafas de Estudiantes, River y Vélez. La apuesta libertaria por Foster no solo dejó mal parados a Santillán, Scioli y Sturzenegger, sino que agudizó el enfrentamiento entre la Casa Rosada y la AFA.
El reverdecer del debate por las SAD amenaza con romper la unidad nacional que se logró en las calles con la clasificación del seleccionado a la final del Mundial. No es casualidad que los jugadores, el técnico Lionel Scaloni, Tapia y hasta buena parte de los comunicadores deportivos hayan reforzado tras la victoria frente a Inglaterra la importancia del rol social y deportivo de los clubes como semillero de esos ídolos que jugarán mañana la final con España en Nueva Jersey. Es una discusión deportiva, pero también política. La pasión no se vende. ¿Surge un nuevo eslogan para la oposición a Milei?

Lo cierto es que en el Gobierno no estarían ahora decididos a impulsar las SAD en el corto plazo, a pesar de que para Milei fue un tema de “necesidad y urgencia”, según su primer megadecreto. En la Casa Rosada saben que no es el momento oportuno para rivalizar con Chiqui Tapia, según tres fuentes oficiales consultadas por LA NACION. “Veremos si el año que viene el Gobierno se anima a presentar un proyecto de ley para las SAD exclusivo para el fútbol. Es cuestión de tiempo”, no se resigna Tofoni, que conserva sus lazos con el oficialismo.
En sus últimas apariciones públicas, Tapia volvió a ponerse al frente de la resistencia contra las SAD. Es parte de su pulseada con el Gobierno, que lo denunció en la Justicia a él y a otros dirigentes de la AFA por presunta evasión impositiva de $19.000 millones. En esta causa, Tapia y Pablo Toviggino están procesados, aunque la verdadera preocupación, sobre todo la del tesorero, es saber qué pasará con el expediente que investiga si los dueños de una lujosa quinta de Pilar oficiaron de testaferros de la AFA. En ese expediente, que se volvió un insólito pasamanos judicial, intervinieron 13 magistrados en siete meses y no hubo aún ningún indagado. Estas dilaciones reactivaron las sospechas sobre los vínculos de la Justicia, entre ellos el del ministro Juan Bautista Mahiques, con las autoridades del fútbol.
A pesar de estar por primera vez amenazado por la justicia, Tapia calcula que el éxito del seleccionado le puede servir de atajo para salir indemne de los tribunales. Lo escenifica con publicaciones risueñas y desafiantes en redes sociales, pero también lo comenta seriamente entre familiares y dirigentes del fútbol y la política.
Su influencia cruzó las fronteras del deporte: sumó a jueces federales a organismos de la AFA y su nombre en el peronismo comenzó a ser barajado para una eventual candidatura a gobernador de Buenos Aires, según reconstruyó LA NACION de conversaciones de intendentes y sindicalistas. Su vínculo con Axel Kicillof es muy bueno y quedó en evidencia con la maniobra para mudar la sede de la AFA a la provincia para evitar una posible intervención de la Inspección General de Justicia.
Tapia nació en San Juan y eso le pesa: deslizaron en su entorno que si alguna vez decide jugar en política, tal vez lo haga allí. Sin embargo, otras fuentes de trato más cotidiano lo ven compitiendo en Buenos Aires, con el apoyo de los caciques del conurbano. A por lo menos 45 de ellos los conoce por su rol de presidente en la Coordinación Ecológica Área Metropolitana del Estado (Ceamse), el basural controlado más grande de Buenos Aires, una terminal más de su poder. Llegó a ese sillón de la mano de Hugo Moyano y Diego Santilli, cuando el hoy jefe de Gabinete de Milei era ministro porteño de Macri y negoció los contratos de recolección de basura en la Ciudad con el Sindicato de Camioneros.

Sin dudas, un hombre determinante en la vida de Tapia fue Moyano. Era delegado gremial de la rama de recolección de basura del Sindicato de Camioneros cuando conoció a Paola Moyano, una de las hijas del jefe sindical, con la que tuvo dos hijos y recorrió el mundo. Una vez que forjó su pareja, se incorporó al clan y escaló hasta secretario de Organización del gremio. Pero una pelea con Pablo Moyano, con quien hoy recompuso su vínculo, lo empujó a irse del sindicato. Fue así como recaló en el Ceamse, donde convive con intendentes del conurbano, el jefe de gobierno porteño y un sindicato propio de casi 1000 personas.
Sindicalista, yerno de Moyano, gestor deportivo, empleado público y privado y próspero empresario. Todo eso es Chiqui Tapia, un dirigente de un club de barrio que en 2022, tras la consagración en Qatar, se sintió más poderoso que el propio Gobierno. Compartirá mañana en Nueva Jersey el palco central con Donald Trump y el lunes regresará a Buenos Aires, tal vez con la guardia en alto y aire desafiante, como su último mensaje en redes: “Me secan la nuca”.
Los millones de dólares y el show del Mundial en el país de Trump entusiasman al Gobierno con reimpulsar su proyecto de Sociedades Anónimas Deportivas, pero no hay intención de confrontar ahora con Chiqui Tapia

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