LONDRES, enviado especial.- Hay dos escenas, dos competencias, durante el desarrollo del tercer Grand Slam de la temporada. Una ocurre dentro del All England Club. La otra se desarrolla en Wimbledon Village, el barrio ubicado a pocas cuadras del predio. Durante las dos semanas en las que Novak Djokovic, Aryna Sabalenka y Jannik Sinner se convierten en vecinos, sus calles, casas y comercios se integran a la mitología del césped con vidrieras intervenidas, banderas, flores, pelotas, raquetas y referencias directas al tenis.

La Wimbledon Village Tennis Windows Competition lleva 14 años de acción y organiza esa transformación. No es sólo una costumbre estética: es una competencia con reglas, jurados, votación popular, ceremonia de premiación y entradas para el torneo como premio principal. Para participar, las vidrieras deben tener temática de tenis y no pueden entrar en conflicto con los patrocinadores oficiales de Wimbledon. Se pueden usar pelotas Slazenger (la marca presente en todas las lonas de las canchas) o sin marca, y raquetas Babolat (otro de los principales patrocinadores) o antiguas de madera.

Los locales juegan también con frases ingeniosas

El All England Club aporta el 50% de los costos de la organización de la competencia y el resto queda en manos de la comunidad local. Los jueces califican cada propuesta sobre 20 puntos y evalúan creatividad, esfuerzo, impacto y relación con el tenis.

Para participar de la competencia, las vidrieras deben tener temática de tenis y no pueden entrar en conflicto con los patrocinadores oficiales de Wimbledon

En las calles del Village, la competencia se advierte en cada cuadra. El estudio jurídico Peacock & Co decoró sus ventanas con pavos reales que llevan raquetas antiguas como si fueran plumas. Una tienda de cocina armó una vidriera con ollas, sartenes, termos, espátulas, pelotas amarillas, frutillas y césped artificial. Organic Masters, un centro de bienestar, presentó una escena con productos saludables y un marcador que dice: “Estrés, 0; vos, 40”.

La variedad de rubros es parte del atractivo. Una peluquería diseñó una frutilla gigante con semillas amarillas y trenzas rojas. Una tienda para perros eligió el lema “Game, set, groom” y vistió a dos perros de topiario como tenistas. Una casa de pinturas usó la frase “Más tonos de verde que la Cancha Central”. Pizza Express decoró su local con pelotas y el mensaje “New balls please”. En un café, un cartel dedicado a Djokovic dice: “Game, set, Novak”.

Las raquetas de madera Slazenger, uno de los artículos tenísticos más recurrentes en las vidrieras

Algunos trabajos requieren una producción considerable. El estudio de arquitectura Holden Ford, que no tiene una vidriera tradicional, aprovechó un panel de vidrio junto a su puerta para celebrar sus 50 años en Wimbledon Village. Sus integrantes consiguieron 300 pelotas usadas, las cortaron por la mitad en la cocina de la oficina, las limpiaron, recortaron y pintaron, y luego pegaron las 600 mitades alrededor de su logo. Para completar el trabajo utilizaron 86 barras de pegamento.

La decoración comercial convive con la imagen habitual del barrio. Las casas y los locales tienen frentes cuidados, canteros y macetas con hortensias y petunias, muy presentes en esta época del año. También hay flores en puertas, ventanas y entradas. El verde, el violeta y el blanco aparecen en banderas, arreglos florales, carteles y objetos vinculados al torneo.

El ambiente del Village cambia a lo largo del día. Por la mañana se ven grupos de espectadores que caminan hacia el All England Club desde las estaciones Southfields o Wimbledon (las más cercanas), las paradas de colectivos o los cafés. Muchos llevan mochilas, sombreros, paraguas, entradas en el celular y ropa preparada para una jornada larga, que esta semana está dando una tregua de temperatura después de las semanas de ola de calor previas al torneo. Algunos se detienen a fotografiar las vidrieras antes de seguir camino hacia el predio.

El estudio jurídico Peacock & Co decoró sus ventanas con pavos reales que llevan raquetas antiguas como si fueran plumas

La decoración comercial convive con la imagen habitual del barrio. Las casas y los locales tienen frentes cuidados, canteros y macetas con hortensias y petunias, muy presentes en esta época del año.

El tránsito también forma parte de la postal cotidiana del barrio y puede dar envidia a los que acostumbran a andar por Buenos Aires. Los autos con volante a la derecha suelen ceder el paso a los peatones en las esquinas y cruces. Los double deckers rojos circulan por calles angostas, con poco margen entre veredas, autos estacionados y grupos de visitantes que avanzan hacia el club. Pero lo hacen con una suavidad que sorprende.

A la tarde, el Village suma otra actividad. Los pubs, cervecerías y restaurantes empiezan a llenarse. Hay fish and chips (un plato típico de la escena gastronómica británica), mesas en la vereda, carteles escritos a mano en pizarras que invitan al 2×1 y grupos que comentan los partidos del día. El five o’clock tea también aparece como parte de la rutina local, entre tazas, tortas y turistas que combinan la visita al barrio con la jornada en Wimbledon.

El concurso tiene su ceremonia de premiación en el pub Rose & Crown. También incluye una instancia en la que los comerciantes presentan sus vidrieras y una votación abierta al público

La caminata hacia el All England Club es parte de la experiencia del torneo. A medida que uno se acerca al predio, aumentan las banderas, las flores, los carteles y las filas de espectadores. Las vidrieras funcionan como una extensión urbana de Wimbledon y preparan el clima antes del ingreso a las canchas. Pero también hay espacio para los que protestan por la invasión de visitantes al barrio o por la compra que hizo el All England Club del campo de golf lindante, lo que supone mayor impacto para un barrio que goza de la tranquilidad casi todo el año, salvo en las semanas de competencia en la Catedral.

Un restaurante sobre la High Street Wimbledon

El concurso tiene su ceremonia de premiación en el pub Rose & Crown. También incluye una instancia en la que los comerciantes presentan sus vidrieras y una votación abierta al público. El año pasado, el sitio para elegir al local ganador recibió más de 10.500 visitantes únicos y más de 4000 votos en una semana.

Wimbledon Village funciona así como una antesala del torneo, otra tradición de las muchas que tiene el verde césped de la Catedral del tenis.

Más colores del barrio de Wimbledon

Un local de productos orgánicosLos senderos peatonales permiten cortar camino en las laberínticas calles de Wimbledon VillageEl estudio de arquitectura Holden Ford, que no tiene una vidriera tradicional, aprovechó un panel de vidrio junto a su puerta para celebrar sus 50 años en Wimbledon Village. Sus integrantes consiguieron 300 pelotas usadas, las cortaron por la mitad en la cocina de la oficina, las limpiaron, recortaron y pintaron, y luego pegaron las 600 mitades alrededor de su logo​A pocas cuadras de la Catedral, los comercios participan de una competencia de vidrieras temáticas; restaurantes, estudios jurídicos, peluquerías, inmobiliarias, centros de bienestar y tiendas de cocina decoran sus frentes con los objetos del tenis  

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