Emana juventud, calidez, sabiduría y por sobre todo, paz. Baja y sube las escaleras de su departamento con jovialidad y posa para las fotos con sensualidad lúdica. Está atenta a cada detalle y ella misma, aprovechará las pausas entre foto y foto, para prepararnos un té con cosas ricas. Tiene más de 75 años de carrera y el 14 de septiembre cumplirá 92. En su partida de nacimiento figura como Edith Dolly Peruyera, pero tenía apenas 14 años cuando comenzó a trabajar y se convirtió en Fernanda Mistral. En teatro interpretó grandes personajes en obras como A puerta cerrada de Jean-Paul Sartre, Seis personajes en busca de autor de Pirandello y Las brujas de Salem, de Arthur Miller. Fue una de las musas en los años 60 del director de cine Manuel Antín y la televisión la hizo famosa con novelas como Pobre diabla, Los cien días de Ana, El Rafa y Muñeca brava. Fue amiga de Julio Cortázar y Raúl Alfonsín. Vivió muchos años en Madrid donde dio clases de teatro, se fue a visitar a su hija a la India y se instaló un tiempo en un ashram. En 2024 protagonizó el corto Para siempre es ahora, de la directora Karina Grinstein, en el que interpreta a una mujer que vuelve a enamorarse y recobra la pasión por el sexo. Por este trabajo recibió reconocimiento internacional y próximamente volverá a filmar, bajo la dirección de Ariel Winograd junto a Guillermo Francella, la adaptación local de la película británica Un funeral de locos.

–¿Cuándo iniciaste tu viaje espiritual en la India volviste a encontrarte a la verdadera Edith?

–No. Edith tiene que ver con un deseo de mis padres. En ese viaje me encontré con la cantidad de personajes de mi propia vida. Obviamente no soy la misma que era de niña, ni la mujer que fui a los 30, a los 60, ni a los 80. Tampoco la que la militaba, ni la socialista… Todos esos personajes que fui en mi vida te permiten descubrir quién soy. Yo soy un vacío, soy una esencia que está en un mundo para vivir, para amar, para sobre vivir. Te diría que en lo profundo (hace un silencio largo y profundo) no hay nada… Fui Edith y también ahora, a veces lo soy, cuando me encuentro con algún primo. Pero ahora soy el personaje que está siendo entrevistada y mañana cuando esté con mis nietas, seré la abuela.

–¿Cómo llegaste a vivir en un ashram de Pune (uno de los centros de meditación más famosos del mundo)?

–En 1981 mi hija Roxana se había ido a la India. Ya hacía un tiempo que no la veía, estaba en Nueva York con mi marido Carlos y fuimos a visitarla. Cuando llegué me encontré con un espacio que me hacía vibrar y ver las cosas diferentes. Podía no hablar con nadie, desaparecer, pero a la vez bailar y estar conectada. Ahí me inicié con el maestro Bhagwan (años más tarde conocido como Osho). Si bien no entendía muy bien lo que decía porque su inglés era muy cerrado cuando lo veía tenía una conexión con él, había un espacio interior en mi ser que sí se conectaba con él y me daba cuenta de que lo que yo veía en él era mi maestro interno. Me rebautizaron con el nombre de Nandito, que en sánscrito significa “la bendita”.

–¿Y qué descubriste?

–Nada concreto porque en realidad se trata de búsqueda. No hay que hallar nada, pero sí encontrás momentos de felicidad que nada tienen que ver con los logros materiales. Es un encuentro con una parte que no se puede reconocer en la vida material. Por eso cuando veo a un monje o a un buda hay una parte de mí que quedó abierta y me conecta con él. Yo eso que yo nunca fui devota de nada y de nadie… sólo de la libertad.

Cuando su hija Roxana se instaló en un ashram en la India, Fernanda fue a visitarla. Fascinada con el lugar se quedó un tiempo y se inició con el maestro Bhagwan (años más tarde conocido 
como Osho)

DE AMORES Y PÉRDIDAS

–En 2011, tu hija Viviana murió en un trágico accidente en San Martín de los Andes. ¿Cómo atravesaste el duelo?

–Ese duelo atravesó todo. El dolor fue tremendo. El camino espiritual te puede dar la certeza de la impermanencia, que no tenemos nada seguro. Te da una aceptación mayor. Pero las culpas aparecen igual, me cuestioné por qué yo no estaba ahí, con ella. La había visto en abril y murió en mayo. En ese momento yo estaba viviendo en Madrid y fue ahí cuando decidimos regresar con mi marido Carlos para estar cerca de mis nietos.

La muerte de su hija fue el dolor más grande que atravesó. Pero Fernanda sabe de otras pérdidas también. Es la menor de cinco hermanos (ella es la única que queda viva), se casó y enviudó tres veces. Con Jol Gutiérrez se casó en 1954. “Él era ingeniero civil y nos conocimos en el tren, los dos éramos de Don Bosco, Quilmes. Tuvimos dos mujeres, Viviana y Roxana. Seis años después nos separamos. ¨Después él murió en un accidente”. En 1961 conoció a Paul Rouger, actor y director de teatro. Estuvieron juntos doce años hasta que en 1973 le planteó que su militancia montonera era incompatible con su vida. “Le dije que así no podíamos seguir y se fue de casa. Pero seguíamos en contacto. Le di la posibilidad de que se fuera del país, la cosa se había puesto brava pero no me hizo caso y lo ‘levantaron’ del local de antigüedades que tenía en una galería de Callao y Santa Fe”. En 1974 conoció al empresario Carlos Gregorio Garay. Hace tres años, él murió de Covid.

Junto a Viviana y Roxana, las hijas que tuvo con su primer marido Jol Gutiérrez

–¿Los tres fueron grandes amores?

–Soy de relaciones largas. Yo creo que fueron lo que tenían que ser en el momento preciso. Fui mamá cuando tenía 20 y 22 años y lo fui más por mandato social que por instinto. La naturaleza fue sabia que me hizo un lindo fibroma y no pude volver a quedar embarazada. [Se ríe].

–¿Y cómo te llevás con el abuelazgo?

–Con mis cinco nietos siento un gran placer. Con la mayor Soledad de 51 años salimos mucho. Ella, Agustina, Florencia y Santiago son hijos de Viviana. Manuela tiene 28 y es hija de Roxana. Con ellos tengo un vínculo más libre, a mis hijas les pedí perdón por mi incapacidad para maternar, aunque soy naturalmente servidora, a mí no me cuesta nada servir, vos te sentís mal y a mí me sale atenderte. A mis amigos los invito al teatro, los llevo y los traigo porque aún manejo… Me sale fácil cuidar.

–¿Y a vos quien te cuida?

–Yo me cuido, pero mi hija Roxana y mi nieta mayor me cuidan mucho. Llaman todo el tiempo. Tengo amigos, aunque muchos ya están muertos. Soy muy pantalonera. [Se ríe]. Me sale mejor la amistad con los varones. El otro día me encontré en el homenaje por los 20 años de la muerte de Alberto Migre con Solita Silveyra, Marilina Ross, Nora Cárpena, Arturo Puig, ¡me encantó verlos! Cuando fui al teatro a ver a ver El Secreto con Ana María Picchio y Gerardo Romano fue hermoso. Con él trabajamos en La marca del deseo. Siempre digo que fue el hombre con el que mejor cama tuve. (Se ríe) Estuvimos tres días metidos en la cama filmando. Fue tan educado y generoso. A Ana la conozco desde que era muy chica. Su mamá era una gran cocinera y siempre me hacia pasteles.

 El día de su casamiento con su último marido, al empresario Carlos Gregorio Garay. El testigo fue su gran amigo Luis BrandoniJunto a Silvia “Goldy” Legrand en el film Campo arado, en 1959 En 2015 hizo la obra Despedida en París junto a Stella Matute. Fue su despedida de las tablas

–Hablando de cocina, no probaste nada del té que nos preparaste. ¿Siempre te cuidaste así?

–Yo no soy estricta con nada salvo con la medicación, mis vitaminas y preparados (hace medicina ortomolecular). Sí tengo mucho método. ¿Viste que recién me levanté y fui a la cocina mientras estábamos charlando? Fui a tomar una de mis vitaminas, me pongo alarma y lo hago en el acto. Evito las harinas porque me hinchan y no como carne porque cuando vi los cadáveres en India tienen el mismo olor al asado. Pero si estoy en un asado y me tiento con un chorizo, me lo como. Como verás, no soy nada definido. [Se ríe].

Fernanda posa junto a la mesa de, comedor. Detrás de ella, hay portarretratos con fotos de sus seres queridos y un altar con la foto de su hija Viviana, quien murió en 2011 en un trágico accidente en San Martín de los AndeS
Fernanda en el balcón de su departamento, rodeada de plantas

–Y la mente, ¿cómo la cuidás?

–Camino veinte cuadras por día, hago chi kung y hace muchos años que medito. También hago constelaciones y biodecodificación con mi hija. Soy buscadora, trato de ayudar y agradecer siempre. Hasta que murió Augusto Fernandes tomaba clases con él. Siempre estoy tratando de aprender y ejercito vivir en el ahora.

​Tiene más de 75 años de carrera y en su partida de nacimiento figura como Edith Dolly Peruyera  

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