Las intendencias de la provincia de Buenos Aires experimentan una caída pronunciada en sus recursos, producto de la disminución de sus ingresos por recaudación de tasas y por coparticipación provincial. El escenario, con reducciones que en algunos casos llegan al 30% de lo presupuestado para el funcionamiento anual, obliga a los intendentes de distritos del Gran Buenos Aires y del interior provincial a maniobrar con los fondos disponibles para no afectar pagos de salarios o prestaciones sociales.

Desde el municipio de Tigre, en la zona norte del conurbano bonaerense, describieron el período que va entre enero de 2025 y abril de 2026. “A pesar del incremento nominal del 27,6% en la recaudación total del primer cuatrimestre respecto del mismo período del año anterior, la inflación acumulada del período, 43,9%, erosiona esa variación, dando como resultado una caída real del 11,3%”, informaron a LA NACION desde el distrito que gobierna el peronista Julio Zamora.

Intendentes alineados con Kicillof, el 14 de abril, en Plaza de Mayo, al reclamar fondos nacionales

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La velocidad con la que se producen y reproducen acontecimientos en la Argentina permite pasar por alto situaciones significativas y, sobre todo olvidarlas o darlas por superadas demasiado rápido. Javier Milei y su gestión comprenden como pocos esa dinámica de la era de la instantaneidad y la simultaneidad. Y la explotan al máximo.

La contraindicación, como siempre, está en el abuso de esa receta. La acumulación deja huellas que, salvo que se produzcan mejoras estructurales, terminan dándole relevancia a las formas y convirtiéndolas en problemas de fondo. Eso es lo que está afectando al Gobierno, además de los problemas reales y los resultados concretos del programa económico, que genera una Argentina cada vez más heterogénea y desigual, con perspectivas de profundizarse en la disparidad.

Javier Milei en el cierre de ExpoEFI

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Combatidos por el Gobierno, los movimientos sociales admiten que perdieron militantes y capacidad de movilización durante la era de Javier Milei. No obstante, sostienen que su presencia en todo el país se mantiene y, en algunos casos, se arriesgan a vaticinar un crecimiento de sus filas al calor de las dificultades económicas que le endilgan al programa oficialista. Es la mirada que surge en las principales agrupaciones, como el Polo Obrero, el Movimiento Evita y la Corriente Clasista y Combativa (CCC).

En el Polo Obrero, se combinan la aceptación de una merma en su poder de movilización con una certeza sobre su crecimiento futuro. “Calculamos que podemos estar siendo alrededor de 15.000 a 17.000 compañeros. Fuimos muchos más. Todas las organizaciones sufrimos un retroceso, producto de la política criminalizadora, judicializadora y represora del gobierno de Milei”, afirma Eduardo Belliboni, líder del Polo Obrero, a LA NACION.

Un piquete en el ingreso al Puente Pueyrredón, el 7 de abril

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“Fueron 45 días de mentiras sistemáticas” y “la causa no tiene absolutamente ningún sustento”, fueron las últimas declaraciones que dejó Manuel Adorni, el viernes pasado, sobre el derrotero del expediente que lo tiene como investigado en los tribunales de Comodoro Py.

En las últimas semanas, sin embargo, la causa por presunto enriquecimiento ilícito avanzó a ritmo sostenido y la Justicia consolidó elementos que, sin despejar las dudas sobre su estilo de vida y patrimonio, motivó a los investigadores a profundizar la búsqueda de información.

Manuel Adorni, durante el informe de gestión en el Congreso

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CÓRDOBA.- La reforma electoral impulsada por el presidente Javier Milei es uno de los temas que integra la agenda de negociaciones entre la Casa Rosada y los gobernadores. La eliminación de las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) incluida en el proyecto genera rechazo en la mayoría de los aliados del oficialismo. Pero esta vez, en las conversaciones -además del listado habitual de obras y fondos- aparecen las candidaturas de cara a 2027.

Según pudo saber LA NACION, hay gobernadores que -como aspiran a la reelección en sus provincias- siguen de cerca qué candidatos pondrá La Libertad Avanza (LLA) para enfrentarlos o, llegado el caso, para no obstaculizarles la continuidad en el poder.

El ministro del Interior, Diego Santilli, uno de los encargados de las negociaciones con los gobernadores

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Un nuevo frente de tormenta reaviva las diferencias entre el gobierno de Javier Milei y la Iglesia. La piedra de la discordia es el proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada que el oficialismo envió al Senado y que las comisiones ya tienen en su plan de trabajo.

La iniciativa es defendida por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, y la Iglesia alzó su voz contra el proyecto, que modifica la ley de integración sociourbana, sancionada con amplio consenso en 2018, durante el gobierno de Mauricio Macri, y que le otorga un rol activo al Estado nacional en los procesos de regularización dominial y urbanización.

El arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Rossi, en el encuentro de la Mesa de Barrios Populares

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Dos certezas se cruzan en el futuro de Máximo Kirchner. La primera, que la economía no va a mejorar y que los próximos 18 meses no serán los mejores en décadas, sino una caída “empinada”. La segunda, que quien gane las próximas elecciones presidenciales deberá enfrentar un cronograma de pagos de deuda imposible sin una renegociación del acuerdo con el FMI. Aquel que se negó a convalidar durante el gobierno de Alberto Fernández y su madre, renunciando a la presidencia del bloque de diputados. Esa encrucijada parece haberlo forzado a romper viejos moldes. A hacer concesiones. Trae desafíos de difícil concreción, pero también oportunidades impensadas. Máximo Kirchner busca su reconstrucción.

Si las oportunidades del kirchnerismo se resintieron con la condena e inhabilitación de Cristina Kirchner, la victoria de La Libertad Avanza en las elecciones de octubre pasado parecían haberlas aniquilado. Pero la Argentina es generosa en regresos imposibles y surgimientos inesperados: los dos últimos presidentes son prueba de ello.

Máximo Kirchner en el Barrio Néstor Kirchner, en la localidad santafesina de Puerto General San Martín

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Una conjura de “imbéciles”, “corruptos”, “seres despreciables”, “psicópatas”, “zurdos resentidos”, “basuras inmundas” y “envidiosos” le niega a Javier Milei el reconocimiento de liderar el mejor gobierno de la historia. Tres horas y media de discursos dedicó el Presidente la última semana para hilvanar, entre insultos, autoelogios y estadísticas, un reproche de Estado a quienes expresan algún tipo de insatisfacción con los resultados de sus políticas.

Ya no niega el malestar social en alza que todas las encuestas de opinión registran desde el verano, pero lo redujo a “una sensación de frustración de los últimos seis meses” provocada por ataques especulativos que atribuye al kirchnerismo, algunos empresarios y el 95% de los periodistas. En privado argumenta que los poderes económicos relegados por el modelo actual persiguen un “mileísmo sin Milei” y que hacen lo imposible para que su plan se atasque. “No me voy a dejar psicopatear” es su versión del “no pasarán”. La acompaña de una desinhibición, inusual hasta para él.

Javier Milei le grita

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​El minuto a minuto de las decisiones del Presidente, las reacciones de la oposición y las declaraciones de los funcionarios  

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