Un lienzo en blanco, un pincel, una paleta y una mano; se trata de eso. De imaginar la tradición recreándola a cada trazo. De reavivar la Patria. Porque la Patria es el paisaje de nuestros primeros años, allí donde se acurrucan los sueños más íntimos, la que volea la “pata” y se monta en pelo en nuestros primeros caballos. De esos, de los que tenemos grabado a fuego hasta el más nimio detalle de sus pelajes, el tipo de galope y la mirada de orgullo de nuestros padres al vernos niños, bien niños, a horcajadas sobre sus lomos.

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Un largo derrotero de artistas, los precedieron en la tarea, pincel en mano. Nombres que provienen de las profundidades del tiempo: Essex Vidal, Rugendas, Carlos Morel, Palliére, Carlos Pellegrini padre y Prilidiano Pueyrredón fueron algunos de los primeros. El oriental Blanes los sucedió y ya en este siglo hicieron su aparición Jorge Campos y Cupertino del Campo. A su vez, Florencio Molina Campos creó todo un caricaturesco estilo en los almanaques de “Alpargatas”. Lápiz en mano Eleodoro Marenco imaginó mil escenas e ilustró los viejos clásicos de la literatura de fronteras. Mientras que, en la historieta nacional, los dibujos de Enrique Rapela, Magallanes, Juan Arancio, Roume o el “chingolo” Casalla, fatigaron decenas de miles de viñetas con las aventuras de personajes inolvidables. Más actuales, pero no menos importantes por la belleza de sus coloridos trazos camperos, están los recientemente fallecidos Rodolfo Ramos, Julián Althabe y Gustavo Solari.

Todos y cada uno intentaron visualizar y dinamizar las escenas típicas del campo argentino y su evolución histórica. Su arte es una crónica en donde se plasman las raíces mismas de la tradición. En la actualidad, la obra de los primeros artistas resulta una fuente valiosísima para la investigación historiográfica porque fueron testigos directos de ese tiempo de encontronazos a pecho abierto, de cargas de caballería lanza en ristre, de periplos interminables bajo la huella mansa de las carretas, de malones enseñoreándose de cautivas y poblaciones, y de sed aplacada en antiguas “esquinas” mientras ronroneaba una guitarra surera.

Porque se trata de eso, de rescatar a golpe de colores las historias de nuestra tradición que se contaban en las materas de antaño, cuando era el tiempo de la escucha, ese que prefiere la penumbra tenue a la explosión salvaje de la luz. El del runrún embelesado de las palabras mezclándose con el bailoteo de las llamas impresas en el rostro del orador. Del paisano de antes que iba desglosando tan sólo con el eco de su voz, a veces ayudado de una guitarra de notas elementales, los criollos sucesos del pasado.

Y ahí está el pintor. Soplando esos antiguos rescoldos pincel en mano. Sintiendo en carne propia el palpitar de aquellos sones, y poniendo cuerpo y alma en cada trazo. Colmando los ojos de paisaje, retratando, el verde jugoso de los campos y el azul inabarcable de los cielos. Las tonalidades van cubriendo el lienzo, sombra tras sombra, línea tras línea; imprimiendo en este las diversas geografías de la Patria: Selva, salina, estero, desierto, valle, mar, llanura, montaña y río se delinean conformando los paisajes de la Argentina toda.

Título de la obra

El color humano lo pone el gaucho de hoy y de siempre, su “china”, sus perros y su rancho, y la recia figura del indio del ayer, envuelto en su poncho primoroso y acompañado de su soberbio montado. Todo palpita y late ya en el lienzo, si hasta parece que la silueta respira y huele, que parpadea al sentir el azote del viento sobre su cara, que escucha, cual un suspiro, el tañido de un cencerro lejano o que arranca al galopito, hacia la desmesura infinita del horizonte.

El cuadro ya está completo, la cita es en julio en San Isidro, en el Espacio Cultural Marín. El acontecimiento es muy importante, casi trascendental, porque nunca se reunieron tantas obras de valía y tantos artistas costumbristas bajo un mismo techo. Es muy probable que en el futuro se hable del relieve alcanzado por esta muestra porque en estos óleos se siente el palpitar de nuestra sangre. Nueve son los pintores, y que pasen nomás, porque es la Patria, la que los está esperando.

Arquéologo y escritor. La muestra Pinceladas de la Patria se realizará del 8 al 22 de este mes, en el Espacio Cultural Marín, Av. del Libertador 17.115, Beccar.

​Del 8 al 22 de este mes se realizará en Beccar una muestra de nueve artistas costumbristas  

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