
Llegamos a las semifinales. Al lugar donde todos quieren estar porque significa seguir dentro del Mundial hasta el último día. Y les puedo asegurar, porque me tocó vivirlo, que esa es una ilusión que acompaña al grupo desde el primer entrenamiento. Todos sueñan con llegar hasta el final.
Pero cuando finalmente llegás, descubrís que quedarse hasta el último día puede significar dos cosas muy distintas: jugar la final o disputar el partido por el tercer puesto. Y para una selección como Argentina no es lo mismo. El objetivo siempre es jugar por el título. Después, si lo ganás, es el éxtasis absoluto. Si no, queda una tristeza enorme, aunque el reconocimiento de la gente, como nos pasó a nosotros, con el tiempo también ayuda a poner las cosas en perspectiva.
Hay un factor que para mí será determinante en esta semifinal y que no afecta solamente a Argentina. Les pasa a todos: el cansancio.
Después de un mes de Mundial, con partidos cada tres o cuatro días y varios de 120 minutos, el desgaste físico y emocional es enorme. Ya no alcanza solamente con preparar el partido desde lo táctico. La recuperación empieza a ser una parte fundamental del juego. El equipo que logre llegar con menos lesionados, sobre todo si conserva a sus jugadores más importantes, tendrá una ventaja enorme.
Pero el cansancio también juega en la cabeza. Les puedo asegurar que los futbolistas argentinos ya empezaron a disputar esta semifinal mucho antes del pitazo inicial. Se preguntan si llegarán bien, si podrán aguantar 90 minutos o 120, si habrá penales, si les tocará patear. Eso no es inseguridad. Es ansiedad. Es el deseo de que todo salga bien cuando está en juego el partido más importante del torneo.
Y hay algo que me deja tranquilo. El corazón de esta Selección. Podemos ganar o perder, porque el fútbol siempre permite las dos posibilidades. Pero estos jugadores no van a fallar en la entrega. Van a dejar el alma y hasta el último milímetro de energía que les quede. De eso no tengo ninguna duda.
Ahora aparece Inglaterra, un rival de muchísimo nivel. Tiene futbolistas desequilibrantes y varias formas de lastimarte. Si Argentina no logra instalar su presión alta y recuperar rápido la pelota, puede sufrir. Sobre todo por los costados, donde Inglaterra genera muchas situaciones que terminan buscando a Harry Kane dentro del área. Y cuando la pelota llega ahí, ningún trabajo táctico garantiza neutralizar a un delantero de esa categoría.
También está Jude Bellingham, que viene siendo decisivo. Cuando Kane no aparece, él rompe desde atrás como volante lanzado y sorprende llegando al área. De hecho, creo que una de las grandes falencias defensivas que mostró Argentina aeste Mundial fue la dificultad para controlar esas apariciones de los mediocampistas. Muchos goles llegaron de esa manera.
Pero Inglaterra también tiene debilidades. Cuando sale a presionar, suele partirse demasiado. Quedan espacios muy claros entre los delanteros, los volantes y la defensa. Ahí Argentina puede hacer daño si tiene una buena tarde con la pelota y consigue encontrar esos huecos. También habrá que esperar cómo llega físicamente el equipo. Frente a Suiza vimos a varios jugadores terminar exhaustos. Scaloni seguramente evaluará hasta último momento si necesita hacer alguna modificación.
No creo en los partidos sencillos a esta altura del Mundial. Sería un error pensar que Argentina puede ganar siempre con comodidad. Las semifinales se definen por detalles, como ocurrió en Qatar y como viene sucediendo en esta Copa. Son los conceptos y las situaciones de juego los que terminan marcando la diferencia.
Por eso confío. Porque Argentina tiene fútbol para ganarle a Inglaterra. Pero, sobre todo, porque cuando el cansancio iguala las fuerzas y las piernas ya no responden igual, esta Selección siempre encuentra un plus que no aparece en ninguna planilla.
Y ese plus sigue siendo el corazón argentino.

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